* Escribe: Graciela Olguín.
En los últimos años surgieron en el país diversos observatorios sociales, algunos desde el ámbito público y otros desde el sector privado. Estas organizaciones pueden tener varias alternativas de acción, algunas de carácter asistencial, que están destinadas a socorrer a las personas ante la emergencia de los hechos fortuitos, que bloquean al individuo y ante su indefensión o impotencia es necesario asistirlo integralmente para salvar su vida. El otro sistema organizacional permite analizar, diagnosticar, debatir y planificar un accionar en base a la experiencia, la asesoría profesional y el trabajo conjunto, con el claro objetivo del servicio comunitario.
Existen fenómenos sociales lamentables, que son la consecuencia de deficiencias culturales, educacionales y comunicacionales en los que intervienen además de las crisis políticas, las falencias familiares, las carencias personales, la soledad, el sentimiento de fracaso, el desamor y tal vez la falta de oportunidades, que hacen que los adolescentes y jóvenes sean devorados por el flagelo de la droga. Nadie está exento de poseer un caso de adicción en la familia, entre los amigos, dentro del círculo laboral o quizás pueda ocurrirles a nuestros propios hijos. La desesperación ante un hecho cercano de tales decibeles, hace que nadie posea la receta infalible para utilizar en su justa medida y lamentablemente siempre se llega tarde. Cuando el enemigo ha puesto sus tropas en el seno del hogar y lo ha destruido todo. Luego vendrán las batallas verbales, las culpas entre las partes, la búsqueda profesional, el ocultamiento, la violencia en el seno del hogar, y los mil intentos para salir del espanto de alguna manera y disipar la oscuridad en la que todo el entorno está inmerso. Y es aquí, cuando el hombre común comprende sus limitaciones como integrante de una comunidad, las críticas marcharán a la orden del día. Generalmente el político o funcionario de turno recibirá la peor parte, la condena de mayor crueldad, pero más allá de las políticas públicas que son inherentes al estado y a las decisiones gubernamentales, nos preguntamos, ¿qué hacemos cada uno de nosotros desde lo privado?, ¿en qué grado nos interesa combatir el drama de tan grave patología social como la drogadicción que afecta a nuestros niños y adolescentes, ¿Cuál es el grado de compromiso ciudadano que cada uno ha tomado como parte de una sociedad?, ¿Que estamos haciendo para colaborar con el saneamiento y la higiene individual o colectiva de la ciudad que nos pertenece a todos? Ningún problema compete exclusivamente a un solo sector. Si alguien cree que está libre de responsabilidades, se equivoca. La discapacidad, la enfermedad mental, la drogadicción, la violencia de género, el maltrato a los animales, el alto número de víctimas por accidentología diaria, la trata de personas y sus terribles secuelas, el alcoholismo y la marginalidad, nos competen a todos. El entramado social del que formamos parte desde que nacemos, posee una interrelación constantee indisoluble y cada acción que realizamos desde un espacio personal, produce al instante una reacción general en respuesta del mismo No esperemos rosas y buenos modales si destilamos insultos y prepotencia.
El Universo es causa y efecto, el mundo funciona igual y nuestras vidas, estemos donde estemos, también actúan de idéntica forma. Por ello, debemos involucrarnos en la vida de nuestra comunidad, como sujetos de derecho, pero además de privilegios como ciudadanos,también poseemos obligaciones y con demasiada frecuencia solemos olvidar la parte que nos toca. Ser faros de referencia significa “iluminar” aportar luz donde hay oscuridad. Crear espacios de encuentro, pluralidad, diálogo, reflexión, trabajo en equipo, sentido de pertenencia, dar el puntapié inicial con nuestras convicciones y extender la mano al prójimo, para ser protagonistas de los grandes cambios sociales. Hoy, quienes se mantienen indiferentes ante los serios problemas que nos acosan, ya sea a los adultos, a los niños o a nuestros jóvenes como seres en igualdad, no tendrán derecho a reclamar mañana, cuando la tragedia o la enfermedad golpee sus propias vidas. Darle sentido a nuestra existencia es lo que nos diferencia como individuos. Hoy un de grupo de jóvenes de esta ciudad, asesorados y con ganas de “hacer” ha creado un emprendimiento social-solidario de rehabilitación a través de un Centro laboral, en medio de la naturaleza: “RENACIENDO” donde es posible recuperarse de las adicciones, en un espacio abierto para tareas de granja, gran extensión de tierra para cultivar hortalizas, hacer carpintería, albañilería, electricidad y construcción, manejo de máquinas, auto-elevadores, compartir trabajo en equipo, fortalecer vínculos afectivos, compartiendo el alimento de cada día, dialogar y soñar una vida mejor. Auto-sustentar una nueva destino es posible cuando se unen voluntades y esperanzas de lograr una sociedad más plena e inclusiva,involucrándose y siendo protagonistas de un verdadero cambio social.-
Informes: JUAN IGNACIO: Tel : 03487-15- 341084










