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  • La varicela y el Herpes zóster

    13/5/2017

    La varicela es una enfermedad vírica aguda muy contagiosa presente en todo el mundo. Mientras que en la infancia es casi siempre un trastorno benigno, en los adultos tiende a adquirir mayor gravedad. En pediatría la varicela es la infección eruptiva más frecuente entre los menores de 12 años.
    Se estima que sólo un 10% de la población adulta puede llegar a contraer la enfermedad. Esto demuestra no sólo el alto riesgo de contagio sino también el hecho de que muchos adultos no padecieron la enfermedad. La gravedad de la varicela está relacionada con los síntomas generales y el número de lesiones.
    Además, las complicaciones por esta enfermedad aumentan con la edad. Puede ser mortal, especialmente en los recién nacidos y las personas inmunodeprimidas.
    El virus de la varicela-zóster (VZV), que es el agente causante, muestra poca variación genética y no tiene ningún reservorio animal. Tras la infección, el virus se mantiene en estado latente en los ganglios nerviosos y después de una reactivación ulterior puede provocar la aparición de herpes zóster, que afecta sobre todo a las personas de mayor edad y las inmunodeprimidas. El herpes zoster o “culebrilla” es una erupción muy dolorosa producida por el mismo virus que causa la varicela. Si el herpes se disemina demasiado puede poner en peligro la vida.
    La infección se produce por contacto persona a persona, a través de secreciones respiratorias o de las lesiones, o de manera indirecta por contacto con objetos contaminados por secreciones de pacientes infectados; los pacientes contagian desde uno a dos días antes de la erupción, hasta que todas las lesiones se han secado; las costras no son infectantes.
    La varicela se manifiesta con la aparición de lesiones en todo el cuerpo. Son pequeñas ampollas que producen picazón. Por lo general, se acompaña de fiebre y somnolencia. Se da en forma leve, pero se aconseja estar alerta ante algunas manifestaciones, como por ejemplo infecciones severas de la piel, infecciones respiratorias y del sistema nervioso central, entre otras. El herpes zóster se presenta como una erupción en la piel muy dolorosa porque provoca sensación de quemazón. La erupción típica (pequeñas ampollas rojas) se presenta a los dos o tres días, cuando el virus llega a la piel. Luego las ampollas van transformándose en pequeñas úlceras que al ir secándose van formando costras que se van desprendiendo en el períodos de 2 a 3 semanas dejando marcas rosadas en la piel. El tratamiento médico se basa en la utilización de fármacos antivirales como el Aciclovir. Si se utilizan las dosis correctas el dolor disminuye rápidamente y se reducen las posibilidades de complicaciones como la neuralgia postherpética.
    Se recomienda que un niño con la enfermedad permanezca en su casa hasta que los síntomas desaparezcan, debido a que la infección es muy contagiosa. La vacuna contra la varicela se encuentra incluida en el Calendario Nacional de Vacunación, para niños de 15 meses. Además, el programa de huéspedes especiales puede proporcionar la vacuna antivaricela por indicación médica evaluando la particularidad de cada paciente, como por ejemplo a prematuros, pacientes con HIV, pacientes oncológicos, entre otros. Por ser una vacuna de virus vivo, está contraindicada en quienes hayan tenido reacciones anafilácticas a los componentes de la vacuna, embarazadas, enfermedad severa, inmunocomprometidos o estén bajo tratamiento con corticoides sistémicos. La vacuna del herpes zóster está indicada para personas mayores de 50 años con venta bajo receta. La efectividad de la vacuna no es total, pero reduce en un 51,1% el riesgo de desarrollar la enfermedad. En las personas que se vacunan e igualmente desarrollan el trastorno, la inmunización reduce la intensidad del dolor agudo y el riesgo de la llamada “neuralgia postherpética”, que consiste en un dolor intenso en las zonas afectadas por el sarpullido, que puede persistir aun después de la desaparición de la erupción. Es severa y debilitante y puede persistir varios meses.

    Dr. Federico R. Simioli
    Médico Infectólogo – M.N. 134255