A pocos días de las elecciones en la UOM, Abel Furlan viene siendo objeto de notas que califican como operaciones mediáticas. En esta entrevista, el histórico referente sindical de la zona, Abel Furlan responde a LA VOZ, de todo, fija su posición, habla de los problemas que acarrea la nueva ley laboral, el cambio de paradigma económico, la influencia perversa que va a tener en nuestra zona, de salario, de obra social, de poder empresario y explica por qué, a su entender, las denuncias aparecen “justo ahora”.
LA VOZ: Abel, a una semana de las elecciones ¿la UOM está atravesando una crisis real o una operación política? Y porque nunca antes se escuchó esto?
ABEL FURLAN: “Lo que estamos atravesando es claramente una operación política en el momento más sensible del calendario electoral. No es casual que surja a siete días de las elecciones seccionales y en la previa de las nacionales. Tampoco es casual que coincida con la presencia de una lista en Zárate-Campana vinculada a intereses empresariales muy concretos. Cuando el sindicato adopta una postura firme contra la reforma laboral y contra la rebaja salarial en el sector siderúrgico, aparecen estas maniobras. No buscan esclarecer nada: buscan erosionar liderazgo y generar confusión entre los afiliados. La UOM está sólida institucionalmente y con balances aprobados. Lo que molesta no es una situación gremial, lo que realmente les molesta es la decisión que venimos llevando adelante de nunca haber decidido ceder ante el poder económico.”
LA VOZ: ¿Cuáles son las principales demandas de sus afiliados?
ABEL FURLAN: “Cuando asumí, mis compañeros me marcaron con claridad dos prioridades: defender el salario y mejorar la obra social. Para responder a eso tuve que dar batallas, a nivel nacional, enfrentar una política de salarios de hambre que impulsan Rocca y el gobierno de Milei. Y hacia adentro, ordenar y fortalecer las finanzas del gremio, así que tuvimos que revisar contratos, transparentar procesos y recuperar recursos que durante años no se habían optimizado. Eso inevitablemente tocó intereses. Las consecuencias de haber dado esas peleas son las que hoy vemos.”
LA VOZ: Se menciona que detrás de la disputa hay intereses empresariales. ¿Está señalando directamente a Paolo Rocca?
ABEL FURLAN: “Lo que señalamos es un contexto objetivo y es necesario clarificarlo: existe una lista que va a competir en las elecciones al sindicato, en Zárate-Campana, que responde a sectores alineados al Grupo Techint. Desde esta conducción decidimos no firmar salarios a la baja, porque va contra la dignidad de los trabajadores. Por eso cuando nos plantamos y decidimos, esa decisión acarrea y tiene consecuencias. Las operaciones mediáticas no aparecen en el vacío, de la nada. Aparecen oportunamente, cuando se tocan intereses económicos concretos. No es una discusión personal, es una discusión de modelo, de política sindical, en donde no hay muchas alternativas: o se defiende el salario o se administra el ajuste. Esta conducción decidió mantenerse firme y jamás el mandato de las bases: que fue defender el salario y que el salario no se licúe a la baja.”
LA VOZ: ¿Qué cambios pudieron haber generado resistencias?
ABEL FURLAN: “Mirá, te puedo decir que desde el inicio de la gestión se impulsó un proceso de transparencia y profesionalización que no existía en ese nivel. Se avanzó hacia la certificación ISO de procesos internos de compras, contrataciones y administración de recursos. Se revisaron contratos heredados que no beneficiaban a los afiliados y que implicaban erogaciones innecesarias. Se fortaleció el control interno y la trazabilidad de cada decisión económica. Esto implica cortar vínculos históricos que durante años operaron sin demasiada supervisión. Cuando se ordena y se transparenta, inevitablemente se afectan intereses. Y esos intereses reaccionan.”
LA VOZ: Uno de los puntos sensibles es la administración de los recursos del gremio, puntualmente el fideicomiso. ¿Qué cambió concretamente?
ABEL FURLAN: “La UOM funciona bajo un fideicomiso desde los años 90, que era administrado externamente por la empresa Donington durante más de dos décadas. La actual conducción decidió recuperar la centralidad de las decisiones estratégicas. Se limitó la función del administrador externo a la transferencia de recursos y pagos, mientras que la administración, los gastos y las inversiones volvieron al Consejo Directivo. Esa decisión fue avalada por amplia mayoría.”
LA VOZ: Sin embargo se habla de “discrecionalidad”
ABEL FURLAN: “Los números hablan por sí solos. En tres años de gestión se duplicó el capital del sindicato. Los balances oficiales muestran resultados que superan ampliamente los de las dos décadas anteriores. Ese crecimiento está documentado y aprobado en los órganos correspondientes. Recuperar la administración directa permitió optimizar recursos, reducir costos innecesarios y fortalecer el patrimonio. Cuando una organización mejora su posición financiera, gana autonomía frente a presiones externas. Y esa autonomía es clave para defender salarios y condiciones laborales.”
LA VOZ: Si bien todo el sector de Obras Sociales se encuentra en problemas, la obra social OSUOMRA atraviesa cuestionamientos. ¿Cuál es la situación actual?
ABEL FURLAN: “La obra social sigue gerenciada por el mismo grupo empresario que la administraba históricamente el fideicomiso. Presenta deficiencias que afectan directamente a los afiliados y sus familias, algo que no negamos. Justamente por eso iniciamos un proceso que tiene como objetivo avanzar hacia la autogestión. Esa decisión ya fue comunicada formalmente al gerenciador actual. La transición no es sencilla porque implica revisar contratos y estructuras complejas. Pero el objetivo es claro: que la salud vuelva a estar bajo control pleno del sindicato y no de terceros.”
LA VOZ: ¿A qué atribuye la campaña de desprestigio que se haya intensificado ahora?
ABEL FURLAN: “Es algo lamentable pero sucede al haberse tocado intereses económicos y corporativos muy fuertes. Cuando se cortan contratos históricos y se redefine la administración de recursos millonarios, hay sectores que pierden poder. Cuando además el sindicato lidera una postura más firme contra la reforma laboral del gobierno nacional, el conflicto escala. La campaña busca debilitar a la conducción para favorecer a una lista más complaciente con el sector empresario. Es una disputa por el rumbo de la UOM. No es una pelea personal. Se identifican con personas. Y los afiliados y los trabajadores deben saber que es una pelea por la dignidad salarial y por la independencia sindical. Desde esta conducción siempre se mantuvo una misma línea: defender la dignidad del trabajador frente a cualquier circunstancia, luchar contra la reforma laboral y por un salario digno.”








