El pasado viernes se llevó a cabo en Capital Federal una nueva movilización, donde distintos sectores de la sociedad civil, organismos de derechos humanos y diversas agrupaciones volvieron a reclamar por la aparición con vida de Santiago Maldonado, el joven desaparecido desde comienzos de agosto, quien fue visto por última vez durante un operativo llevado a cabo en la comunidad mapuche Pu Lof, en Cushamen, Chubut.
Entre los asistentes a la multitudinaria marcha, se encontraba Clivia Ricle, una docente de Campana, de 26 años de edad, quien resultó gravemente herida cuando el personal policial que desplegó un aparato represivo sobre la Plaza de Mayo, avanzó sobre los manifestantes que se desconcentraban del lugar.
En la tarde de ayer, LA VOZ mantuvo una comunicación telefónica con la joven, quien regresaba de un control médico en Capital Federal. Angustia, miedo y desesperación, fueron los sentimientos que describió cuando se le preguntó como estaba. Su estado no es casual; Clivia recibió el impacto de un proyectil a pocos centímetros del ojo, que le provocó la pérdida parcial de la visión (por el momento solo ve luces y sombras), y hasta ahora su pronóstico es reservado y no sabe si recuperará el sentido en su ojo derecho.
Sus palabras describen con total claridad lo ocurrido el pasado viernes. Clivia se encontraba en Plaza de Mayo junto a un amigo, en solidaridad con el reclamo por la causa de Santiago Maldonado. La joven, asegura que el desarrollo de la movilización fue completamente pacifico, hasta que, durante la desconcentración, ocurrieron los excesos de la fuerza.
Al terminar el acto, la reconocida banda Pez comenzó un show en el lugar; Clivia y su amigo permanecieron algunos minutos más allí, pues lo ocurrido había sido realmente importante para los presentes. Todo había transcurrido de manera normal, por lo cual decidieron quedarse en la zona, compraron algunas cosas para comer, y antes de emprender el regreso a sus casas, caminaron por las inmediaciones de la plaza. Allí, sobrevino el violento accionar.
Desde la zona de Catedral, advirtieron que se acercaba un cordón policial arremetiendo contra los manifestantes que aun quedaban en el lugar. En estado de shock, Clivia sacó su celular para registrar lo ocurrido, cuando un impacto logró desvanecerla y quitarle la visión: “No podía creer lo que estaba viviendo justo después de una manifestación que pedía la aparición de una persona”.
Más tarde, los médicos que la atendieron en el Hospital Argerich y luego en el Santa Lucía, le indicaron que el proyectil que impactó en su rostro no era una bala de goma, sino, posiblemente, algo similar a las municiones utilizadas en paintball. Su pelo y su mochila, al igual que su amigo, tenían rastros de una sustancia amarilla. Este mecanismo, fue utilizado por las fuerzas de seguridad para “marcar” a los manifestantes que más tarde serían aprehendidos en un cuestionable procedimiento.
Al caer al piso luego del impacto –y mientras era asistida por su amigo- Clivia pudo observar cómo el mismo efectivo policial que le había disparado a menos de diez metros, recargaba su arma para volver a atacar.
“Nos fuimos de ahí, llegamos a una esquina y unas chicas nos asistieron. Llamaron a una ambulancia y me llevan al Argerich. Ahí un médico pidió que me lleven a otro lado porque el hospital iba a colapsar, porque estaban llegando más heridos. Me aplicaron un calmante y me llevaron al Santa Lucía, donde dieron aviso a la policía porque yo había ingresado con una herida de proyectil”, contó la joven docente de Biología.
Lejos de terminar su pesadilla, a los pocos minutos se hizo presente en el lugar un móvil de la policía de la ciudad con un grupo de efectivo sin identificación –al igual que los que la habían lesionado-, que en diálogos pocos amables y prepotentes, le exigieron que concurriera a la Comisaría Nro. 18 a realizar la denuncia. A pesar del temor –dado que debía dar sus testimonio ante las mismas personas que la habían atacado-, varios minutos más tarde y después de intensas negativas, concurrió al lugar acompañada de un asesor legal que habían convocado junto a su acompañante. También, durante la noche, fue trasladada al Hospital Durand, donde le practicaron una tomografía computada, a fin de descartar traumatismos de cráneo o lesiones óseas. Tras realizar la denuncia, la joven pudo retirarse a descansar.
Clivia es afiliada al gremio de Suteba y agradeció el acompañamiento de las autoridades luego de lo ocurrido. Al momento, ya realizó las respectivas presentaciones y denuncias ante los organismos de derechos humanos; si bien sufre algunos dolores, por ahora sólo resta aguardar su evolución y que los profesionales médicos determinen si podrá recuperar la visión. Por otro lado, la experiencia le deja un lamentable recuerdo, con una postal preocupante de las fuerzas encargadas de velar por la seguridad de los ciudadanos, haciendo uso del monopolio de la violencia física, contra el pueblo y su manifestación.










