Una muchacha propietaria de un kiosco ubicado en las inmediaciones de un espacio recreativo y náutico de villa Angus advirtió ayer de la presencia de una persona masculina -mediana edad- que se presentó el fin de semana en la puerta de su negocio con el ardid de comprar algún producto de su inventario y en un instante “se frotó los genitales y quiso tocarme la mano”.
La pareja de la mujer intercedió para que el parafilia ( patrón psicológico recurrente e intenso de excitación por exponer los genitales a extraños desprevenidos) depusiera la obscenidad, actitud que no frenó, en tanto que amenazó a la familia del negocio “de prender fuego la casa” y les arrojo piedras a la vivienda en su huida.
La joven hizo un descargo en redes sociales con el fin de lograr “que no le pase a nadie mas”, que compartió con este diario, donde remarcó que “en el barrio hay niños y niñas que juegan solos en la calle”.
Además radicó una denuncia en la Seccional Primera y aguarda el llamado a declaración en sede judicial de turno.
Según recogió LA VOZ siempre a campo, otras mujeres habrían padecido el asedio del exhibicionista, que estarían próximas a comunicarlo para ampliar la investigación en curso.










