Desde la unificación de Italia (1861), el nuevo Gobierno toma en cuenta que la Península no podía contener a todos sus habitantes y que había miserias, pestes, guerras y carestías. La política migratoria se puso en marcha con los proyectos de atraer inmigrantes con facilidades de países como Argentina.
Se inicia entonces la emigración masiva entre 1878-1925 llegaron aquí 2,5 millones de italianos, un “aluvión inmigratorio”. Humildes trabajadores, pero también individuos prestigiosos, con ideas, principios, filosofías.
El filósofo español Julián Marías recordaba que las ideas del genovés Giuseppe Mazzini tuvieron mucho que ver con los principios que dieron vida a la Argentina y decía con justicia que el país podía llamarse “la única república ítalo-española del planeta”. Otro “aluvión”, más acotado, se dio tras la II Guerra Mundial. Se habló de otros 500 mil. Ya no eran campesinos como antes sino, en general, trabajadores urbanos, artesanos, obreros. Fue el momento de los talleres que, en tantos casos, devinieron luego fábricas y hasta grandes firmas internacionales, ya con colores argentinos. Hubo nombres señeros: Sabio, Rocca, Pescarmona.
Volviendo en el tiempo y concentrándonos en Zárate, los italianos fueron la inmigración mayoritaria, y como era costumbre solidaria, se agrupaban, se ayudaban unas familias a otras, traían a sus parientes, se casaban tenían hijos que se fueron haciendo argentinos gracias a la educación sarmientina.
La inmigración italiana fue muy importante en Zárate, a fines del siglo pueblo une pronto se convertirían en ciudad bonaerense, con futuro: una posición estratégica interesante a orillas del Paraná de las Palmas, ricos campos para labranza, nacientes industrias y actividad comercial importante como consecuencia.
La inmigración italiana impíos su impronta en muchas actividades y oficios, aportando su rica cultura y su gen de trabajo esforzado.
Como tantos otros grupos de inmigrantes (españoles, franceses, austro húngaros, portugueses) los italianos comenzaron agruparse en sociedades mutualistas. Primero hubo dos Operai Italiana y Sociedad Italia hasta que el 2 de agosto de 1908 se fusionan y nace la actual Sociedad Italiana de Zárate.

Su primer presidente Giacomo Filippone
Hasta en el 2 de agosto de 1908 el pueblo de Zárate tenía dos entidades mutualistas italianas “Operai italiani” con sede en la Sociedad Argentina y “Operai Italia” ubicada en Castelli 854, edificio que después fue sede del Sindicato de la Carne, funcionó el Cine Unión y hoy la Mesa Coordinadora de Jubilados.
En esa fecha 2 de agosto de 1908, se produce la fusión de ambas sociedades. Se unen y dan origen a la “Unione Italiana XX de Settembre”, en el edificio de Castelli 854 el cual continúan exhibiendo su arquitectura italianizante de fines del siglo XIX con un amplio salón y fachada particular que se conserva con algunas alteraciones siendo para la ciudad, el edificio céntrico mejor preservado de su época.
Es entonces particularmente notable recordar a quien fuera en primer presidente del Consejo Directivo de la naciente sociedad.
Se trata de Don Giacomo(o Santiago) Filippone quien estuvo al frente de la entidad un año y volvió a serlo en la década del 20. Don Santiago recordó años después, el origen de la fusión de las dos sociedades que reunían a inmigrantes italianos. Según explicó esa unión fue el fruto de deponer rivalidades para trabajar unidos con fines mutualistas y cooperativistas.
El primer Consejo Directivo que presidía, inició la tarea de reorganizarse con los escasos recursos económicos que tenían realizando kermeses, tómbolas, bailes, rifas, y funciones teatrales en la que participaron con gran éxito del grupo Annimasso representado óperas como Tosca de Giácomo Puccini, Rigoletto de Giuseppe Verdi , entre otras, a teatro lleno. Los buenos resultados de estas acciones para consolidar un capital permitieron crecer como entidad. recordemos que en 1928, se inaugura el Teatro Coliseo y la nueva sede de la entidad en la calle 19 de Marzo e Independencia.
Volviendo a don Santiago Filiponne, muchos recordarán que en esa misma esquina, frente al nuevo teatro, tenía una importante librería, juguetería y cigarrería, punto de encuentro de estudiantes para comprar sus útiles escolares, elegir sus juguetes para que le regalen, o para que elegantes señores compren los cigarros que estaban acomodados en las estanterías a los que se accedía abriendo una poderosa tapa de vidrio de donde se podía aspirar un intenso olor a tabaco.
Era un lugar único, cuya presencia comercial perduró muchos años después de la muerte de Filippone en la esquina de Independencia y 19 de Marzo. Hoy se mantiene como testigo de aquellos años, la fachada de la planta alta del edificio.










