En su sesión de ayer, en el Honorable Concejo Deliberante se hizo uso de una banca pública, que se utilizó para ventilar un problema personal bajo la cómplice y cálida mirada de una presidencia, que como reglamentariamente se sabe, autorizó al orador, supuestamente para hablar de salud mental.
Lo que interesa analizar es que se permita la utilización de un mecanismo digno, pensando por la ley para otros fines, y que se autorice a sentarse a cualquiera que se crea con derecho a decir lo que se le ocurra con el loable pretexto de hablar de cualquier tema.Hablan sin saber, como el recordado programa de TV, en donde panelistas disfrazados de infelices decían sandeces, de temas complejos, con supuesta erudición.
El Concejo Deliberante no puede ser una polémica en el bar, con sponsors públicos. La presidencia ha permitido, sin imponer ningún filtro, que gente sin preparación alguna utilice el escaño que la ciudadanía reserva para honestos y capaces, hablen estupideces ante la pasividad cómplice de quien debiera autorizar la utilización del mecanismo a quien represente y ostente -previamente- reconocidos valores de honestidad, coherencia y solvencia intelectual en los temas de que se trate.
Cualquiera no puede hablar de inundaciones, basura, privatización de la nuclear, salud mental…, por más que tenga un basural enfrente, se le inunde la zanja, o sea usuario eléctrico o tenga un pariente enfermo.
Porque con ese criterio cualquier ciudadano zarateño debería estar autorizado para criticar al vecino porque le molesta el parloteo del loro, so pretexto de hablar de los animales domésticos.
La banalización en el tratamiento de los temas y en la utilización discriminada de la banca abierta, así como darle micrófono y entidad a cualquier chichipío que se cree con la pinta de Carlos Gardel, es un arma de doble fijo. Se la deja usar, agigantando monstruos y engendros, cuando se está en la oposición, para luego -quizás- quejarse cuando se está en el oficialismo.
Sería razonable que las autoridades del Honorable Concejo Deliberante, así como sus integrantes, se dieran cuenta que las tribunas que utilizan han sido puestas por la ciudadanía para que ellos, o sus invitados, exhiban problemas que afectan a todos y piensen soluciones.
Así como que los miembros debieran asesorarse por gente capaz, que en Zárate hay mucha y que justamente evita mezclarse en este tipo de estudiantinas por el tenor y calaña de ciertos personajes, superficiales, triviales, carentes de importancia y de conocimiento, y sobre todo, irrelevantes, que con sus simplificaciones eliminan y desvían la atención de un debate que merece ética, que seguramente proclaman de los demás, y personalmente la desconocen.
En fin, sería de desear que la banca abierta (también llamada banca ciudadana), pensada como mecanismo institucional de participación ciudadana, fuera utilizada por vecinos, organizaciones e instituciones de la comunidad para canalizar propuestas e inquietudes, ofrecer una vía directa y permanente para que la ciudadanía presente proyectos de ordenanza, reclamos, peticiones u opiniones sobre temas de interés comunitario, por parte de quienes saben de qué van a hablar y con fundamento. Y no transformar el mecanismo institucional como un parlante para que se exponga de cualquier cosa, y que termine infravalorando la esencia del noble mecanismo.










