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  • Enrique Mario Francini, el violinista que dejó una marca en el tango, hubiera celebrado sus 100 años

    15/1/2016

    Había nacido en la zona de Victoria, partido de San Fernando, el 14 de enero de 1916, pero Campana fue donde su crió porque su papá era ferroviario y fue designado como jefe de la estación de esta ciudad. A los 10 años estudiaba violín con Arturo Biondi y unos años después, junto con su gran amigo Héctor “Chupita” Stamponi, un muchacho de Campana, pasaban las tardes haciendo música en la Farmacia Vandiol, donde el boticario tenía un piano.
    Con un grupo de jóvenes músicos y poetas zarateños y campanenses, desembarcó en Buenos Aires en la década del 30. Ya tenía experiencia como integrante del grupo tanguero que lideraba el alemán Juan Elhert, un hombre de Zárate. Junto con Enrique y “Chupita” ahí también estaban los bandoneonistas Armando Pontier y Cristóbal Herreros. Ya en Capital de a poco, empezaron a jugar en la primera categoría del tango, integrando la orquesta de Miguel Caló cuyo lugar ganó en base a su talento.
    Pero la consagración llegó cuando con Pontier armaron una agrupación que hizo historia: la Orquesta Francini-Pontier. Fue una década de éxito que llegó hasta 1955, cuando ambos decidieron separarse. Enrique formó su propia orquesta, apoyado por el pianista Juan José Paz. Ahí también se destacaron Julio Ahumada en bandoneón y el cantante Alberto Podestá. A pesar de la calidad del grupo, aquello sólo duró un año.
    El derrotero artístico lo muestra más tarde luciéndose en el mágico Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. También en Los Astros del Tango, en Los Violines de Oro del Tango y en el famoso Quinteto Real que dirigía Horacio Salgán. Y algo poco conocido: actuando con su violín como refuerzo en grabaciones de la orquesta de Osvaldo Fresedo y entre 1958 y 1976, Enrique fue violinista de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
    Compuso también obras magistrales en la historia del tango: Mañana iré temprano, Junto a tu corazón, Azabache, Tema otoñal, y los valses Pedacito de Cielo y Bajo un cielo de estrellas. Un tema especial fue el tango Oyeme, con letra de Homero Expósito dedicado a un hermano muerto muy joven que grabó, entre otros, la orquesta Francini –Pontier en 1947 con la voz de Roberto Rufino.
    Francini fue una figura muy popular, además un bohemio que se lucía por las calles porteñas con ese Cadillac blanco y descapotable que supo tener durante un tiempo. El 27 de agosto de 1978, mientras tocaba Nostalgias, de Cobián y Cadícamo, Francini se desplomó sobre el escenario de Caño 14, un templo tanguero en Talcahuano 975.Tenía 62 años. Estaba actuando con “Chupita” en el piano, un dúo memorable. Quienes corrieron a auxiliarlo pudieron escuchar sus últimas palabras: “Mi violín, ¿dónde está mi violín?”.

    Armando Pontier y Enrique M. Francini.

    Armando Pontier y Enrique M. Francini.