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Crimen de Franco Russo: peritarán los celulares de la víctima y de los Pereyra

La marcha en reclamo de justicia del día sábado frente al comercio de la víctima.

La Fiscalía avanza sin pausa en la causa por el homicidio de Franco Russo y se dispondrá esta semana a “abrir” los celulares de la víctima y de los acusados para determinar, en principio, la relación conflictiva que mantenían, si hubo o no premeditación y las horas posteriores al homicidio, cuando “Toti” decide entregarse y a su hijo lo encuentran a la mañana del día posterior en una casa de barrio Saavedra.
Se trata de un caso conmovedor para la sociedad local que grafica la creciente violencia social que existe en la ciudad.
El sábado pasado, familiares, amigos y vecinos del barrio se concentraron en las puertas del negocio atendido por Russo, ubicado en calle Belgrano al 1400, donde ocurrió el trágico hecho, para pedir justicia por el joven. Se acercaron alrededor de 150 personas y Andrea Russo, hermana de la víctima, agradeció a los presentes y reclamó justicia por su hermano.
Andrea ya dio su testimonio en la fiscalía, exponiendo la situación de los Pereyra como vecinos de Russo y la tensa relación que mantenían. No obstante luego del análisis de los celulares, la fiscal del caso Andrea Palacios seguirá tomando testimonios a otros testigos para reconstruir la serie de episodios que terminaron con una pelea y la muerte de Franco Russo.
En cuanto a su cobertura periodística, los medios nacionales ya pasaron al tema de violencia de género de Alberto Fernández, a otras noticias de diferente índole y el pedido de justicia de los familiares no sólo tiene que ver con el rol de la fiscal, que se ha mantenido criteriosa y firme en su investigación sino también con el papel de los medios de comunicación locales.
Siempre ocurrió y seguirá ocurriendo, a la semana de un hecho conmocionante para una ciudad, los móviles de televisión se retiran y pese a las posteriores llamadas no se ocupan del caso. Y ahí es donde está el rol de los medios de comunicación locales como entidades democráticas dispuestas a mantener los avances de un caso como éste en la agenda pública, cumpliendo su rol de comunicadores sociales.

La marcha en reclamo de justicia del día sábado frente al comercio de la víctima.

El homicidio

Franco Russo, de 28 años, vivía con su mamá y con su hermana Andrea. Tenía un local de venta y reparación de maquinarias para jardinería y construcción en Belgrano al 1400.
A una cuadra de su negocio vivía su novia, Agustina, vecina de los Pereyra en un edificio de departamentos. Ella, al igual que los vecinos, se habían quejado en varias oportunidades por los ruidos molestos, la música fuerte y los disturbios por la noche que provenían de la casa de Julián Pereyra.
Ese sábado 3 de agosto no fue la excepción: la novia de Russo fue a reclamarle que bajara el volumen y tuvieron una discusión durante las primeras horas del día. Julián llamó a su padre y Agustina se lo encontró en la puerta del edificio a Miguel Pereyra, le recriminó que su hijo nuevamente había estado con música fuerte toda la madrugada y no habían podido descansar. Discutieron y Pereyra enfureció.
Luego, la joven le contó a su novio lo que había ocurrido y Russo decidió enfrentarlos. No se conoce aún si hubo amenazas o qué sucedió para que Russo se altere y comience a buscar a los Pereyra para pelearlos. Finalmente Russo esperó hasta que regresaron, padre e hijo, y se los encontró frente a su negocio.
En el video de una cámara de seguridad, la cual aún no fue verificada por la justicia, se observa que ni estacionaron el Volkswagen Golf blanco, Russo arremetió contra los Pereyra. Primero bajó Miguel Ángel que recibió los primeros golpes y cayó al piso. Después se ve que Julián interviene y Miguel Angel saca una pistola que llevaba en su cintura y dispara a quemarropa contra Russo. Luego ambos huyen.
Miguel Angel Pereyra fue detenido y acusado de homicidio agravado por el crimen de Franco Russo. Para los investigadores, los Pereyra sabían que Russo los estaba buscando y por eso Miguel Ángel estaba armado.
Otra cosa concreta es que hubo cuatro disparos de arma de fuego, ya que también se incautó la pistola cuando Pereyra se entregó. En medio del forcejeo de los cuatro disparos, tres impactaron en el cuerpo de Russo, quien murió a los pocos minutos en el lugar.
Según el resultado de la autopsia, Franco Russo recibió tres disparos: uno en el hombro izquierdo, otro en la axila y un tercero en el pecho, del lado derecho. Luego del crimen, el padre se entregó y al hijo lo hallaron en una vivienda abandonada de barrio Saavedra y en el fondo se encontraba el auto Golf blanco.