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La ruta de nadie

Foto 1: Autopista Panamericana a la altura del kilómetro 64 en adelante.

LA VOZ tuvo conocimiento de por lo menos dos hechos de violentos robos, de los que fueron víctimas sendas familias, una de Zárate y otra de Lima, en horas de la noche del sábado, en la Ruta Nacional Nro. 9, a la altura del Barrio Las Praderas.
La mecánica es tan precaria como efectiva. Y no hay autoridad que le quiera o pueda poner freno. Ni la Justicia Federal, que seguramente se escudará en que aunque se trate de una ruta nacional es un delito de otro orden y trabajará profusamente en fundar su incompetencia funcional; ni la provincial; ni patrulleros de Gendarmería ni de Prefectura cuyos móviles están prontamente alistados en los peajes, donde se desconoce qué riesgo procuran evitar ahí. Lo cierto es que nadie se hace cargo de brindar no ya seguridad, sino al menos apoyo a quienes eventualmente resultan despojados de sus bienes y con riesgo de su propia vida.
Los delincuentes actúan con mejor expertise que quienes deben cuidarnos. Saben de la desidia de las autoridades y tiran -con total impunidad- objetos contundentes en el medio de la traza de la ruta, a la caza de automovilistas que para evitar males mayores y de tener que maniobrar a velocidad a otro carril, pasan por encima las piedras, vigas o bloques de cemento y cuando el auto se detiene por las roturas de las cubiertas, las familias son víctimas de un atraco. Cayeron como chorlitos.
En el mejor de los casos, sólo roban teléfonos, carteras y dinero. Pero pueden repetirse tragedias, como las que ya hemos sabido que tuvieron lugar. Métodos de la Edad Media, en pleno siglo 21.
Todo esto es conocido por todos e ignorado por quienes nos deben cuidar. Y si lo sabe el ciudadano común, también cualquier autoridad.
Pero todos hacen la vista gorda. Por comodidad, en el mejor de los casos. Para evitar escribir una nota, un correo electrónico. Para evitar trabajar. Para incumplir con sus deberes. Pero lo cierto es que ante esa terrible omisión de quienes deben hacerlo, desde estas páginas se insta a las autoridades nacionales que correspondan, al Ministerio de Transporte o de Seguridad, a que tomen cartas en el asunto y dispongan de fuerzas federales para el cuidado de los ciudadanos que circulan en la Ruta Nacional Nº 9, entre los partidos de Zárate y Campana.
O que se pongan signos en la ruta como los que indican los riesgos de niebla o carteles como los que marcan la velocidad máxima, o animales sueltos, indicando la presencia eventual de ladrones de caminos.
Y si no pueden hacerlo, porque “no hay plata” se informe en las casillas -donde a pesar de todo, se sigue cobrando el peaje- los riesgos que corre el automovilista que circula en esa zona en horas de la noche.