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Nocturnidad violenta y peleas entre vecinos

El homicidio de Franco Russo vuelve a conmocionar a la sociedad y particularmente a los zarateños.

El homicidio de Franco Russo es un hecho extremo, irracional, doloroso para la ciudad pero que sólo es la evidencia de una violencia social subterránea, caudalosa, que desborda los fines de semana cuando se frena el ritmo industrial y laboral. Un río de ira que desborda ante cualquier situación de tránsito, accidente o conflicto vecinal.
La intención de amenazar a alguien por un “toque” como producto de un accidente de tránsito, de pelearse a la salida de un boliche hasta dejarlo inconsciente o el hecho de portar armas, lleva todo a un grado de locura que alimenta la sensación de inseguridad; la sensación de una madre cuando su hijo sale al boliche de que si va a llegar vivo o no, ya sea producto de un robo o de una pelea.
Así se vive en Zárate. Y así reacciona la Comuna, comprando chalecos antibalas para los agentes municipales porque los robos también escalan en violencia. Por más que le entregues un celular o una billetera, la víctima no es libre de que puedan “gatillarle”.
La reacción de la Comuna es comprar chalecos antibalas sabiendo de que los agentes municipales están en situaciones límites, en donde existe la posibilidad de que un delincuente les gatille o quedar en medio de un conflicto armado entre vecinos.
Médicos de las guardias de los hospitales no quieren trabajar más porque han sucedido varios casos en donde viene un padre o el familiar de un menor y les dice, “si no me salvas al pibe, te quemo”. Mientras le muestran una pistola en la cintura. Esto sucede en Zárate, no en La Matanza u otra localidad del Conurbano que los vecinos miran por TN.
La reacción de la Comuna fue incentivar con más dinero a los médicos de guardia pediátricos, ya que la ciudad no cuenta con ese servicio. Pero qué plata puede garantizar que estos hechos no sucedan. Cuántas cámaras de seguridad podrán prevenirlos o agentes, o policías.
La nocturnidad es otro tema urgente, el cual la Comuna también reaccionó no autorizando a fiestas de fin de año que no brindaban, en los papeles, garantías de seguridad. Poniendo controles de agentes en las salidas de los boliches pero las peleas ocurren igual. Como la del 20 de julio en un club ribereño donde un grupo de adolescentes casi mata a golpes a un joven.
La economía aprieta, el trabajo presiona y la escuela exige. Los vínculos se hacen más efímeros, las pantallas alumbran la casa y el rol familiar se ve desdibujado.
En este río de ira compuesto de presiones sociales, de mandatos familiares y de exigencias aparece la droga, los abusos, los excesos, el hastío, la ansiedad y la insalubridad mental.
Qué rol cumple el Estado hasta el momento en esta materia; ninguno. La órbita nacional acomoda las cuentas de la macroeconomía, el provincial trata de sostener programas sociales y el local está focalizado en reparar las calles y todos los servicios como contraprestación de lo que pagan los ciudadanos. Todo parece estar en su lugar, pero nada lo está.