Cada idea la fagocitó, la regurgitó y esperó que sus jugos gástricos hicieran su trabajo. Alojó todo en las vísceras, en sus vísceras, el lugar donde nace el fuego de la vanguardia y la necesidad de ampliar los límites establecidos por otras vísceras. Luego pasó por sus tripas esas ideas y así encontraron un camino claro, en el que el arte zarateño hoy necesita de alguien como Calgaro. Que rompa con las estructuras y los trazos que otro dibujó.
En la tormenta de diciembre del 2023, cayeron dos paraísos del frente del Almacén Cultural de Zárate. Calgaro agarró uno, se lo llevó a su casa- taller y, en la misma vereda, lo talló con una motosierra, caladoras y gubias para transformarlo en un trabajo práctico de la Escuela de Arte de Campana, donde está terminando de cursar. Un tronco podrido, caído y transformado en un estorbo; hoy es la escultura de una mujer que hipnotiza a todos en la escuela de arte de Campana.
Nadie presentó un tronco de dos metros y medio, que él mismo se encargó de llevar en un flete de Zárate a Campana, para un final de una materia de un terciario. Una locura. Pero Calgaro tiene un secreto. No puede parar su mente, no puede parar de dibujar, de pensar. Agarra la lapicera y canaliza lo que el dios “Corpo”, que él mismo creó, le “baja” como idea. Lo transforma en obras de arte, en dibujos y esculturas.
Es escritor, músico, diseñador gráfico, escultor, ilustrador, tatuador, carpintero, muralista y, sobre todo, artista. Un artista que, como él mismo dice, le pone el cuerpo a la obra. “Todo surge del dibujo; de la pintura, yo le pongo el cuerpo, mi cansancio, mis emociones, mis alegrías, lo que me va dejando la interacción con la gente con la que me relaciono; con todo”, expresó Pablo Calgaro. O simplemente; “Calgaro”, tal como firma sus obras.
“El pasaje de las miradas”, compuesto de aquel tronco que rescató; y de otras esculturas talladas fue parte de una muestra en la escuela de arte de Campana. Luego, participa de ferias con sus grabados, vendiendo réplicas de sus obras y se dedica al arte a tiempo completo.
De chico se armaba sus propios juguetes, con tapitas, tazas. Siempre estuvo el modelado, el arte en 2D y 3D. Durante toda su vida hizo talleres de todo. Es profesor de salsa y otros estilos de baile. Es estudioso del arte andino, de sus dibujos y su cosmogonía, le imprime a su banda de cumbia psicodélica, Asamblea del Ritmo, la profundidad del concepto del arte andino y sus tramas y colores. Tomando a la cosmogonía andina, ideó una mitología local, de dioses del arte, de musas. Así nació “Corpo”, su dios. Su alter ego.
Su arte parece fragmentario al ser una persona polimata; o por su forma de crear en la que muchas veces deja una obra “abandonada” por dos años y luego, un cierto día, las continúa y les “encuentra la vuelta”.
Su obsesión son los cuerpos, las caras, las manos, los detalles del misterioso cuerpo humano. No trata de dominar las disciplinas sino que las disciplinas lo trasciendan.
Pudo renunciar a su trabajo en fábrica para emprender su sueño, inaugurar formalmente su “casa-taller”.
EL SUEÑO DE LA CASA-TALLER
El arte es su terapia, su arma y su canal de expresión. Es un niño, juega, va y viene. No se puede quedar quieto mientras tenga una lapicera o un pincel en su mano. Dibuja, crea y moldea en su casa, escuchando música, con sus hijos “colgados”, pintando con él en la mesa y siempre sonriendo, disfrutando de lo que hace. Esconde cosas dentro de sus obras, grafismos, partes que remiten a otras obras. Deja partes sin pulir, manchas de pintura que significan algo. Lleva un plano a otros planos.
Su sueño se está por cumplir ahora, este mes. Inauguró formalmente su casa-taller, transformó su casa en un estudio, con atriles, acrílicos, hojas y maderas para esculpir.
Su casa es un espacio vivo, experimental y transformador. “Habitar desde el arte nuestra cotidianeidad propone vivir el día a día con una mirada creativa, sensible y reflexiva, habiendo del arte una forma de estar presentes, de expresar lo que sentimos y de transformar lo cotidiano en una experiencia estética y significativa”, remarcó Calgaro.
Comenzará con grupos reducidos y cupos limitados, donde propondrá un desarrollo anual de proyectos individuales y colectivos.
El arte zarateño hoy necesita de alguien como Calgaro. Que se cague en todo y que comience a interpelarnos a todos desde las visceras de una sociedad fermentada por los algoritmos y las redes.
“Volver a los cuerpos, a las tramas, al dibujo y al arte total”, propone.
Todas las personas interesadas podrán contactarse al 3487-660915 o por Instagram; @pablocalgaro.











