La semana comenzó con dos noticias impactantes para la comunidad: el triple crimen cometido en el barrio 6 de Agosto, y el homicidio del joven Javier Díaz, ocurrido en la vía pública, y cuyo autor de hecho, se encuentra detenido en una comisaría del partido de Escobar.
En lo que respecta al primero de ellos, el rápido accionar de la investigación a cargo del Dr. Juan José Montani, y de los equipos de la Dirección Departamental de Investigaciones, logró que en el transcurso de la semana se produjeran dos importantes detenciones, de quienes estarían involucrados en el sangriento hecho.
El suceso, sin duda, logró conmover a la comunidad, pues la vida de un niño en periodo de gestación se vio interrumpida de manera violenta por el accionar de un grupo de sujetos, que también se llevaron las vidas de dos jóvenes hermanas.
El reloj marcaba la 1.15 de la madrugada del sábado; según se sabe hasta el momento, al menos dos personas, entre las que se encontraba Orlando Guillen, un sujeto de 62 años, oriundo del barrio Lubo de Campana, y con antecedentes por delitos bajo la modalidad de entradera, estacionó el automóvil Ford Mondeo gris frente a una vivienda, ubicada en las cercanías del cruce de calle 4 y Pasaje Libertad.
Guillen no estaba solo; se presume, que el sujeto iba acompañado por Julio Cesar Reynoso, un hombre de 32 años, domiciliado en la calle Sáenz Peña 1553. Reynoso, también ostentaba un pequeño prontuario. Había sido pasado a disponibilidad desde el Servicio Penitenciario, donde se desempeñaba bajo el rango de Cabo. Allí, también estaba un tal “Claudio”. Su tarea en el golpe fue clave: fue el encargado de llamar en la vivienda ubicada frente al domicilio donde descansaban los hermanos Samuel y Heber Quispe, sus parejas, Sergia Matilda y Carmen Rosa Llanos García, esta ultima embarazada de siete meses.
Los sujetos, descendieron del automóvil y recorrieron toda la cuadra. En el silencio de la noche, resaltaban los ladridos de los perros del barrio. Contemplando este factor, que podía alterar los planes, comenzaron a repartir entre las viviendas pequeños trozos de carne molida, embebida en una sustancia nociva para las mascotas. Poco a poco, los elementos de riesgo se iban eliminando.
Fue entonces, cuando se dio origen a la segunda fase del plan. Establecer un lugar estratégico para el ataque. “Claudio”, eligió una vivienda; pero lejos de improvisar en el tema, eligió el domicilio de una persona a quien conocía. Golpeó. El vecino salió y de inmediato las pistolas 9mm que portaban los delincuentes se posaron frente a sus ojos. “Andate que tenemos que hacer un trabajo”, le dijeron. Sin muchas preguntas, sorprendido y con cierto temor, el dueño de la vivienda se fue. Los delincuentes tenían ahora un sitio estratégico donde hacer base y pergeñar el plan, ubicado frente al objetivo. La segunda fase había sido conquistada.
Allí permanecieron poco más de dos horas. Al plan, se sumó otro colaborador. Cuando el dueño de la vivienda volvió cerca de las cuatro de la mañana a su domicilio, uno de los sujetos, que se encontraba en el automóvil, le insistió en que se retire, pues aun no habían finalizado la misión.
El plan era específico. Irrumpir en la vivienda de las familias Quispe-Llanos García, reducir a todos los ocupantes, encontrar el dinero y escapar del lugar. Una tarea sencilla para quienes ya habían operado bajo esas técnicas. Durante más de dos horas, los delincuentes discutieron y organizaron el plan. Prepararon allí una maza, y algunos guantes de látex. Cerca de las cuatro de la madrugada, los sujetos ingresaron al domicilio de la familia Quispe, rompieron una reja de la ventana trasera de la vivienda y lograron acceder al interior de la construcción, a la vez que vociferaban insultos y blandían sus armas de fuego.
El plan seguía su curso según lo diagramado. Primero, redujeron a todos los ocupantes y los condujeron a una habitación. Luego maniataron a los hombres de la casa, los hermanos Quispe, y el padre de las hermanas Llanos García. Las mujeres, quedaron sin ataduras, en el suelo junto a sus parejas.
El escenario estaba controlado, y el objetivo, hacerse con botín de 50 mil pesos, estaba al alcance de las manos. Pero de un momento a otro, todo cambió y sobrevino la masacre.
De los tres delincuentes que se encontraban dentro de la vivienda, dos de ellos comenzaron a recorrer las habitaciones en busca del efectivo, según las indicaciones brindadas por los hermanos. El tercero, se quedó custodiando a la familia; pero una sensación de sorpresa lo invadió de un momento a otro. Los hermanos Quispe habían sido liberados por una de las hermanas, y se habían abalanzado sobre él, buscando desarmarlo y reducirlo. En el tumulto, se produjeron golpes de puño y forcejeos. Hasta que las detonaciones, provocaron un estruendo ensordecedor que retumbó en varias manzanas a la redonda.
Según investiga el Dr. Montani, un cuarto delincuente habría abierto la ventana de la habitación, abriendo fuego sobre el bulto de personas que protagonizaban la reyerta dentro de la habitación. De manera indiscriminada y desprolija, las detonaciones enviaron proyectiles que tomaron destinos inciertos.
Sergia Matilda murió en el acto, tras recibir un disparo en su cabeza. Carmen Rosa, también fue alcanzada por una bala, y logró sobrevivir algunos minutos más a pesar del profuso sangrado. La misma suerte corrió su hijo, quien alcanzó a nacer en el Hospital Zonal virgen del Carmen, pero no resistió.
Ambos habían llegado al lugar en un automóvil particular; junto a ellos, también estaban los hermanos Quispe, uno de ellos herido de bala en el abdomen, mientras que el otro en el antebrazo.
A esa hora, los delincuentes ya habían huido sentido a la ciudad de Campana; el dominio del Ford Mondeo, había sido leído por el sistema de detección de patentes ubicado en avenida Lavalle. El plan había perdido su rumbo, y ellos habían perdido la atención en los detalles.
Este elemento, fue decisivo para los investigadores de la DDI que, en pocas horas, lograron dar con Guillen en su vivienda del barrio campanense, donde llevaba, en apariencia, una vida familiar. Guillen, era buscado por el fiscal Dr. Alejandro Irigoyen, quien investigaba una entradera cometida en la vecina ciudad, con características similares en el proceder. Reynoso, en cambio, fue identificado por las huellas dactilares que dejó marcadas en distintos sitios de la casa del vecino.
Cómo avanza la causa
Reynoso y Guillen, hoy permanecen alojados en dependencia policial; fuentes judiciales sostienen que las evidencias son más que contundentes para probar su autoría en los hechos, y en otros cometidos en ambas ciudades.
Por estos días, los investigadores se encuentran abocados a identificar y ubicar al tercer participante del hecho (alias “Claudio”), y posiblemente, a un cuarto miembro de la banda; Montani, aguarda que en el transcurso de la semana los hermanos Quispe logren mejorar su estado, para volver a tomarles declaración y generar así, un aporte más significativo en la investigación. La causa sigue caratulada como “Homicidio criminis causae”, consumado en tres oportunidades, y la misma calificación en grado de tentativa por el ataque a los hermanos Quispe.











