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Más de 6 mil personas viven en asentamientos en Zárate

A mediados del año pasado la directora de Hábitat, Graciela Montañez, había informado que 4 mil personas vivían en asentamientos en nuestro partido. Dijo esto, desmintiendo al subsecretario de Control y Prevención Urbana municipal, Mariano Mirón, quien había confirmado que en Zárate existían 14 asentamientos con 22 mil personas.
Ahora Montañez saca a relucir un censo realizado localmente en conjunto con la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) que arroja un total de 20 asentamientos, 2 fueron creados en Zárate en 2008 (6 de Agosto y Agua y Energía) y 2 en Lima en 2007 (La Esperanza y San Sebastián).
El detalle es el siguiente: “Los Pomelos”, con una población de 313 personas y 67 viviendas de madera, chapa y cartón y los servicios de agua y luz obtenidos de manera “irregular”, o sea que están “enganchados” de la Unidad Académica Zárate. “Las Violetas”, compuesto de 300 personas en 76 viviendas de madera y chapa. “6 de Agosto”, 148 personas en 34 viviendas que también están “enganchadas” de la luz eléctrica. “Agua y Energía”, 46 personas en 12 viviendas de material. “La Ilusión”, con 1.600 personas en 400 viviendas de chapa, madera y lona. “Los Olivos”, 490 personas en 122 viviendas de material. “La Esperanza”, con 640 personas en 160 viviendas construidas de material. “El Progreso”, con 645 personas en 127 viviendas de chapa, madera y ladrillos. “Los Rosales”, con 440 vecinos en 110 viviendas de chapa, madera y ladrillos. “Barrio Ferry”, 190 vecinos que viven en 47 viviendas de chapa, madera y cartón. “Reysol”, con 344 personas en 94 viviendas de chapa, madera, cartón y ladrillo. “La Ponderosa” con 132 personas en 56 viviendas de chapa, madera y cartón. “Barrio H” con 130 vecinos en 35 viviendas de material, madera y chapa. “Los Sauces”, con una población de 65 y 22 viviendas de material, chapa y madera; y “Anta” con 62 vecinos en 14 casas de chapa y madera. “Barrio Saavedra” con 150 vecinos en 45 viviendas construidas de material, chapa y madera.
Un total de 6121 vecinos que viven en asentamientos. A los que habría que sumarles otros 500 de Lima, dividido en cuatro asentamientos más, y los terrenos usurpados de Figueredo en Larrea, Lopez y Planes y calle Almafuerte.
Por otro lado, el informe del municipio difiere en números del confeccionado por “Un Techo para mi País”; más allá de que tampoco dio a conocer la modalidad del abordaje territorial con la Universidad de Tres de Febrero.
Según la ONG en Zárate habría 27 asentamientos con alrededor de 6.855 personas viviendo en ellos, según el último relevamiento publicado por la ONG “Un Techo para mi País” en septiembre del año pasado.
Más allá de los números, ahora el Ejecutivo municipal deberá decidir qué políticas públicas tomará. En este sentido, es evidente que una política de Lotes con Servicios no es útil, dado el panorama descripto y hasta reconocido por los mismos funcionarios municipales. Otro dato interesante sería constatar si parte de estos vecinos, que viven en asentamientos, forman parte de la demanda habitacional y de la lista de espera que tiene el Ejecutivo. Todo hace suponer que no, por lo tanto la situación de Zárate es más grave, en materia habitacional, de lo que se pensaba a principios del año pasado.
Cabe destacar que la definición de asentamientos más clara es la brindada por TECHO, “son barrios cuyos conjuntos de viviendas presentan diferentes grados de precariedad y hacinamiento. Buscan mantener la trama urbana como continuidad del tejido de la ciudad formal. Éstos fueron conformados a través de diversas estrategias de ocupación del suelo, presentan un déficit en el acceso formal a los servicios básicos y una situación dominial irregular en la tenencia del suelo. Los terrenos se encuentran, en su mayoría, subdivididos en parcelas que conforman manzanas, respetando el trazado de las calles. En muchos casos se reservaron lugares para equipamiento y espacios verdes. La densidad poblacional es menor que en las villas”.
En Zárate todos los asentamientos relevados tienen su conexión a las redes de energía eléctrica “clandestina”, o sea que están como comúnmente se los denomina “enganchados”, y no tienen su medidor domiciliario. Además la mayoría de estos hogares no cuenta con una conexión regular a la red cloacal y solamente tienen pozo ciego. El acceso al agua también es irregular y muy pocos son los que poseen conexión a la red de gas natural.
A esto habría que agregar que estos vecindarios no cuentan con pavimento, carecen del servicio de recolección de residuos o cuenta con un servicio que no llega a ser “normal y periódico” y la mayoría tiene alumbrado público deficiente o directamente no tiene luz en la calle.
“Por lo tanto todos estos datos confirman algo ya redundante, la calidad de los servicios públicos es sumamente heterogénea y, en general, cuanto más pobre se es, peor es el servicio que se recibe”, concluye TECHO.