El desarrollo industrial y la región
Desde la época colonial, la escasa demanda interna debido a la baja densidad de población, sumando a las grandes dificultades que suponía el comercio por tierra, potenciaron las exportaciones, que luego de la independencia se convirtieron en el gran ingreso nacional. Pero estas exportaciones correspondían prácticamente en su totalidad a productos agropecuarios que eran exportados, sin ninguna elaboración previa, como la carne y el trigo, mientras que los productos manufacturados eran casi todos importados de Europa.
Así, Argentina llegó a convertirse en una potencia en la agroexportación de alimentos ingresando en el circuito del comercio internacional como productora primaria e importadora de productos manufacturados de los países industrializados de Europa.
La inmigración extranjera contribuyó en gran parte al desarrollo agropecuario que amplió las fronteras agrícolas, extendió el ferrocarril y desarrolló puertos exportadores como el de Buenos Aires y Rosario que se convirtieron en grandes metrópolis productivas y comerciales.
Esta situación se comenzó a revertir a partir de la Primera Guerra Mundial (1914-17) cuando los países europeos con los que la Argentina había establecido sus vínculos comerciales más importantes, debido al desastre de la guerra no podían ni continuar importando los productos argentinos como lo habían hecho a lo largo del siglo XIX, ni en muchas ocasiones, exportar productos agropecuarios, como lo venía haciendo. La respuesta a esta situación redundó en el surgimiento de la industria nacional, que por primera vez se lanzó a la tarea de fabricar en el país aquellos productos esenciales que hasta entonces sólo podían conseguir si eran importados de otros países industrializados.
La situación se agravó después de la crisis mundial de 1929 cuando se resquebrajaba el sistema económico internacional y Argentina sufre la crisis social más profunda agudizada por el desempleo. Al rol exportador primario, le sobrevino el modelo de la sustitución de importaciones y de esa manera, el nacimiento de una incipiente industria desligada ya de la producción primaria.
La industrialización en la zona
Tanto Zárate, como Campana participaron del proceso de transformación económica que transitó el país desde los años 1880 cuando comienza el desarrollo de la agroganadería que produjo bienes exportables en gran cantidad hacia los centros mundiales desarrollados. En estas tierras se establecieron grandes estancias como unidades productivas que cargaban el cereal (vía el transporte por ferrocarril) en los barcos graneros y de carne en los buques frigoríficos que se fletaban con destino a Europa. Recordemos que desde la estancia El Paraíso, propiedad de Justa Lima de Atucha, se vendieron las cabezas de ganado vacuno que faenado, se convirtieron en el primer embarque de carne congelada que partió rumbo a Francia en el mítico buque “Le Frigorique” que cruzó el Atlántico.
Llegaron luego inversores extranjeros con importantes capitales para instalar establecimientos industriales vinculados a la agroproducción. Primero fueron los saladeros y las curtiembres, luego varios frigoríficos importantes como The Smithfield en Zárate que comenzó a producir en 1907 y llegó a reunir entre 5.000 y 7.000 trabajadores en sus épocas de mayor esplendor. Otros fueron en este partido, el Frigorífico Las Palmas y el Anglo en Villa Angus.
La industria papelera también fue pionera en Zárate con la Papelera Argentina en los años 80 que luego se transformó en Celulosa Argentina,
La crisis del 30 afectó esta expansión cerrando algunos establecimientos frigoríficos.
Pero el perfil industrial y su consecuente crecimiento demográfico y comercial marcó el destino de Zárate y Campana que desde la década de 1950 siguieron recibiendo inversiones industriales en metalurgia, siderurgia, industrias químicas y petroquímicas, cerveceras, metalmecánicas, automotrices y autopartistas y puertos de gran envergadura.
La ubicación estratégica de estos dos Partidos, a orillas del Paraná de las Palmas que permite la circulación de buques de ultramar de gran calado, las vías férreas que atraviesan la región y las rutas nacionales que la circundan más el Complejo Ferrovial Zárate –Brazo Largo que la conecta con los países del Mercosur, dan a esta zona un lugar de privilegio en el desarrollo industrial argentino.
Se presentó un ranking de empresas con mejor reputación
Por tercer año consecutivo, Arcor lidera el ranking local de las empresas con mejor reputación, seguida por Techint, Unilever, Coca Cola, Quilmes, Google, Volkswagen, Mastellone, Bagó y Nestlé que, en ese orden, completan los diez primeros lugares. En el relevamiento, que se lleva a cabo en nuestro país desde 2010, se utiliza la metodología Merco (Monitor Empresarial de Reputación Corporativa), surgida a partir de una investigación realizada en la cátedra del profesor Justo Villafañe en la Universidad Complutense de Madrid, en España.
Otros datos de interés del ranking de Merco Empresas, que integran 100 firmas industriales, financieras, agropecuarias, comerciales y prestadoras de servicios, son:
Techint pasó del 6º puesto al 2º en 2012, mientras que Unilever y Laboratorios Bagó se ubican por primera vez entre las 10 primeros. En cambio, YPF bajó del 5º al 61º lugar, en tanto que el grupo Roggio (el ranking se difundió en pleno conflicto de subterráneos) es la única empresa del sector infraestructuras y servicios incluida en el listado (en el puesto 81º).
La primera entidad financiera que aparece en el ranking es el Banco de Galicia (18º) y la segunda es Santander (36º). Entre las tarjetas de crédito el liderazgo corresponde a Visa (en el 13º lugar entre las 100 seleccionadas).
Ubicada Volkswagen entre las 10 empresas con mejor reputación, del sector automotor también figuran, ubicadas antes de la mitad del ranking: Mercedes Benz (11º), Toyota (12º), Ford (24º), Honda (32º), Fiat (37º) y General Motors (44º) .
Entre las empresas del sector siderometalúrgico, además del Grupo Techint, se encuentran bien posicionadas: Aluar (41º), Acindar (43º) e IMPSA (58º).
Las operadoras de telecomunicaciones no tienen una buena imagen entre los usuarios. Y ello se refleja en el ranking: Telefónica es la primera que aparece (en el puesto 42º), seguida por Telecom (79º), Telmex (87º) y Personal (93º).
El sector electrodomésticos y telefonía es encabezado por Sony (25º); agropecuario por Los Grobo (64º); servicios públicos por Gas Natural Fenosa (69º), transporte de viajeros por LAN (46º); químicos por 3M (55º) y aseguradoras por Sancor Seguros (19º).
El nuevo contrato entre la empresa
y la sociedad
Este ranking de la Universidad Complutense de Madrid tiene como parámetro un dato que hoy en día tiene mucho peso en el sector empresarial, los activos intangibles.
Según Robert Kaplan, profesor de la Harvard Business School, los activos tangibles como las máquinas, edificios y stocks de mercaderías representan apenas el 15 % del valor de una compañía. El resto lo aportan los activos intangibles. Hoy las tecnologías y el avence de las llamadas “cadenas de valor” globales permiten producir bienes y servicios de cada vez mayor calidad, pero crecientemente homogéneos. Por eso, la reputación corporativa y de las marcas son factores cruciales de diferenciación.
Estos activos intangibles se pueden ver reflejados en el servicio de posventa de una marca, en su servicio de atención al cliente, los valores éticos y profesionales, el compromiso con la comunidad y la responsabilidad socio y medioambiental son valores que determinan y definen la reputación de una marca.
En el pasado lanzamiento del programa AcercaRSE, el director ejecutivo del Consejo Empresario para el Desarrollo Sostenible (CEADS), Sebastián Bigorito, realizó una exposición sobre la importancia del capital social que debe tener toda empresa, amparada en la generación de programas de Responsabilidad Social Empresaria, “más allá de arreglar una plaza, de donar computadoras y de ayudar a la comunidad en filantropía”.
“Una empresa se debe valer por la calidad de las relaciones con un nuevo ciudadano global, al cual le interesa saber el origen del producto que consume. Ya no existe a la hora de consumir la relación precio- calidad sino que el nuevo consumidor también se interesará no solamente en el qué producimos y cuánto sale, sino el cómo lo producimos. Y también que entregamos a la sociedad, si cumplimos con normas ambientales, es decir que van a estar atentos al capital social generado; ya no el capital financiero o económico sino el capital social de una marca. Por ende, las marcas que sobrevivirán en el futuro deberán buscar alto impacto social, a la par del económico que siempre intentan mantener. Sobre la base del impacto social se generará la confianza con el consumidor. Por eso todo se puede reducir a una frase, no existen empresas exitosas en sociedades que fracasan. Y esta acción concreta en el que trece empresas se asocian, articulando y coordinando lazos entre lo público y lo privado es fundamental porque el futuro de las marcas estará signado por relaciones de este tipo, generando un gran impacto social en la comunidad”, expresó Bigorito, en una interesante charla brindada ante representantes de la empresa y funcionarios del Ejecutivo municipal.
Precisamente Bigorrito estaba hablando de esto, los nuevos activos de las organizaciones que están ocupando cada vez más el tiempo y el esfuerzo de los máximos dirigentes; todo configurado en el marco de un nuevo contrato empresa y sociedad en el que ya no prima el objetivo de crear valor para sus acciones y punto.
Hoy no se trata solamente de complacer a los accionistas sino también a un amplio conjunto de partes interesadas, que incluye clientes, proveedores, empleados y sus familias, los consumidores, las comunidades locales y las administraciones comunales y nacionales.
Según Ian Davis; ex CEO de “McKinsey & Company”, firma líder en consultoría de gestión a nivel mundial; los líderes empresarios deberían impulsar un nuevo contrato social como propuso Rousseau hace 200 años, ya que irá a favor de su propio interés de largo plazo y el de sus accionistas.









