El robo de cables, se ha convertido en los últimos meses, en el delito más frecuente en nuestro distrito. Así lo señalan fuentes judiciales que mostraron su preocupación por el tema y que ha recibido varias denuncias de empresas de telefonía , televisión por cable, fibra óptica, que se ven afectadas por este delito que caudas graves perjuicios a la prestación de su servicio, además de las enorme pérdida en materiales.
No es un fenómeno local, por supuesto, sino que se repite en todo el país, los dos últimos hechos más graves por sus consecuencias de muertes, se dieron en la ciudad de Rosario donde cuatro jóvenes en distintas circunstancias fallecieron en lo que va del año intentando robar cables de alta o media tensión. Y sólo en esa ciudad hubo 95 detenidos.
Ya hay provincias que están endureciendo la legislación para frenar la escalada de casos.
Según se informa el kilo de cobre se paga entre 6.000 y 7.000 pesos en las metaleras. Para llegar al kilo de cobre, además de arriesgar su vida, se debe robar dos metros de ese cable de media tensión.
EL COMERCIO ILEGAL
¿Cómo sigue el tema una vez que el cable ha sido cortado y robado? .Se quema, así se derrite el plástico que lo recubre y quedan sólo los metales. Luego, en las metaleras o chatarreras, se acopian grandes cantidades que luego son reingresadas al mercado, ofrecidas a industrias que requieren el metal y que las pagan un precio algo menor al que el mercado legal establece. O , también siguiendo fuentes judiciales, habría todo un comercio ilegal que trasciende las fronteras del país, pasando hacia Paraguay y desde allí a Europa.
En algunas ciudades, como Buenos Aires o Rosario, las líneas de cables de electricidad de media y alta tensión están soterradas; en los conurbanos y demás zonas, como en Zárate, priman los postes de los que cuelgan distintos tipos de cables. Los de fibra óptica tienen poco cobre, apenas filamentos, pero los cables de electricidad de varios años tienen una mayor cantidad.
Para las empresas distribuidoras resulta caro el cobre, quien más gana es el reducidor: el que derrite y compacta el metal, una vez acopiado en las metaleras. Luego, sostiene, son las empresas que producen distintos tipos de cables las que compran este cobre contrabandeado.
Para una fuente de Transener, la principal empresa transportista de energía eléctrica del país, el negocio comienza en el mismo lugar: las metaleras: “Los que roban partes de los tendidos sólo se quedan migajas, mientras que la parte gruesa del negocio está desde el ‘reducidor’ hacia arriba”.
Sin embargo, los casos de muertos y detenidos por robo de cables no parecen haberse tratado de profesionales, de entendidos en el tema, sino más bien improvisados. Jóvenes y changarines, otros en situación de calle, que se lanzan ante un riesgo enorme, no sólo de electrocución, sino también de quemaduras o caídas. A pesar de que se relaciona al aumento de este tipo de delitos con el recrudecimiento de las crisis económicas, no sólo hay que relacionarlo con el hambre, sino también con la droga.
Entraña un alto riesgo, sí, pero se gana lo mismo robando algunos metros de cable y vendiendo su cobre o robando picaportes de bronce, codos y flexibles de agua y gas del mismo material, placas de bronce en cementerios que juntando cartón o latas de aluminio todo el día.
¿Cómo comprende la legislación actual a este tipo de delitos?. Como robo simple, con penas bajas que únicamente tienen su razón en el perjuicio de la empresa distribuidora y no, además, de los vecinos damnificados por el corte de tal o cual suministro.










