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Florecieron los jacarandás y una sinfonía azul violácea tiñe la ciudad

Hay una gran cantidad de jacarandás, además de en la Avenida Lavalle, en zonas y espacios verdes como el parque urbano, la Plaza Mitre, la Plaza Italia, la Costanera y en distintas veredas de la ciudad.

Con cientos de ejemplares, los jacarandás florecidos hace de las calles y los espacios verdes de la ciudad el escenario natural de su espectáculo anual.
Más que una flor bonita, la geometría de sus copas, la arquitectura de sus ramas y la textura de sus hojas son parte también de nuestra identidad nacional.
Llegó diciembre y los jacarandás despliegan sus flores convirtiendo las calles, las plazas y los parques en el escenario natural de una sinfonía azul violácea.
La floración del jacarandá es un espectáculo natural que todos los años disfrutamos los vecinos de la Ciudad que recorremos , por ejemplo la avenida Lavalle donde ingresamos o salimos de Zárate.
La especie es originaria del Noroeste de Argentina y también se la encuentra en Bolivia, Brasil y Paraguay.
Su presencia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es obra del paisajista francés Carlos Thays, que, a fines del siglo XIX, incorporó al arbolado urbano especies de otras zonas del país. Gracias a su gran adaptabilidad, el jacarandá se adecuó a las condiciones del suelo y del clima de la Capital Federal, así pasó a formar parte del paisaje urbano porteño.
Inmortalizado en la canción de María Elena Walsh, es reconocido y admirado por grandes y chicos. Tal es así que en el 2015 fue declarado como árbol distintivo de la Ciudad Buenos Aires por la Legislatura porteña.
Hay pocos árboles tan bonitos como el jacarandá. La floración, que en la mayoría de los árboles pasa desapercibida, en el jacarandá es muy evidente. Esto se debe a una particularidad de la especie que consiste en la eclosión de sus flores antes del nacimiento de sus hojas.
Cuando ves al árbol florecido parece una bola compacta color lila porque todavía no tiene hojas, todavía no tiene verde. Recién cuando empiezan a caer sus flores, brota el verde. Si floreciera junto con las hojas se atenuaría ese gran impacto visual. Eso hace mágico al jacarandá.

Hay una gran cantidad de jacarandás, además de en la Avenida Lavalle, en zonas y espacios verdes como el parque urbano, la Plaza Mitre, la Plaza Italia, la Costanera y en distintas veredas de la ciudad.

Mucho más que una flor bonita

La imagen de calles o parques cubiertos por las flores de los jacarandas se inscribe en la memoria y pasa a formar parte del paisaje identitario del barrio.
El jacarandá es un árbol que tiene una fisonomía muy bella. La arquitectura de su ramaje va creando una especie de esfera en su canopia. Además, comparte con el resto de los árboles sus aportes a los servicios ambientales de la Ciudad. Por ejemplo, mejorar la calidad del aire que sus habitantes respiran, regular las temperaturas y asegurar la presencia de la naturaleza en el territorio urbano. El jacarandá posee un índice foliar interesante. El hecho de presentar una alta superficie foliar, o sea de hojas, hace que las especies tengan una mayor fotosíntesis, lo que aumenta la captura de carbono y la liberación de oxígeno. También, acrecienta la captación del particulado presente en el aire generando un ambiente más saludable, y genera una sombra de buena densidad provocando un acondicionamiento térmico muy agradable y contribuyendo a la disminución del consumo de energía. La presencia de este follaje, contribuye a mejorar la operación del sistema de alcantarillado durante las lluvias al efectuar la retención de las primeras gotas de lluvia y ralentizando la eventual saturación del sistema.
Hay una gran cantidad de jacarandás, además de la avenida mencionada, en zonas y espacios verdes como el parque urbano, la Plaza Mitre , la plaza Italia, la Costanera y en distintas veredas de la ciudad.