Un detallado operativo de limpieza general que desarrolló el Municipio campanense, desplegó desde las 6 del martes, a gran cantidad de equipo. pesado, liviano, auxiliar y colaborativo, en el reordenamiento y desobstrucción de los barrios San Cayetano y vecindades aledañas, sectores brutalmente castigados por el fenómeno de tiempo severo de viernes y sábado, que azotó con extrema crueldad a ese distrito y a otras regiones del norte bonaerense.
La Voz comprobó en el territorio, el incesante pasaje de toda clase de rodados: públicos, de empresas locales, de fuerzas federales y provinciales, con órdenes de servicio que llegaron hasta las últimas calles de la zona de desastre, acompañados de agentes de distintos roles en la aplicación laboral.
En la misma escena, una cuadrilla de Trenes Argentinos trabajaba, con cuentra atrás, en la readecuación de la traza ferroviaria -impactada a igual escala por el fenómeno-, imperiosa en la comunicación férrea de la zona con el AMBA, la larga distancia, la carga logística y el promocionado arribo de una formación solidaria.
Voluntariado espontáneo
La organizacion humanitaria Cruz Roja Argentina, perteneciente a Campana y a otros municipios linderos, montó una base de acompañamiento y contención social, tras la catástrofe colectiva, que guió a los habitantes en articulación directa con el papel sanitario y social de la Intendencia.
Sin embargo un “estímulo”, solidario, espontáneo y piadoso de personas “no conocidas entre sî”, se diseminó en los laterales de la calle Bidegain y proveyó con alimentación, enseres, medicamentos y vestimentas, a parte de los más desprotegidos.
Esas personas definidas como “seres anónimos” dijeron a este matutino que sintieron el llamado vocacional de servir al prójimo y “sin pestanear” se autoconvocaron el viernes, provenientes de diversos barrios, en las cercanías de Siderca, el Centro Industrial Roca, Además reflejaron los roles activos y bien demostrativos de jóvenes, tan criticados por vivir una posible etapa “de cristal”, que colaboraron, rescataron y se esforzaron por el “otro”, sin pedir nada a cambio.
El principismo solidario también fue observado por este diario, pegado a las vías, cuando cocineras empeñadas y servidoras bien intencionadas de Tigre, con amistades en Campana, “dejaron todo”, consiguieron donaciones y se lanzaron a la aventura del Bien Común. De hecho, mientras se elaboraba esta crónica, numerosas personas se detenían en el sitio para almorzar una abundante y bien caliente porción de guiso de campaña. La contracara: el dolor de los residentes originarios, que lo perdieron todo, que todavía no hacen pie en la pos subsistencia del clima y que no tienen destino asegurado que los cobije.










