La falta de consenso sobre la sucesión en el partido, la presión interna sobre Axel Kicillof y el papel expectante de Cristina Fernández configuran un escenario de máxima incertidumbre de cara al 8 de febrero, cuando deben cerrarse las listas para las elecciones del PJ bonaerense en marzo.
“Máximo sabe que no le da, que no tiene legitimidad dentro del espacio como conductor y que en la actualidad nadie manda por ser hijo de”, expresó un concejal peronista local en alusión a la decisión que tomó el hijo de Cristina Fernández en designar a Kicillof como el nuevo “ordenador” del PJ provincial.
En la actualidad, ningún dirigente puede plantarse como el conductor nítido, legitimado y respetado por todos los sectores. La pelea por el Partido Justicialista (PJ) bonaerense es un resumen breve de que nadie puede juntar el consenso necesario.
El 8 de febrero es el plazo límite para presentar listas y se viene una semana cargada con negociaciones abiertas. El espacio de Kicillof, “Movimiento Derecho al Futuro (MDF) continúa con el plan de armado de listas propias en caso de que no se llegue a un buen puerto con el kirchnerismo. La prioridad es una lista conjunta, pero de no ser así ordenaron a su tropa a poner candidatos propios.
El PJ local con un diagnóstico pero sin tratamiento
El PJ local es un paciente a quien el médico le dijo en la cara y de forma cuidada pero terminal, su diagnóstico, y ahora debe encontrar un tratamiento propio si no quiere seguir agonizando.
Todos se quedan con la foto del 7 de septiembre, de un Matilla ganador luego de muchos años de que el justicialismo no gane una elección pero la foto que quedó impregnada a fuego fue la de un espacio que no alcanza el consenso necesario e imprescindible atrás de su figura y prueba de ello fue que Lucas Castiglioni, aliado con la legisladora nacional, Agustina Propato fuera elegido para la alternancia.
Liaudat puede decirse que es el médico que fue a domicilio ante la llamada del paciente. Le dijo frente a toda su familia el diagnóstico, la enfermedad que tenía, los motivos y los posibles escenarios, con los caminos a seguir.
“Te encontras ante una crisis moral profunda. Hay que recuperar el valor del ejemplo, de la conducta y de la austeridad. Tenés que releer los preceptos de la doctrina social de la iglesia, elegir dirigentes con paradigmas éticos y que reflejen una conducta moral intachable de tus conductores. Es muy importante la conducta y la ética. Además, tenés que volver al pensamiento político y crítico. A formar políticamente a las bases, a los cuadros; realizando cursos de historia argentina, de historia política argentina e historia contemporánea, con una lectura geopolítica de cómo está el mundo hoy y qué es lo que necesitamos como Nación desde una perspectiva peronista. Pero no citando al Perón del cuarenta o del cincuenta, porque el mundo es otro. Como tampoco se puede estar en un limbo posmoderno, interactuando en las redes sociales y no participando de política. Debés volver a dictar cursos de realidad argentina para que todos sepamos qué se produce en el país o en las economías regionales. Porque se te van a veranear a Brasil y no conocen qué producen en Catamarca. Debés releer ‘Modelo Argentino para el Proyecto Nacional’, de Perón; los libros del movimiento FORJA; Scalabrini Ortiz y Jauretche; los lineamientos de la Doctrina Social de la Iglesia. Debes formar e integrar la concepción ética de la política”, fue el diagnóstico realizado por el galeno, Santiago Liaudat.
El paciente lo miraba fijo, en silencio, sin hacer muecas de dolor aunque tampoco había gestos de asentir lo escuchado o de repensar los conceptos vertidos por el doctor. El paciente estaba en shock. “Tenés una crisis moral, ética, de pensamiento, de formación, de conducción y también espiritual”, continuó enumerando de forma cruda el doctor; “perdiste la fe en la posibilidad de transformar la realidad a través de la política. Esto es una crisis espiritual, de fe. Esto te genera desmoralización y te lleva a una desmovilización. O a militar sólo con reels o likes en redes. Esto se traduce a los propios dirigentes, que van saltando de cargo en cargo para mantenerse en la política en lugar de parar la pelota y volver a formar cuadros, volver al territorio y a integrarse a los debates partidarios”. Luego el doctor lo miró a los ojos, serio, al paciente. “El kirchnerismo está agotado. No nos olvidemos que nos votaron más a nosotros que a Milei y, sin embargo, no hemos logrado cumplir las expectativas que el pueblo requería de nosotros. Por eso hay que formar, construir organización, estrategia y conducción. El candidato junta votos; pero el conductor debe garantizar formación, organización y estrategia en todos los niveles que le toque participar y con una conducta intachable, una ética volcada a la política. Luego en el movimiento entran todos los actores y todas las agrupaciones que integran el PJ. Pero los conductores deben ser éticamente intachables para poder encabezar un movimiento que genere hegemonía, que trascienda la identidad peronista y que tome la base del espíritu argentino. Tenés que generar un proyecto que trascienda la identidad peronista y que tome la base del espíritu argentino, o de donde seas o estés como dirigente, con la doctrina propia del peronismo. Salir de la secta peronista, del grupo reducido, de discusiones mínimas e ir hacia una gran discusión nacional”.
El doctor fue claro, tajante, no utilizó eufemismos ni se mostró nostálgico o incluso optimista. Un baño de realidad a un partido que en diciembre mismo siguió haciendo todo lo contrario a lo que dijo el doctor a los pocos parientes que escuchaban. Porque no estaban todos. Como en las familias rotas. Esas ausencias hablan de la ruptura que sigue afectando al PJ hoy en día, aún en el momento en el que el doctor llegó con un diagnóstico disruptivo.
Ahora ambos grupos de familiares esperan señales de unidad en el PJ bonaerense para luego tratar de consensuar acciones a nivel local.









