La palabra Rawst es un apócope de la lengua árabe que significa foto o imagen y con este término contundente, dos jóvenes zarateños realizaron una muestra de muy buen nivel artístico, donde amalgamaron el misterio de la danza árabe, con el instante perfecto de la captación fotográfica, capaz de conmover a un centenar de personas al unisono.
Manuela García, cuyo nombre profesional es Samira Naiad, se unió con Nicolás López Montero, un fotógrafo de prolífera labor y marcada creatividad en la publicidad y muestras a nivel nacional, para realizar una exposición sumamente novedosa. En los días previos a la muestra Manuela fue la musa inspiradora del evento y en los ensayos junto a cuatro sus bailarinas, fue creciendo el sueño de la Exposición viviente. Mientras ellas trabajaban entre contorneos árabes y danzas típicas, Nicolás se metía entre sus giros y arabescos, obturando sin tregua su máquina Canon, inspirado en las cadencias atrapantes de la música. Al cabo de unos días, cientos de imágenes espontáneas habían nacido para ser reveladas. Y al igual una caja de Pandora, en la noche del domingo pasado, fueron apareciendo unas tras otras, colgadas en cuatro paredes, todas las figuras de esas mujeres impactantes, repartidas entre sombras de cuellos, senos, caderas y cinturas brillantes. Este ambiente de estética y color despertó el asombro y la admiración de todo el público presente.
Las luces anunciaron al fin, la aparición de “Samira”, que invadió el salón, con sus ojos pardos clavados en el Oriente y la perfección de la danza en cada movimiento de su cuerpo. La pasión fue elevando los decibeles de los asistentes, la sensualidad y seducción envolvieron el aire al compás de las palmas y muchas manos se sumaron en cada baile con la energía incomparable de una bailarina excepcional, cálida y exuberante que regresó a la pista entre aplausos, con una actuación triunfal y memorable.
Las danzas árabes manifiestan la cultura de un lejano Reino de Oriente Medio, cuya vasta descendencia genética entre la comunidad Argentina, ha atravesado con fuerza casi hipnótica océanos y mares hasta llegar a nuestro país, despertando la curiosidad y el interés de miles de adeptos que hoy disfrutan las tradiciones, la música, la danza y la gastronomía saudita.
“Samira” fue la fuente de inspiración para Nicolás, que supo ilustrar mediante la fotografía, el gran caudal artístico de esta querida joven zarateña, plasmando la belleza de la mujer, en cuyo vientre generoso el fuego de la tierra se amplifica en su pródiga misión de amar y generar la vida. Manuela García traspasó esa noche los umbrales del dolor, superó con su voluntad inquebrantable la crisis y la adversidad de su dolencia personal, logrando volver a las pistas, a su profunda vocación, como antes, danzando con una brillantez y alegría infinita. Su maestría dibujó a los cuatro vientos la palabra “talento” en la tacita convicción que ella, “nació para bailar Rawst”, fue una dupla creativa de gran potencial, donde la belleza, el llanto y la emoción sintetizaron una noche inolvidable para Manuela y Nicolás.
Graciela Olguin










