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  • Renovadas muestras de fe a San Cayetano

    8/8/2016

    Ayer por la tarde se celebró una vez más la misa de San Cayetano, como todos los 7 de agosto. En esta oportunidad cayó domingo, no llovió y aunque se esperaba mucha más convocatoria de la que finalmente asistió, todos los presentes vivieron una gran festividad católica y también popular, dado que esta celebración está estrechamente ligada al pueblo argentino. De hecho el obispo Pedro María Laxague leyó una carta en la que el Papa Francisco recordaba con emoción todos los 7 de agosto en Liniers para dicha festividad.
    La misa se realizó en la calle, al pie de la ermita, y los cientos de fieles que desde temprano comenzaron a acercarse a Anta y Estrada iniciaron la jornada con el rezo del Rosario. Luego estuvo la misa, que comenzó con el ingreso de las imágenes de la Virgen de Lujan, San Expedito, San Cayetano y una imagen de la Beata Madre Teresa de Calcuta. Fueron ingresadas por miembros del Centro criollo La Zamora y por integrantes de los cuerpos de danza folklórica Bucaré y Alas de Mi Patria.
    Una comitiva de sacerdotes de diferentes parroquias acompañó el ingreso junto al obispo y con la colaboración de los miembros de la agrupación de Boy Scout Nelson Page.
    “Pedir el pan de cada día significa pedir el don, el regalo de Dios pero también la capacidad para cultivar y producir ese pan. Por eso pedimos para quienes puedan modificar las estructuras de la sociedad lo hagan con el objetivo de generar más trabajo para el pueblo. El lema de este año es `Junto a San Cayetano vivamos con misericordia´”, anunciaron los organizadores.
    Ya en el altar el obispo les dio a todos los fieles la bienvenida y agradeció las donaciones que acercaron para las escuelas de isla, azotadas por las inundaciones. De la misma manera aclaró, “para querer al Santo debemos querernos entre nosotros”.
    Al igual que el año pasado, el obispo eligió un conocido pasaje de la biblia; el Evangelio de Lucas 15, la parábola del hijo pródigo. “En principio volvemos a repetir lo mencionado en el inicio de la misa, la fe sin obra no sirve para nada. Muchas veces somos muy buenos amigos de Dios pero no nos ocupamos de nuestro prójimo, ocuparnos y preocuparnos. A veces vemos cómo muchas cosas andan mal, hablamos y hablamos pero nadie hace nada. Los que mandan, los que obedecen y seguimos empantanados sin solucionar nada. Hay que buscar soluciones, eso es ocuparse. Y juntarnos, porque unidos podemos hacer muchas más cosas. En este caso el Evangelio nos enseña que un hijo se fue de su casa, se portó mal y vuelve arrepentido. Y el padre no le da ni tiempo de pedir perdón, dado que solamente le basta que el hijo vuelva a la casa. Y el hijo iba a volver como empleado ya que lo había llevado el hombre nuevamente a la casa de su padre. Pero el hermano se enoja con el gesto del Padre, de brindarse nuevamente a su hijo luego de haberse ido y lapidado toda la parte de la herencia que le correspondía. Entonces siempre veremos a gente que critica pero eso no sirve para nada, desune y nos debilita. Hay que unirnos todos, charlas las cosas y dialogar tranquilo. Hagamos esto para luego exigir más arriba y que se traslade a otros niveles”, dijo Laxague en su homilía.
    Luego leyó una carta que el Papa Francisco envió al presidente de la Conferencia Episcopal, Monseñor José María Arancedo. “Recuerdo conmovido los 7 de agosto en Buenos Aires. La Misa en el Santuario de Liniers y luego el recorrido de la cola de la gente hasta el Estadio de Vélez. Saludar, escuchar, acompañar la fe de ese pueblo sencillo… y tantas veces, ante la angustia de hombres y mujeres que quieren y buscan trabajo y no encuentran …, sólo atinaba a un apretón de manos, una caricia, mirar esos ojos humedecidos de dolor, y llorar dentro. Llorar sí, porque es duro cruzar tu vida con un padre de familia que quiere trabajar y no tiene posibilidad de lograrlo”, escribió el Papa Francisco en la carta, leída ayer por el obispo Laxague ayer.
    Finalmente destacó que en la misiva Francisco pidió a los obispos que en esta fiesta de San Cayetano sepan acompañar a quienes piden pan y trabajo con “cariño, cercanía y oración, y pidamos también para nosotros esa gracia: que nunca nos falte trabajo, ese trabajo al que nos envía el Señor y que nos confiere dignidad”.
    Como cierre de la celebración litúrgica, todos los presentes realizaron una procesión con antorchas por el barrio.

    Mama Antula, la mujer que trajo a San Cayetano a la Argentina

    Nació en Santiago del Estero, fue Jesuita y promotora de la obra ignaciana en los tiempos coloniales. Será beatificada el próximo 27 de agosto. Su causa fue promovida por Jorge Bergoglio al llegar al Arzobispado de Buenos Aires

    María Antonia Paz y Figueroa (1730-1799), conocida como Mama Antula, fue la responsable de traer al país la imagen del Patrono del Trabajo y con ella la devoción que él genera desde entonces en los fieles que cada 7 de agosto hacen interminables filas para ingresar al santuario y venerarlo.
    Siendo muy joven, Mama Antula comenzó a trabajar con los jesuitas, colaborando en particular en la organización de ejercicios espirituales. Había recibido una educación que no era habitual en las mujeres de su época. Cuando la Compañía de Jesús fue expulsada del Virreinato, ella inició un peregrinaje por varias provincias difundiendo los ejercicios ignacianos y finalmente llegó a Buenos Aires donde luego de golpear varias puertas, obtuvo el permiso virreinal para abrir una Casa de Ejercicios.
    Mama Antula murió en 1799, pero la Casa de Ejercicios siguió funcionando, incluso hasta hoy. La suya fue la primera causa de canonización que envió Buenos Aires a la Santa Sede, pero por años quedó “dormida”, hasta la llegada del jesuita Jorge Mario Bergoglio al Arzobispado de Buenos Aires, cuando fue reactivada. Y, en este año del Bicentenario, Mama Antula será, por fin, beata.

    SAN CAYETANO, EL PROTECTOR
    Al dejar Santiago del Estero, María Antonia nombró a San Cayetano como patrono protector de su empresa evangelizadora por ser el Santo de la Providencia y le encomendó cuidar todas sus tareas. “Nunca en la Casa fundada por María Antonia (en Buenos Aires, que aún funciona en la avenida Independencia al 1100) faltó nada del sustento material y la primera imagen del Santo se veneró en la Santa Casa de Ejercicio casi desde su fundación en 1795″, asegura el sitio dedicado a la religiosa.
    Pero la devoción por el Santo no pereció junto a Mama Antula, al contrario, fue creciendo porque la orden de las Hermanas Hijas del Divino Salvador mantenían la fe en la capilla de aquella Casa Santa que luego fue trasladada al barrio de Liniers, espacio en el que también levantaron un colegio y una capilla desde la que fomentaban la devoción al Santo de la Providencia. Sobre Cayetano, la historia cuenta que, en aquel siglo XVI hubo grandes sequías, y los campesinos del lugar recurrieron a él, en oración, para que los socorriera. Las súplicas fueron escuchadas y los fieles comenzaron a llamarlo el “Patrono del Pan y del Trabajo”.
    De esa manera nació y creció la devoción a San Cayetano que cada 7 de mes y en especial todos los 7 de agosto reúne a miles de peregrinos que acuden a agradecer las gracias y pedir salud y trabajo. El clamor se vive en todas las iglesias y parroquias del país.

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