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  • Semenzín, con propuesta renovada y la misma identidad

    27/9/2018

    En el imaginario colectivo de la ciudad, decir Semenzin remite ineludiblemente a las tradicionales heladerías que desde hace varias décadas, forman parte de la vida de los zarateños. Hoy, con una propuesta renovada, pero manteniendo la identidad y la tradición, sus desarrolladores dan continuidad del legado histórico de quienes iniciaron el emprendimiento.
    Para comprender el devenir de esta empresa familiar, resulta inevitable recordar la figura de Roberto “El Chacha” Semenzin, quien con su incansable trabajo al frente del proyecto, imprimió como un legado, el amor y la pasión por el oficio que hoy dan continuidad Antonela Semenzin, su hija, y Alfredo Valenzuela, su yerno.
    Pero no sólo fueron las enseñanzas de Roberto las que recibió la pareja que hoy asume el desafío, sino que con el valor de un tesoro, les entregó la receta familiar, es decir, el paso a paso para lograr la característica calidad artesanal de los helados Semenzin. “Se levantaba a las 10.30 y se instalaba en la heladería, y ahí se quedaba hasta las 2 de la mañana que era la hora de cierre. Tomaba algo y luego se dormía. Cuando tuvo problemas de salud, tuvo que empezar a ir menos a la heladería”, cuenta Antonela sobre Roberto.
    Pero esta historia, comienza un poco mas atrás; cuando se abrió la primer sucursal de las heladerías Semenzin, ubicada sobre calle Justa Lima. En el capital emotivo de los zarateños, todavía habitan, como si fuera un cuento, aquellos juegos infantiles, conocidos como “kiddies”, ubicados en las puertas de Semenzin, que no solo ofrecía helados tradicionales, sino momentos que quedarían grabados en la retrospectiva sensible de niños y adultos.
    Por aquellos años, Antonela aun era una niña. Hoy, cuando ingresa al local recientemente inaugurado en calle Brown 324, aquellos recuerdos se le reproducen como un film al sentir el aroma de la preparación de los helados. Uno de esos regalos que ofrece la memoria emotiva.
    Al cerrarse el local de Justa Lima, varios años después, la sucursal fue trasladada a otro espacio ubicado sobre calle Castelli, a metros del cruce con Justa Lima, hasta que, por cuestiones de salud, en 2015 Roberto debió dejar de ir, pero no sin antes acompañar a Antonela y Alfredo en la instalación de un nuevo local. Ahora, asumían un nuevo desafío: el de cursar un nuevo emprendimiento, pero con el peso de la tradición y la calidad que lleva la marca.
    El nuevo local, esta vez gerenciado por la joven pareja, se ubicó en calle Independencia, entre Justa Lima y 19 de Marzo, donde permaneció hasta abril de este año cuando cerró sus puertas, pero no con un sentido definitivo, sino todo lo contrario.
    “Nuestra receta es la tradicional, con calidad premium. Utilizamos materia prima de primera calidad, es una receta que ellos fueron creando en la década del ‘50”, cuenta Alfredo, quien en un gesto de confianza recibió la fórmula de Roberto.
    Según cuentan, el oficio heladero es una cuestión de familia. Un familiar de quienes iniciaron el desarrollo en Zárate, se ganaba la vida en Capital Federal con la producción de helados. Allí, hace varias décadas, fueron a capacitarse en el oficio, en vistas de montar en la ciudad el proyecto.
    Al cerrarse el local de calle Independencia, Antonela y Alfredo iniciaron la búsqueda de un espacio con mayor comodidad. En mente, no tenían la idea de una heladería plástica, superficial, efímera, sino que la propuesta apuntaba a fortalecer la identidad y la tradición, con un giro aggiornado. Fue así, que se brindó ante ellos la oportunidad del local sobre calle Brown. Un dato curioso, y no menos casual: Ese lugar, fue el elegido por Roberto cuando ellos comenzaron su camino; también, fue el local de heladerías Roca y, más atrás en el tiempo, en 1907, funcionó allí “Heller”, la primer heladería y churrería de la ciudad.
    “Este local estaba en la mira desde hace años, trae sentimiento y un poco de historia”, dice Antonela, y agrega: “Estamos muy contentos por lo que se dio en este local, con el impacto que tuvo en la gente; lleva ese peso de la trayectoria que es muy importante. Le ponemos muchas ganas yestamos muy entusiasmados. Siempre tuvimos el apoyo de mi papa, que le dio a Alfredo la receta y estamos muy contentos con la repercusión de la gente”.
    El pasado martes 4 de septiembre tuvo lugar la gran inauguración en calle Brown. Decenas de personas participaron del evento, que se desarrolló en una fecha sumamente especial para los emprendedores: “Elegimos esa fecha porque era el cumpleaños de mi papá, para nosotros fue como agradecerle y homenajearlo por habernos ayudado desde un inicio. Sabemos que sabe dónde estamos”.
    Decíamos que la tradición, la calidad y la trayectoria son las piedras basales de la apuesta, con un camino marcado del cual, con esfuerzo y trabajo diario, Antonela y Alfredo buscan no correrse. Para eso, y pensando en la satisfacción del cliente, sumaron a sus servicios la opción de cafetería, no solo para atacar los días de la época invernal, sino para ampliar el horizonte de alternativas a quienes se acerquen al local.

    Según cuentan, el oficio de heladero es una cuestión de familia.

    El local inaugurado recientemente en Brown 324.

    La calidad esta en lo artesanal
    La producción del helado está a cargo de Alfredo, quien hizo propias las directivas de Roberto; la fábrica, ubicada en la zona posterior del local, habla a las claras de su personalidad meticulosa, prolija y pulcra. Alfredo se toma el oficio en serio, y selecciona las frutas que luego utilizará en la producción. “La base genuina de todo es la fruta, es lo que da la calidad y el sabor. Eso lo fui aprendiendo con Roberto, hice cursos y fui aprendiendo sobre la marcha. Me gusta mucho, para mi la marca es sinónimo de calidad y es lo que tengo que seguir a rajatabla”, cuenta.
    En este momento, Semenzin ofrece cerca de 50 sabores, con stock permanente. En el podio de los sabores preferidos por los zarateños, el dulce de leche se lleva todos los laureles, y es seguido de cerca por la frambuesa que, junto a los otros sabores frutales, escala posiciones en temporada de verano. También, como parte de la actualización del perfil, Semenzin tiene a disposición helados light y variedades para celíacos. Además, cuentan con el servicio de delivery, aunque la confortabilidad del local, invita a pasar un momento allí.
    “La gente asocia mucho este local con lo que era Justa Lima, y se va muy contenta; nos esperan para saludarnos, lo que para nosotros es un gran detalle. Queríamos mantener lo que era el concepto de la heladería tradicional, como mi viejo nos enseñó, con la cartelera llena, que la gente pudiera elegir”, describe Antonela.
    Por su parte, Alfredo agrega: “Queremos mantener esto, el camino es tratar de seguir creciendo acá, manteniendo la calidad, el stock permanente y ofreciendo un buen servicio familiar y tradicional”. Y haciendo referencia al legado recibido, cierra: “Que una persona de tanta trayectoria te confíe algo tan importante, no tiene precio”.

    Alfredo Valenzuela y Antonela Semenzín.