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El heroico triunfo en la cuesta de Chacabuco

Quien ha tenido la suerte de atravesar la cordillera de los Andes por tierra desde Mendoza hacia Santiago de Chile,- impresionándose por la majestuosidad de esas montañas, la aridez del espacio y los hilos de agua que la atraviesan-, se ha topado con un lugar icónico en la historia de la independencia sudamericana: la cuesta de Chacabuco. Una pequeña cadena montañosa que corre de forma transversal entre la Cordillera de los Andes y la Cordillera de la Costa, en la zona central de Chile y que es parte de la Autopista Los Libertadores que une las Ciudades de San Felipe y Los Andes con Santiago de Chile.
La emoción invade a quien observa ese terreno pedregoso, árido con solo una vegetación de espinos y algunas hierbas, y seguramente se pregunta cómo es que en ese espacio tan hostil hace hoy 202 años, el ejército de los Andes al mando del general San Martín obtuvo un triunfo bélico trascendente contra los españoles para lograr la independencia chilena. Y no deja de admirar y sorprenderse de la heroica hazaña que fue el cruce de los Andes de ese ejército sanmartiniano y del talento militar y estratégico de su conductor.
San Martín había escrito tras el heroico cruce: “Nuestra fuerza reunida debe cargar al grueso del enemigo hasta deshacerlo en la primera acción y tomar la capital enemiga, para huir al gravísimo inconveniente de demorar la guerra y que unas campañas se sucedan a otras”.
Y le escribía el 14 de febrero a su amigo Manuel Belgrano: “Después de una marcha de dieciocho días por la asperísima Sierra de los Andes, asomó a Chile la cabeza de mi Ejército el 4 del corriente y, tras dispersar a la guardia enemiga en Achupallas, habían entrado en Chile. Tal como era el plan, el 8 de febrero las dos divisiones principales se reunieron, y al grito de “viva la patria” liberaron las dos primeras poblaciones trasandinas, San Antonio y Santa Rosa, para el día 12 tener la primera batalla. “En las llanuras de Chacabuco: el enemigo, en número de más de dos mil, sostuvo un vivo fuego de fusil y cañón, pero fue absolutamente derrotado. Dejó en el campo de batalla más de seiscientos muertos, quinientos y tantos prisioneros […], mil y más fusiles, dos piezas de artillería, cantidad de municiones. Los que murieron de los nuestros no alcanzan a cincuenta.” Así se lo contaba en esa carta a Belgrano, entonces nuevamente al frente del Ejército del Norte, a dos días de los hechos, con un saludo que habla del respeto y aprecio que le tenía: “La jornada feliz de Chacabuco ha restituido a Chile el goce de su libertad. Anúnciolo a vuestra excelencia para su satisfacción, la de ese Ejército y pueblos de su mando”.
Una copla popular creada después por los soldados de San Martín en los fogones decía:
“Día doce de febrero
Entre la una y las dos
Se dio la primera voz/
A sable los granaderos.
En Chacabuco empezó
Poco a poco el tiroteo,/
Hasta que con más aseo/
Vivo fuego se encendió
Un duro cuadro formó
El enemigo severo,
Haciéndonos muy ligero
Tal resistencia, de modo
Que quiso perderlo todo
Día doce de febrero”.
Asociación Cultural
Sanmartiniana de Zárate