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  • “En Atucha II, el 15 por ciento de nuestros compañeros es adicto”

    27/4/2012

    El secretario general de la Unión Obrera de la Construcción Argentina (UOCRA), a nivel nacional, Gerardo Martínez, negó que los recientes hechos de violencia protagonizados por integrantes de su sindicato se deban a cuestiones gremiales y reconoció que hay un alto índice de adicción a las drogas entre los trabajadores de la construcción.
    “No tiene que ver con lo sindical”, resaltó Martínez, al ser consultado por enfrentamientos violentos entre dirigentes de la UOCRA, como el caso de los recientes tiroteos en Florencio Varela, con nueve heridos, y Comodoro Rivadavia.
    El sindicalista reconoció que hay problema de adicción entre los trabajadores de la construcción: de consumo de paco en obras con obreros de bajo nivel económico y de cocaína en construcciones relacionadas con el sector de hidrocarburos.
    “Son varios factores de complejidad que están relacionados con lo que sucede en nuestra sociedad. Yo voy a decir que lamentablemente lo tengo que decir. Hace unos años atrás la adicción al alcohol era un gran problema, pero hoy es la droga”, indicó Martínez. El gremialista aclaró que los últimos “incidentes que ocurrieron generan una imagen que daña a la UOCRA” y aseveró que esos hechos “no tienen nada que ver con la conducta del trabajador”.
    “Hay situaciones que se van de la mano que no tienen nada que ver con lo sindical. Aparece el tema droga en obras de gran poder adquisitivo que tiene que ver con el consumo de drogas caras en nuestros compañeros, y en las de poco poder adquisitivo está el paco”, reveló Martínez.
    Aunque aclaró que “no le consta”, sobre los incidentes ocurridos el fin de semana en Florencio Varela, que dejó un saldo de nueve hombres heridos, uno de ellos quedo en estado parapléjico, trascendidos de que había una interna por dinero entre iglesias evangelistas.
    Estudio en Atucha
    El jefe de la UOCRA comentó que cuando habla de construcciones donde los obreros cobran sueldos altos, se refiere a “obras de mantenimiento de pozos petroleros o de hidroeléctricas”. “Hicimos un estudio en una obra como Atucha II (en la localidad de Lima), y el 15 por ciento de nuestros compañeros era adicto”, graficó Martínez, quien además subrayó que “hay otros aspectos, como el religioso o de sectas, que están fuera del contexto sindical”. Y reveló, “tuvimos que firmar convenios con entidades relacionadas en el tema para tratar de rehabilitarlos de esta adicción”.
    En el pico máximo de obra, la construcción de la Central Nuclear de Atucha II en Lima tenía casi 6 mil empleados, de los cuales 3 mil participaban del montaje civil de la obra. Por lo tanto, en total sería un importante número de trabajadores los que presentan problemas de este tipo según el propio titular de la Uocra.

    Gerardo Martínez.

    Algunos de los incidentes

    El 19 de febrero del año 2010, tres trabajadores de la empresa contratista Techint sufrieron una brutal agresión dentro de la central nuclear en construcción. Uno de ellos recibió catorce puntazos en todo el cuerpo.
    Ellos habían sido agredidos por unos cincuenta sujetos vinculados a la intervención de la UOCRA que ingresaron a la planta y agredieron salvajemente con armas blancas y ladrillazos en la cabeza a varios delegados de base de la empresa Techint y Elecroingeniería, dejándolos hospitalizados con heridas de consideración, para luego dirigirse a otra sector de la obra y golpear a otro trabajador que adhería a reclamos salariales de la firma Vialco.
    Durante todo ese verano el clima en el obrador de Atucha II era tenso por el reclamo de las bases de tres empresas, Techint, Indigo y OCIBA que, a través de sus delegados, pedían cobrar un monto en concepto de “Finalización de obra” y otros beneficios amparados en lo que indica el convenio 76/ 75, a lo que los negociadores ante NASA de la UOCRA no avalaban.
    En medio de este conflicto hubo golpizas y amenazas de muerte a delegados “disidentes”, hasta hubo balazos y se pudo registrar gente armada dentro de la obra. Es más, hasta el mismo Jefe de Gendarmería Escuadrón Atucha confirmó que llevaban secuestrado un arsenal de armas de fuego.
    Estos capítulos se reiteraron en varias etapas de la obra, donde solamente había lugar para el apriete, la violencia y también los disparos de armas de fuego. En relación a lo revelado por Martínez, no solamente en Florencio Varela y Comodoro Rivadavia la droga era moneda corriente sino también en Lima.

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