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  • Máscaras faciales para la comunidad durante la crisis de COVID-19

    18/4/2020

    COVID-19 es una enfermedad grave que actualmente no tiene tratamiento o vacuna conocida y se está propagando en una población inmunológicamente susceptible. Las muertes aumentan abruptamente y los sistemas de salud se encuentran bajo presión.
    Es hora de aplicar el principio de precaución. El principio de precaución es una estrategia para abordar los problemas de daño potencial cuando se carece de un amplio conocimiento científico sobre el tema.
    La evidencia basada en la eficacia y la aceptabilidad de los diferentes tipos de mascarillas para prevenir las infecciones respiratorias durante las epidemias es escasa y controvertida.
    Esto plantea una pregunta ética: ¿deberían los encargados de formular políticas aplicar el principio de precaución ahora y alentar a las personas a usar máscaras faciales alegando que tenemos poco que perder y potencialmente algo que ganar con esta medida?.
    La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda barbijos solo para aquellos con síntomas sugestivos de COVID-19, indicando que éstos deberían reservarse para los trabajadores de la salud.
    Sin embargo la OMS reconoce que el uso de barbijos por parte del público en general tiene un lugar en las pandemias graves, ya que incluso un efecto protector parcial podría tener una influencia importante en la transmisión.
    Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de USA originalmente aconsejaron al público no usar barbijos durante la pandemia de COVID -19, pero este consejo se actualizó el 4 de abril de 2020, recomendando sobre el uso de cubiertas de tela para cara, especialmente en áreas de transmisión significativa en la comunidad.
    Existen, por supuesto, importantes contraargumentos, incluida la posibilidad de una falsa sensación de seguridad y la reducción del cumplimiento de otras medidas de prevención.
    Se proponen dos hipótesis que deben probarse con urgencia en experimentos naturales.
    La primera es que, en el contexto de COVID-19, a muchas personas se les puede enseñar a usar barbijos adecuadamente y lo harán de manera consistente sin abandonar otras medidas importantes contra el contagio.
    La segunda es que si existe voluntad política, la escasez de barbijos puede superarse rápidamente aumentando la capacidad de fabricación, algo que ya está sucediendo de manera informal.
    En conclusión, ante una pandemia, la búsqueda de evidencia perfecta puede ser el enemigo de una correcta política.
    Las máscaras faciales son simples, baratas y potencialmente efectivas y tanto dentro como fuera del hogar podrían tener un impacto sustancial en la transmisión de la infección, con cierto impacto en la vida social y económica.
    Recordar que las medidas más importante para prevenir el COVID-19 son el lavado de manos y el distanciamiento social.