• Hoy 25 - Zárate - 19° / 20.4°
    • Lluvia
    • Presión 1013 hpa
    • Humedad 58%
  • Tres generaciones de docentes cuentan sus experiencias en el aula

    11/9/2020

    “Una profesora sagrada”

    Marta, en el repaso de su carrera como docente trajo el recuerdo de Marta Ibar, quien actualmente tiene 97 años y fue su docente de primer grado del Colegio Sagrada Familia. Luego la vida se encaprichó con que “el círculo se cierre” y Marta Aguirre terminó siendo docente de primer grado del hijo de Marta Ibar. “Seguramente yo tenía 6 años y ella tenía 18, ella era docente recién recibida y le asignaron primer grado en el Sagrada Familia, como a mí”, dijo riendo Marta Aguirre. Según ella calcula, fue en el año 1942. Y como la emoción de Marta era muy grande al recordar a su docente de primer grado, además del resto de las vinculaciones surgidas, es que también quiso que se encuentre su testimonio en este Día del Maestro.
    “Ser docente antes era menos complicado que hoy. La sociedad era otra y la palabra del docente era otra, tenía más valor. Hoy, lamentablemente, las docentes no tienen ese peso y muchas veces el propio docente es quien da pie a esto. Yo la considero una profesión sagrada”.
    Ella se inició como docente en el Sagrada Familia, luego pasó por la Escuela 24 de Villa Angus por unos trece años, otros dos años y medio en la Escuela 4 y se jubiló en la secretaría de Investigación Educativa.
    “Hay que aclarar que enseñar siempre es una tarea difícil porque cada alumno responde de forma diferente y sus familias, en función de ello, también. Antes se cursaba hasta sexto grado, y los alumnos tenían un mayor nivel de conocimientos que en la actualidad. Pero no tienen la culpa los docentes, porque si una docente sola busca un cambio es como una mosca blanca. Lo que debe tener es un acompañamiento continuo de sus directivos, del gobierno de turno y de los planes de formación docente. Siempre digo que llevará dos generaciones un verdadero y profundo cambio y que se pueda retomar el sendero de la educación de calidad, con acompañamiento de los familiares, del alumnado y con un objetivo claro de que se trata de algo sagrado, concluyó Marta.

    Marta Ibar.

    Maestra de vocación y gramialista

    Desde muy chica quiso ser profesora de matemáticas, porque le gustaban los problemas y las ecuaciones. Pero lo que más marcó la vida de Marta Aguirre fue cuando decidió, a los 13 años, instalarse en Capital Federal, en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia de Buenos Aires, en la calle Cabildo. Ella era muy mimada en su familia pero llegado el momento no dudó en viajar en tren y ser pupila de este reconocido colegio manejado por monjas cordobesas. “Lloraba para que me dejasen ir. Y me acuerdo que era muy costoso pero mi papá era comerciante y le iba bien; así que lo pudo pagar. Y los tres primeros años del ciclo básico lo hice allí”, recuerda hoy Marta, a sus 85 años.
    Dueña de una mente lúcida y sagaz, responde cada pregunta como si los hechos estuviesen sucediendo en ese mismo instante, mirando su vida pasar.
    “Luego sucedió que me enamoré y quise regresar a Zárate. A los 14 años conocí a Carlos Huarte, mi marido. Por lo tanto finalicé mis estudios en el Normal de Campana y me recibí de docente a los 17 años”, recuerda.
    Párrafo aparte merece la vida de Carlos Huarte, quien es una gloria del deporte zarateño porque fue un wing izquierdo de renombre, que llegó a jugar en la primera división del fútbol argentino en Banfield y River.
    Ya recibida y con su pareja formalizada, a los 18 años tuvo su primer trabajo como docente en el Colegio de Hermanas, hoy Sagrada Familia, al frente de un numeroso primer grado. “A los 19 años me casé y dejé el colegio. Luego me pasé al ámbito estatal. Fui docente en la escuela 21 de Villa Florida, un raudo paso por la 23 de Villa Massoni y después en la Escuela 10, donde me quedé hasta mi jubilación y pasé por varios grados”.
    Su hermana Elsa también eligió la docencia, sin embargo no recuerda o, por lo menos no logra dilucidar, por qué ambas se volcaron a esta vocación.
    Hoy en día Marta tiene a su lado a una gran familia, tres hijas: Patricia, Gabriela y Andrea; de las cuales sólo Gabriela siguió con su profesión. Aparte tiene 8 nietos y 5 bisnietos.
    “La escuela 10 me marcó mucho a nivel humano y profesional. Tengo que reconocer que antes la vocación docente era diferente; había más respeto y todo tendía a superarnos como profesionales; lo que también se transmitía al alumnado. Se apuntaba a la excelencia de la escuela pública porque también había mucho compromiso de los padres. Era una situación mixta, directivos, docentes, alumnado y familia. Y claramente aprendimos mucho de la vicedirectora de la escuela en ese momento, Beatriz Arteaga de Íbar”, comentó con cierta nostalgia, Marta.
    También fue gremialista, estuvo en la mesa directiva de la Federación de Educadores Bonaerenses de La Plata y la hermana de su esposo fue María Angélica Huarte de Ferrabosco, una de las gremialistas docentes más importantes de la historia zarateña y de la Federación de Educadores Bonaerenses. Con lo cual la relación con el ámbito gremial siempre fue estrecha por las vinculaciones familiares y las convicciones de que la profesión docente es crucial a los fines educativos.
    “A una docente que recién se inicia en esta grandiosa vocación, lo único que puedo decirle es que den el ejemplo siempre. Que se animen a esta vocación con mucho compromiso pero que guarden la presencia y la educación, como así también el respeto por el alumnado y sus familias. Hace un tiempo me tocó ver a una docente que iba a trabajar en ojotas y en short. Y me llamó la atención que no guardara su presencia. Otra cosa que veo hoy en día es que las docentes buscan imponerse a los gritos, trasladando los nervios a todo el alumnado”, reflexionó.
    “Reconozco que mi generación fue reprimida, nos criamos con otros paradigmas sociales más allá de las crianzas que nos pudieron dar nuestros padres. Y lo que siento es que pasamos de algún tipo de orden militar al desorden, a la insolencia, a la falta de respeto y a la falta de valores. Por lo tanto lo que está fallando es la escuela pero también la casa de cada uno de los alumnos. Pero siempre están las palabras sagradas con las que nos criaron y que hoy siguen siendo claves para cualquier relación humana, y que deberían practicar en la docencia tanto los maestros como los alumnos; buenos días, permiso, muchas gracias, disculpe”, concluyó Marta Aguirre.
    Al finalizar la entrevista, su mirada se perdía en el horizonte del este, como esperando que la educación vuelva a brillar como la intensidad de un mediodía, de ese mediodía.

    Marta Aguirre.

    Cómo educar en la pandemia

    “La verdad es que aprendemos todos los días, aprendemos de nosotras mismas, de los chicos, de la tecnología y en el camino de buscar estrategias que nos acerquen, para poder seguir llevando la información necesaria. Es por ello que trabajamos conectados por whatsapp, con cuadernillos pedagógicos enviados por la dirección provincial; y doy fe que docentes de grados superiores están aplicando todas las plataformas virtuales conocidas, como zoom, para poder desarrollar actividades y clases”, explicó Alicia Vichette, quien desde hace 20 años que trabaja en la escuela 6 de Villa Fox.
    “Y lo más importante, en estos momentos, es estar en contacto con las familias; para saber qué necesitan y en qué podemos ayudarlos. Aparte saber cómo están los niños. Esa es la función principal en esta pandemia”, comentó la docente de segundo grado.
    “En esta escuela formamos un gran equipo y tratamos de consultar y acompañar a las familias. Uno enseña pero también estamos para contener; ya que luego de tantos días de pandemia comienzan a aparecer otros problemas, como el económico, que termina afectando mucho a la unidad familiar. Hasta hemos tenido casos de familia con Covid, con quienes siempre nos mantuvimos conectados”, agregó Vichette; quien reconoce ser una defensora de la escuela pública.
    “Cada familia está haciendo un esfuerzo terriblemente grande, muy valorable. Le pone toda la dedicación en la continuidad pedagógica atravesando una pandemia que nos afecta a todos. Pero rescatando siempre lo positivo, podemos decir que esta pandemia hizo que los docentes nos acerquemos mucho más a las familias en función de conocerlos, de saber qué sienten, qué les pasa. La escuela 6 es una escuela muy grande y con una matrícula muy diversa.
    Pero somos conscientes de que en esta pandemia, tenemos una profesión que tiene esa magia; la de darnos la posibilidad de acercarnos a las familias porque nuestro objetivo es la educación de los chicos, y acercarnos a ellos es maravilloso”, concluyó.

    Alicia Vichette.