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  • Enfermedades de transmisión alimentaria

    20/5/2017

    Las enfermedades de transmisión alimentaria abarcan un amplio espectro de dolencias y constituyen un problema de salud pública creciente en todo el mundo. Se deben a la ingestión de alimentos contaminados por microorganismos o sustancias químicas. La contaminación de los alimentos puede producirse en cualquier etapa del proceso que va de la producción al consumo de alimentos (“de la granja al tenedor”) y puede deberse a la contaminación ambiental, ya sea del agua, la tierra o el aire.
    Los principales agentes etiológicos de las enfermedades de transmisión alimentaria son: bacterias (Listeria, Brucella, Vibrio cholerae), virus (Virus de la hepatitis A), parásitos (Toxoplasma gondi, Taenia solium, Echinococcus, Clonorchis sinensis) y Productos químicos y toxinas (aflatoxina, cianuro).
    La manifestación clínica más común de una enfermedad transmitida por los alimentos consiste en la aparición de síntomas gastrointestinales, pero estas enfermedades también pueden dar lugar a síntomas neurológicos, ginecológicos, inmunológicos y de otro tipo. La ingestión de alimentos contaminados puede provocar una insuficiencia multiorgánica, incluso cáncer, por lo que representa una carga considerable de discapacidad, así como de mortalidad.
    La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año las enfermedades diarreicas de transmisión alimentaria o hídrica se cobran la vida de 2,2 millones de personas, en su mayoría niños. La diarrea es el síntoma agudo más frecuente de las enfermedades de transmisión alimentaria; otras consecuencias graves son la insuficiencia renal y hepática, los trastornos cerebrales y neurales, la artritis reactiva, el cáncer y la muerte. La OMS ayuda a los Estados Miembros a dotarse de la capacidad necesaria para prevenir, detectar y gestionar los riesgos de origen alimentario. Entre las actividades realizadas por la Organización figuran la producción de datos de referencia y de datos sobre las tendencias relativas a las enfermedades de transmisión alimentaria, y la prestación de asistencia para poner en marcha infraestructuras adecuadas (por ejemplo, laboratorios).
    Las enfermedades transmitidas por los alimentos suponen una importante carga para la salud. Millones de personas enferman y muchas mueren por consumir alimentos insalubres. Los Estados Miembros, seriamente preocupados, adoptaron en el año 2000 una resolución en la cual se reconoce el papel fundamental de la “inocuidad alimentaria” para la salud pública. La inocuidad de los alimentos engloba acciones encaminadas a garantizar la máxima seguridad posible de los alimentos. Las políticas y actividades que persiguen dicho fin deberán de abarcar toda la cadena alimenticia, desde la producción al consumo.
    Dr. Federico R. Simioli
    Médico Infectólogo – M.N. 134255