Lo de Fernando Tarrés y su grupo de músicos el sábado fue de otra dimensión. Un espectáculo de esta calidad musical no tiene precedentes en Zárate, y no es casual que se haya producido en la sala “Vicente Primavera” del Círculo Popular de Cultural.
Tanto Jaime Torres como Fernando Tarrés vinieron a Zárate por la propuesta de contribuir a revitalizar una sala, atraídos por el proyecto. Y dentro de este proyecto, el sexteto de Tarrés, casi como en un diálogo con el más allá, cautivó al espíritu de Piazzolla, lo hizo descender y visitar Zárate. Uno cerraba los ojos y podía escuchar aquel bandoneón. Si él viviera hoy, seguramente tocaría en este sexteto o, por lo menos, lo iría a ver seguido.
Los músicos entraron en un agitado silencio y se retiraron ante una ovación. Lo de Rodrigo Domínguez en saxo tenor fue, literalmente, de otro planeta. Cuando se subió al escenario no encontraba una luz cenital para enfocar su partitura pero todos los que estuvieron allí presumían que podía tocar solamente cerrando los ojos.
Por otro lado, quien escuchó a Damián Bolotin en el violín habrá salido del teatro con ganas de aprender a tocar este instrumento, o apesadumbrado por no haberlo hecho a los 14 años.
Ernesto Jodos, Hernán Merlo, Marcelo Gutfraind, Luis Nacht, Mariano Otero, Eleonora Eubel, Ricardo Cavalli, Juan Pablo Arredondo, Donny McCaslin, Oscar Giunta, Billy Cobham y Mariano Loiacono tocaron en la sala Vicente Primavera a través de Pablo Motta y Carto Brandán. Toda esta generación contemporánea del jazz argentino e internacional se expresó en cada nota del contrabajo de Pablo y en las rítmicas de Carto, con quienes compartieron escenarios y ensayos.
Juan Pablo Arredondo y Fernando Tarrés le daban forma, con sus guitarras, a esta gran bestia de seis cabezas que generaba matices, acentuaba en dos por cuatro y abarcaba todos los espacios recónditos del jazz. Promediando el recital todos ya todos veían al espíritu de Piazzolla en el escenario junto a ellos. Y tal fue esta posesión musical “piazzollesca” que hasta jugaron físicamente con cada parte del cuerpo de sus instrumentos.
Cabe mencionar algo llamativo, yendo a las biografías de cada uno, Pablo Motta nació en Pergamino, Carto Brandán en Escobar, Juan Pablo Arredondo en Campana y Jerónimo Carmona, a quien reemplazó Mota, aquí en Zárate. Todos músicos ilustres de la zona.
En relación a esto, sería interesante preguntarse por el público, que dado el nivel del recital no se acercó en el número que era de esperarse. Esto habla de la apatía de algunos músicos zarateños, que luego se quejan de que no los va a ver nadie, y de la desidia de muchos que se autodenominan “trabajadores añosos de la cultura” y no salen de sus apolilladas alternativas musicales. La miopía, la comodidad y la mezquindad hicieron mella en las butacas. Y gran parte de los músicos y los trabajadores de la cultura local se perdieron de ver a uno de los grupos que se ubica a la vanguardia musical en toda Sudamérica, y ya no solamente dentro del jazz.








