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Nucleoeléctrica inicia a contrarreloj un proceso industrial complejo

Central NuclearAtucha I en Lima.

Atucha I cumple 50 años y debe actualizarse. Si hay algo vertiginoso en el rubro de la energía nuclear es la incorporación de tecnología y herramientas que hoy esta central no tiene. Muchos ingenieros bajan al llano su lenguaje y lo asocian como si fuesen simples mecánicos de automóviles a un Ford Falcon. Entre ellos, comentan que Atucha I ha sido tan noble como un Falcon, como un Taunus, respecto a que en su vida no ha generado grandes inconvenientes como sí lo ha hecho su “hermana”, Atucha II en su corta vida.
Pero extender la vida de una planta tan antigua, bajo la perspectiva de la ingeniería nuclear, no es fácil. Sino que es muy complejo. Y estará parada 30 meses; un plazo en el cual se resentirá la generación de energía en el país. Cualquier atraso será millonario y no será nada fácil su proceso industrial.
Cabe señalar que si bien es la primera central argentina, y de latinoamérica, desde la empresa operadora, Nucleoeléctrica Argentina (NASA) aseguraron que todos sus sistemas de seguridad fueron actualizados con el correr del tiempo y cumple con las exigencias locales e internacionales.
A la par de su operación, desde el año 2008 a la fecha, Nucleoeléctrica Argentina (NASA) se encuentra ejecutando el “Proyecto de Extensión de Vida de Atucha I”, cuya finalización permitirá extender su operación por 24 años adicionales a plena potencia, estiman hasta el 2046 con sus actuales 350 MW de potencia instalada.
“Atucha I tiene que parar en 2024 y se ha iniciado el proyecto de extensión de vida ya, porque hay que empezar a fabricar lo que hay que reemplazar. Y ese proceso acaba de comenzar con la designación de la gerencia de proyecto”, expresó José Luís Antúnez, ex presidente de NASA.
Pero con la asunción del gobierno de Milei, y la suspensión de fondos destinados al Plan Nuclear nacional, todo ingresó en un mar de incertidumbre.
Lo concreto es que Atucha I, a más tardar, el lunes 30 de septiembre debe apagarse, con fondos asegurados o no.
Por lo tanto, se inicia un complejo proceso a contrarreloj desde lo financiero y desde lo técnico para llegar a esa fecha de manera holgada. “Estamos haciendo revisiones y charlando con la Agencia Regulatoria Nuclear para consensuar un cronograma de obras que aún no está definido”, aseguró el actual titular de NASA, Luis Fasanella.
De esta manera, es la primera vez que la empresa operadora de las centrales nucleares habla del tema y expone que, por el momento, no está definido el esquema técnico y de inversiones.
PARTE DE LOS FONDOS ESTARIAN ASEGURADOS
El gerente general de Nucleoeléctrica Argentina, Fernando Monserrat, confirmó meses atrás el financiamiento de las obras de extensión de vida de Atucha I se encuentran asegurados a través de un “Fideicomiso Financiero Solidario de Infraestructura Pública NASA IV”.
Según precisaron, el fideicomiso está respaldado por el contrato de remuneración que la firma tiene con la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa), por la venta de energía generada. «Representa para quienes tengan interés la posibilidad de invertir en un proyecto de infraestructura estratégico para el país», señalaron desde la empresa en un comunicado.
Se trata de la cuarta vez que la empresa instrumenta elementos financieros de este tipo, tras las exitosas experiencias de los fideicomisos realizados para la finalización de Atucha II y extensión de vida útil de Embalse.

Central Nuclear Atucha I en Lima.

El proyecto

Se trata de un proceso continuo, que ha iniciado su marcha en el año 2008 con obras menores y relacionadas a la modernización de varios de sus componentes periféricos. De ahí que muchas paradas se hacen para ir modernizando progresivamente el equipamiento; por ejemplo, para incorporar equipos diésel de emergencia nuevos en reemplazo de aquel de 40 años atrás.
Según lo acordado con la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), Nucleoeléctrica se comprometió a abordar la operación a largo plazo de Atucha I mediante un plan de acciones graduales.
Una de las obras ya finalizadas es la construcción del edificio para el Almacenamiento en Seco de los Elementos Combustibles Quemados (ASECQ); un proyecto clave para la extensión de vida de Atucha I.
La reconfiguración de la Unidad de Gestión de Proyectos Nucleares tendrá como objetivo abarcar la extensión de la vida de Atucha I, con la construcción de dos piletas de almacenamiento en seco para elementos combustibles (ASECQ). Una ya está construida y ahora resta un segundo edificio.
Esta será una de las obras que deberá encarar el personal de la Uocra, la construcción de ASCEQ 2; además de dos edificios donde se ubicarán los simuladores de operación; uno para Atucha I y otro para la II; aparte de otras obras complementarias.
En las centrales nucleares la fuente primaria de energía surge de la fisión de núcleos de átomos de uranio que tiene lugar en el reactor nuclear. Por este motivo, este tipo de instalaciones utilizan uranio como combustible, mineral abundante en la naturaleza. Una vez que los combustibles alcanzan el grado máximo de uso, se los extrae del núcleo del reactor y se los deposita en piletas bajo agua de alta pureza que actúa como blindaje de la radiación.
Luego de cierto tiempo de enfriamiento y decaimiento radiactivo estos elementos pueden ser transferidos a un sistema de almacenamiento en seco interino en contenedores, que a su vez son depositados en estructuras de hormigón.
De acuerdo a la demanda energética actual y futura, se requiere aumentar la capacidad de almacenamiento de elementos combustibles gastados, y en este sentido el almacenamiento en seco temporal es una tecnología ampliamente usada en varios países. España y Francia, por ejemplo, ya diseñaron sistemas de almacenamiento en seco similares al esquema típico.
Se trata de una obra de entre 30 y 36 meses y que empleará a 2500 trabajadores en el “pico máximo” de la obra.

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