Aunque el calendario indica que el 21 de setiembre se inicia la primavera, ya hay anuncios de su llegada, con las primeras temperaturas más agradables en los árboles que estallan en flores o las plantas en los jardines y parques que florecen con mil colores como adelanto de la llegada de la estación más romántica.
El lapacho rosado, este árbol autóctono del norte de nuestro país pero muy adaptado al clima templado de nuestra ciudad, ya despliega su manto rosado sobre ramas aun sin follaje brindando un verdadero espectáculo.
Un vecino de Zárate nos contó esta historia sobre el erguido lapacho que luce frente a su casa:
“Cuantas sensaciones siempre renovadas para todos y que no por repetidas pierden vigencia. Recomienza en sus albores con gotitas de rocío que a la salida del sol brillaban como gemas con los pajaritos y los niños que con su bullicio anuncian un nuevo año y cuando hasta sus ruidos significan algo diferente.
El verano arde, el otoño surge la melancolía y en el invierno se muere un poco, sensaciones que a través de la música, Vivaldi trató de atrapar en su obra “Las Cuatro Estaciones”.
Representa el tiempo del amor, del compromiso eterno y de la fidelidad a la vida que diáfana emociona en la observación del amanecer y del ocaso estrechando las manos y los corazones en una inmensa sensación de pertenencia casi infinita.
Una vez vi una foto salteña de un lapacho Rosado en primavera que libre había estallado en flores.
Era chiquito cuando lo adopté pese a las reconvenciones recibidas: y lo planté, en mi deseo de que lo iba a tratar como a un hijo.
El pobrecito recibió agresiones de la locura de los sábados por la noche; ramas arrancadas que trataba de reimplantar e incluso enraizamientos luego de haberlo arrancado de raíz.
Creo que él me comprendía y juntos esperábamos la primavera siguiente y así durante varios años hasta que adquirió el porte suficiente como para resistir el vandalismo y allí me arrojó sus primeras flores como diciendo ¡Gracias papá!
Como buen adolescente me trajo los problemas de su desarrollo que fueron sus raíces y que como buen padre se las corté de raíz.
Hoy, ya crece buscando el cielo y espero sus flores de primavera con las cuales me agradece todos los años.”










