En la Ciudad Viaducto cortado, barrios aislados. Cercos caídos en Campana.
Rutas nacionales como la 8 y la 9, y provinciales como la 6, cortadas por anegamiento de los arroyos y agua en la traza principal y por accidentes. La inexistente gestión nacional y el desinterés en inversión vial, se exhibe ostensiblemente ante estas inclemencias. Como en “El Eternauta” pidieron a la gente no salir de sus casas por la tormenta.
Barrios enteros aislados, calles anegadas, el viaducto cerrado, eventos suspendidos y cortes de luz en un amplio sector de la zona rural y en otros barrios de la ciudad, el SIT con desvíos obligatorios por la intransitabilidad de muchas calles y un reclamo incesante por obras en curso, como la calle Sarmiento en Villa Massoni, que resultan más un problema que una solución porque los carteles se los llevó el agua y porque el barro se esparció por todo el asfalto.
Esta postal se replicó en todas las ciudades. Desde Zárate, Campana, Exaltación de la Cruz y San Antonio de Areco, los problemas del sistema eléctrico, de los sistemas de desagües y de la precaria infraestructura, se hicieron visibles. Basta una lluvia para que todo sea un caos. No hace falta una nevada como en “El Eternauta”, sólo una lluvia de varios milímetros para que todo colapse, para que todo se torne apocalíptico.
Alrededor de las 14 horas de ayer, el municipio de Zárate salió a informar que hubo 121 milímetros de agua acumulados en menos de dos horas y pidió a la población que nadie salga de sus casas a no ser en casos de extrema necesidad.
La lluvia fue intensa, sí; pero otra vez no hubo prevención pese a las alertas tempranas de la Red Barómetro. Recién a las 12:35 se activó el comité de emergencia en Zárate y Lima, al mismo tiempo que los alertas cuando estaba pronosticado un temporal de estas magnitudes.
Pero el problema no es el agua, sino los desagües que se tapan, las bocas de tormenta que saltan, los pozos en las calles que originan caídas de motociclistas o rompen una llanta de un auto. Los conductores que pasan a toda velocidad generando el ingreso de agua a las viviendas, una Defensa Civil que no da abasto para cortar avenidas o calles y así impedir el paso de coches y las correspondientes olas.
La falta de zanjeo en barrio Bosch, los cables caídos sobre las veredas, la basura que nada como barquitos de papel por el cordón ante la falta de políticas públicas de cercanía que promuevan la separación en origen de los vecinos, las innumerables calles de tierra y barrios aislados por el agua precipitada pero también porque este tipo de inclemencias dejan al desnudo la falta de obras y políticas públicas tendientes a mejorar los barrios en días como estos. Además, clases de escuela suspendidas porque se llueve más adentro que afuera y un sinfín de precariedades con las que lidian los zarateños y limeños.
El municipio pidió no salir a las calles, la gente sabe que no debe salir porque circular a pie, en moto, en auto o en bici literalmente es no volver con todo sano a raíz de los baches. Y el gran porcentaje de los vecinos no necesita que el municipio le pida no salir a la calle porque ya no pueden salir, tapados de barro e indignados de tanta precariedad.
Esta recomendación se replicó en las Ciudades vecinas y hasta fue difícil comunicarse entre ellas. Las rutas nacionales 9 y 8 tuvieron dificultades para atravesar zonas en las que el agua de los arroyos subió a la traza principal. Las ruta 193 que lleva de Zárate a Solis, era una pileta por la que circulaban por donde se le ocurría a los camiones que tiraban un abanico de agua a los autos que circulaban por el carril contrario. Nadie baja la velocidad, ni aun con la calzada inundada. Y el gobierno nacional ocupado en la campaña mira quien
sabe para que lado. No se entiende que la falta de inversión se paga con vidas.










