El primer fin de semana de abril comienza la actividad teatral en el Forum Cultural, y para estrenarla, llega la obra del Teatro Nacional Cervantes, “Sol de noche”, de Cristina Escofet, con dirección de Francisco Javier y un elenco que integran Ingrid Pellicori, Rita Terranova, Pablo Arias y Emma Ledo. Las funciones serán el viernes 5 y el sábado 6 a las 21 horas en el Forum, con entrada libre y gratuita.
El espectáculo con el que viene por primera vez este año el Cervantes, tiene diseño de sonido de Federico Mizrahi, de iluminación de Fernando Díaz y de vestuario y escenografía de Carlos Di Pasquo. La asistencia de dirección es de Marcelo Méndez y la producción del TNC de Lucero Margulis.
“Sol de noche”, como lo cuenta su autora, una obra de realismo mágico, inspirada en el universo de las islas del Delta. “Si usted nació o vivió en un pueblo -escribió Escofet como introducción a su texto- sabe de qué hablo cuando digo: Horizonte fantástico. Aburrimiento excitante. Los pueblos son exactamente esos lugares donde lo imposible sucede siempre. Donde el tiempo del presente no alcanza a conjugar el pasado del recuerdo. Fina y Feli, bien hubieran podido ser mis tías. O quizás sí lo fueron. Porque hubo en mi infancia mujeres que se les parecieron…”, Cristina Escofet presenta así a sus personajes y agrega: “Se me presentaron instaladas claramente en una antigua casa de río… en ese tiempo detenido y eterno de los años 50…”. Un río muy familiar para Escofet que nació en el pueblo pampeano de Caleufú (“otro río” en lenguaje
mapuche) y vivió los años de su infancia en San Pedro junto al Paraná y después en una casa, “Caleufú”, en el Delta. Los mundos femeninos están presentes en las obras de esta mujer que además de escritora, dramaturga y guionista es una gran investigadora en temas de género.
Para Francisco Javier, que a sus 89 años se muestra con un juvenil entusiasmo dirigiendo Sol de noche, es éste un texto de corte chejoviano y es por eso que trabajó junto a Escofet para insertar entre los cuadros de la obra una escena de El jardín de los cerezos. “Es una brevísima situación dramática -cuenta Javier- que se pierde en la totalidad de la obra de Chèjov, nadie parece recordarla pero gravitó siempre en mi vida de hombre de teatro como un rasgo de la genialidad del escritor y siempre me propuse decirlo en un espectáculo”.








