En el año 2002, el Dr. José Pellucchi fundó la organización no gubernamental denominada Payamédicos, con el objetivo de aportar a la salud emocional de personas en estado de internación, contribuir a la relación médico-paciente, y ofrecer momentos de distracción y recreativos potenciando la capacidad productiva de quienes ellos denominan como “producientes”.
Héctor Rodil -o Enardino Gadolino, según su heterónimo en Payamédicos- explica a LA VOZ que el lenguaje que se utiliza en el dispositivo no es algo casual. Cada palabra, expresión o frase utilizada, goza del toque “payasizado”, siempre en vistas al objetivo que proyecta la intervención. “Para nosotros no son pacientes, son producientes. Porque cualquier persona que tenga una parte sana de su cuerpo puede producir. La intención es que la otra persona pueda dejar su Yo de lado, pueda jugar y liberarse. Usamos nuestro lenguaje específico para no traer a la personal a lo real. No usamos el color rojo ni colores oscuros y vamos modificando cosas todo el tiempo”, explica Héctor, payamédico y formador. “Lo bueno de todo esto, es que el sistema de salud está reconociendo en diferentes situaciones y contextos, las tareas que ayudan y son terapéuticas”, agrega.
Hace aproximadamente dos años, el grupo de Payamedicos se inició en Campana, pero Héctor, vecino de nuestra ciudad, tenía como objetivo poder desarrollar la actividad también en el Hospital Virgen del Carmen. Fue así, que en el mes de Abril del año pasado, presentó la carpeta institucional con el proyecto en el hospital que, por aquellos días, era administrado por la Dra. Rosana Núñez. “A la semana empezamos en el Hospital, al principio éramos cinco, hoy somos once”, señala.
La organización tiene su génesis como un proyecto “apolítico y acultural”, que apunta al apoyo emocional de quien está en situación de internación o similar, realizando un abordaje escénico terapéutico desde las técnicas de payaso teatral.
La intervención consta de lo que definen como “cuatro tiempos”: En primera instancia, se hace “el pase”, donde los Payamedicos consultan a las enfermeras o al doctor, la patología de cada produciente, para saber con qué situación se enfrentaran o cómo abordarán su trabajo. La intervención puede ser desde un saludo, o hasta una escena que permita elevar la potencia del produciente.
En segundo lugar, se dispone la intervención en sí, la cual está sujeta a la disponibilidad y permiso del produciente: “Está bueno que alguien te pueda decir que no, porque quien que está internado, está privado de poder salir, no tiene privacidad, se siente invadido. A todas esas cosas no puede decir que no, en cambio a nosotros sí”, explica Rodil y detalla: “Procuramos irnos cuando esa intervención está en su mayor potencia, porque cuando esa potencia decae, entramos en el tedio; entonces cuando nosotros nos vamos, queda esa cuestión de que no se produjo una conexión muy buena”.
En la tercer etapa, los Payamédicos que participan de la escena, realizan un balance de lo sucedido, respecto a su percepción del produciente, y su análisis personal.
Por último, en el cuarto tiempo, se realiza una cartografía o “payagrafia”, que es una especie de terapia de grupo, “para poder desenfocar y ver desde el otro lado una captura de lo que hayamos vivido”.
Los Payamedicos, son clowns que no obedecen al cliché de la nariz roja. Esto se debe a que, en el análisis semiótico del color, el rojo remite a la idea poco feliz de la sangre, por lo cual también lo evitan en su vestuario: “Cambiamos algo muy importante como es nuestra nariz, que es naranja; nos íbamos de lado del color rojo y teníamos un punto rojo en el medio de la cara. Usamos anaranjadas que son mucho más lindas y más brillantes”, explica Rodil.
Cuando a Héctor Rodil se le pide recordar dos momentos del tiempo que lleva como Payamédico, de manera casi automática cuenta un episodio que tuvo lugar en un hogar de ancianos, donde a través de la descripción de situaciones y contextos junto a su compañero, una abuela que se encontraba internada pudo dar un paseo en bicicleta por lugares maravillosos, durante algunos minutos, y sin abandonar la habitación, solo utilizando el poder de la recreación y la imaginación.
“Todos llegamos a una misma conclusión, y es que existe un después de ser Payamédico, porque se procura utilizar el encuadre Payamédico como tener discurso potente o ver las cosas del lado productivo; lo transformas en parte de tu vida”, explica.
Entre los dispositivos que desarrollan como Payacalle o Payaescuela, también llevan a cabo un programa llamado Payasol, con fines solidarios. “Juntamos cosas que la comunidad aporta y las enviamos a los lugares donde hace falta, pero vamos mas allá, hacemos soles amarillos y se los damos a la gente que envía cosas para que les escriba un mensaje a la gente que los va a recibir. Esta buenísimo porque el que recibe ese producto, no solo recibe eso, sino que recibe un mensaje de otra persona”, concluye Rodil.
El próximo 9 de abril, comenzará en la ciudad de Campana el taller de Payamédicos, certificado por la Universidad de Buenos Aires, y que se dictará en La Circoneta (French 821). Como requisito para participar, hay que ser mayor de 18 años y contar con el secundario completo.










