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  • Nobel de Medicina para los científicos que descubrieron virus de la hepatitis C

    13/10/2020

    La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Stockholm distinguió con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología a los investigadores Harvey James Alter (Estados Unidos), Michael Houghton (Reino Unido) y Charles Moen Rice III (Estados Unidos) por sus aportaciones al descubrimiento del virus de la hepatitis C.
    El jurado subrayó la “contribución decisiva” que estos científicos han hecho para combatir un patógeno que es capaz de provocar enfermedades como la cirrosis o el cáncer de hígado.
    Alter, Houghton y Rice hicieron posible la identificación del virus, contra el que ya se han desarrollado fármacos efectivos. Tras la identificación de los subtipos A (transmitido por consumir alimentos contaminados) y B (que se transmite a través de la sangre y los fluidos corporales), los científicos seguían sin poder explicar un porcentaje considerable de casos de hepatitis crónica, que provocaba importantes problemas de salud. Tenía que haber otra cosa, otro agente desencadenante que aún no se había podido descifrar.
    Con esa idea en la cabeza trabajaba Harvey Alter que, a fines de la década de 1970 investigaba en los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos la incidencia de casos de hepatitis en personas que habían recibido una transfusión sanguínea.
    Hacía poco tiempo que los test para detectar el virus de la hepatitis A y B estaban disponibles, pero en muchos casos, esas pruebas seguían dejando sin explicación la existencia de la enfermedad. Preocupado por la transmisión de la hepatitis a través de las transfusiones sanguíneas, Alter profundizó sus estudios y pudo demostrar que si se transfundía sangre de un afectado a chimpancés, los animales también desarrollaban la enfermedad.
    La causa, demostraron posteriormente los estudios, era un agente infeccioso con las características de un virus.
    Sin más datos a los que agarrarse, al principio la enfermedad recibió el nombre de “hepatitisno A y no B”. Fue Michael Houghton, desde la compañía farmacéutica Chiron, quien asumió la tarea de aislar la secuencia genética del virus. Como si de armar un puzle se tratara, su equipo fue recopilando fragmentos de ADN hallados en la sangre de chimpancés infectados y estudiando anticuerpos en muestras de sangre de pacientes afectados.
    Gracias a un pormenorizado trabajo, finalmente pudieron identificar a un virus del género Flavivirus que recibió el nombre de virus de la hepatitis C.
    Era 1989. Finalmente, el estudio de anticuerpos en pacientes de hepatitis crónica cuyo origen no se había podido determinar demostró que aquel era el agente que llevaban tanto tiempo buscando.
    Quedaba por determinar si el virus, por sí mismo, era capaz de desencadenar la aparición de la enfermedad, una cuestión que pudo desentrañar Charles Rice, desde su laboratorio en la Washington University de St. Louis (Estados Unidos).
    Mediante ingeniería genética, el investigador creó una variante RNA del patógeno que, inyectada en el hígado de chimpancés, provocaba, por sí misma, el desarrollo de la enfermedad, lo que confirmó la relación causal entre el nuevo virus identificado y el daño hepático.
    Hoy en día, gracias a las aportaciones de los tres científicos, se han desarrollado test de detección que han eliminado la transmisión del virus a través de las transfusiones sanguíneas.
    Pero, además, sus hallazgos también han permitido el desarrollo de fármacos antivirales que hacen posible la curación de la enfermedad.

    Dr. Federico R. Simioli Médico Infectólogo M.N. 134255 M.P. 551400