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  • Misa y procesión en la parroquia Nuestra Señora del Carmen por la solemnidad del Corpus Christi

    19/6/2017

    Ayer, aunque en muchos casos se adelanta al sábado 17, se festejó la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi), conmemorando la institución de la Eucaristía que Jesús realizó en la Última Cena y que constituye el centro de la liturgia y del culto de la Iglesia católica.
    El Jueves Santo, que fue su día propio, fue una fiesta incompleta debido a la misma naturaleza de la Semana Santa en la que prevalece el recuerdo de la Pasión y Muerte del Señor.  La fiesta del Corpus Christi, en cambio, la Iglesia la celebra con solemnidad y pompa. A la misa se agrega una procesión pública con el Santísimo Sacramento, presidida por los obispos en las catedrales y por las máximas autoridades eclesiásticas en cada lugar.
    La comunidad de Nuestra Señora del Carmen no fue ajena a estos festejos y tal como habían organizado, ayer domingo; luego de la misa de las 11 horas, llevaron a cabo la procesión con el Santísimo Sacramento. La peregrinación alrededor de la plaza fue encabezada por el cura párroco Agustín Villa, acompañado de un nutrido grupo de fieles.

    “La Eucaristía nos recuerda el amor de Dios por nosotros”
    En la homilía de la Misa en el exterior de la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, y por la Solemnidad del Corpus Christi, el Papa Francisco compartió unas palabras con los católicos que se acercaron a escucharlo. Allí aseguró que la Eucaristía es el “sacramento de la memoria que nos recuerda, de manera real y tangible, la historia del amor de Dios por nosotros”. “En la solemnidad del Corpus Christi aparece una y otra vez el tema de la memoria: ‘Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer’. Nuestra historia personal de salvación se funda en el recuerdo de lo que el Señor ha hecho por nosotros”, dijo el Papa.
    “La memoria es importante, porque nos permite permanecer en el amor, recordar, es decir, llevar en el corazón, no olvidar que nos ama y que estamos llamados a amar”, agregó el Pontífice.
    No obstante, afirmó que esta facultad que Dios ha dado se encuentra hoy “debilitada” debido al “frenesí en el que estamos inmersos. “Eliminando los recuerdos y viviendo al instante, se corre el peligro de permanecer en lo superficial, en la moda del momento, sin ir al fondo, sin esa dimensión que nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos. Entonces la vida exterior se fragmenta y la interior se vuelve inerte”, advirtió.

     

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