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  • La carta de un salvavidas que habla de la playa del horror

    27/1/2020

    La carta de un guardavidas que trabaja en la costa atlántica se viralizó en las últimas horas por su cruda descripción sobre el descontrol en Villa Gesell​, escenario del crimen de Fernando Báez Sosa (18).
    El joven, identificado en Facebook como “Teb Musica”, contó que “en lo que va de la temporada”, en su sector “ya se pidieron más de cinco ambulancias para trasladar gente convulsionando”, todos ellos jóvenes intoxicados.”No es muy difícil la suma: alcohol + droga = cocktail = convulsión”, explicó.
    Además, advirtió por el contexto violento al que se expone, al revelar que muchos jóvenes, descontrolados, llegaron a agredirlo física y verbalmente por hacer su trabajo: “A veces no se qué contarle a mi familia para que no se preocupe”.
    El guardavidas, que según su perfil en la red social también parece ser músico y en momentos del año se va a trabajar al exterior, lamentó que las autoridades reaccionaran aumentando el control recién después del asesinato de Fernando. “La playa no es ‘la del horror’, como dicen. El horror es que tenga que pasar lo que pasó para que se tomen medidas como las que ya todos ven en los medios”, cerró.
    La carta, publicada el jueves a la noche, cuando ya había más policías y no se podía consumir alcohol en la vía pública, cosechaba este sábado a la tarde más de 10.000 “compartidos”, 7.500 reacciones y 200 comentarios.
    Esta es mi 5ta temporada trabajando de Guardavidas en la playa que llaman “la del horror” y me gustaría contarles desde mi corta experiencia las cosas que vivimos a diario acá.
    Muchos de nosotros levantamos bandera a las 8 y sabemos que llegar al puesto es una lotería, una caja de sorpresas, claro, todos los días tenemos un after en la playa con gente que salió la noche entera, la mayoría alcoholizados y drogados. Hemos tenido que meternos al agua sin todavía poder acomodarnos en nuestros puestos, vestidos y sin elementos de seguridad.
    El día “comienza” y aparecen las manadas de jóvenes con conservadoras cargadas de alcohol. Se escuchan los primeros mega parlantes sonar a todo volumen, se huelen los primeros porros, se ven los primeros “duros” y claro, los que siguen desde temprano “de rola” con la pasti que nunca termina están como un robotito repitiendo un paso que ni ellos ya controlan.
    Nuestro trabajo no es solamente mirar el agua y que nadie se ahogue sino también atender primeros auxilios, pero pasamos de un corte, una picadura de agua viva, una baja de presión, a limpiar espuma en la boca, atender comas alcohólicos, entablillar y trasladar en ambulancia a pibes con signos vitales indescifrables.
    En lo que va de la temporada, en mi sector ya se pidieron más de 5 ambulancias para trasladar gente convulsionando. No es muy difícil la suma: alcohol + droga = cocktail = convulsión.
    En fin, prevención por acá, rescate por allá, no se metan ahí, criaturas solas en el agua, borrachos violentos, miles de nenes perdidos, gente invadiendo nuestro espacio de trabajo (delimitado), grupitos de pibes pateando pelotazos en lugares mínimos, botellas que vuelan, etc. Tratamos de explicar amablemente cuando le llamamos la atención a alguien y las respuestas son cada vez más violentas, agresivas e insólitas.