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“Acompañar para que otra vida esté en el mundo es un acto de amor”

Cada 31 de Agosto se celebra el Día de la Obstetricia y la Embarazada, en honor al día de la muerte de San Ramón Nonato, quien fue extraído del vientre de su madre, fallecida el día anterior. LA VOZ dialogó con Maite Jahnig, una licenciada Obstétrica con 35 años de trayectoria y que se desempeña en la Clínica Delta de Campana, el Hospital “San José” de Capilla, en las salitas de Villa Angus y FONAVI y en el Hospital Zonal “Virgen del Carmen”.
A Maite le gusta que le digan “partera” más allá de que su título diga Licenciada en Obstetricia, una función determinante a la hora de la llegada de una nueva vida al mundo. Entre risas cuenta que pasó más tiempo de su vida siendo partera, que no siéndolo, y que su profesión la tuvo “porque dios y yo quisimos”.
Cuando Maite comenzó a estudiar Medicina, durante el último tramo de la dictadura militar, los ingresos a las universidades se realizaban en función de las mejores calificaciones y a partir de un cupo de vacantes disponible. “Yo fui aprobada no ingresante, pero en la Universidad Nacional de La Plata tenía la posibilidad de entrar en otra carrera que hubiera cupo habiendo rendido las mismas materias. Entré a la licenciatura en Obstetricia y en el primer año me enamoré, me encantó. Lo que más me gustó fue trabajar con mujeres, que fueran mis pares y que no trabajara con personas enfermas”, cuenta.
A medida que fue transcurriendo los años de facultad, su vínculo con la profesión se fue fortaleciendo. Hoy se desempeña tanto en el ámbito público como en el privado; de su tarea en el Hospital sostiene que le gusta la adrenalina del parto o hacer guardia, mientras que el trabajo en las salitas se orienta a la Atención Primaria de la Salud con una deriva más social.
La obstetrica se encarga de acompañar y asistir a la mujer durante su embarazo, parto y puerperio, con una contención integral que incluye aspectos psicológicos y sociales de un período tan particular como es la maternidad
“Dar vida es sublime”, dice Maite para resumir su trabajo, el cual la hace sentirse parte de la vida de la persona gestante y del recién nacido.
“El parto más importante de mi vida fue el mío, cuando yo parí. Me hizo sentir lo que mis pacientes sienten. No sé si me cambió, pero fue un hito poder estar de ese lado. Las primeras experiencias y los riesgos me marcaron más”, detalla y cuenta la gratificación que siente al poder detectar una patología y actuar para salvar una vida. “A veces la paciente ni se entera que una le salvó la vida a ella o al hijo. Es un hilo muy delgado sentirse rey o lacayo, sentirse dueño de la vida de esa mujer o de ese bebé y también ser un instrumento, porque uno actúa como aprendió, entonces pasa a ser como un servicio”, agrega.
Uno de los aspectos más importantes en su labor, tiene que ver con construir confianza y fortalecer el vínculo entre su rol de profesional y la persona gestante.
“Lo primero es la empatía, ponerse a la par de ella y demostrar que si necesita, una está”, señala y, respecto de su mirada sobre el acto del nacimiento, expresa: “Acompañar a que otra vida pueda ser en este mundo, es un acto de continuidad, de preservación de la especie, pero por sobre todas las cosas es un acto de amor. Es dar una nueva libertad, de que alguien pueda nacer, desarrollarse por sí mismo”.
Aún con una amplia trayectoria como partera, Maite confiesa que se sigue emocionando en cada parto y recuerda una vez en la que había estado trabajando toda la noche con una paciente y a las 8 de la mañana se terminaba su turno en la guardia. A pesar de haber cumplido el horario, y viendo que la paciente estaba a punto de parir, decidió permanecer junto a la parturienta para brindarle su compañía en esos minutos finales del embarazo y durante el parto.
Entre los desafíos que observa para la profesión de cara al futuro, puntualiza: “Tenemos todo el tema de la integración del ser gestante, de la diversidad. Ya no hablamos más de la mujer embarazada, sino de la persona gestante. El desafío es adecuarnos a estos cambios y seguir tratándonos como iguales. Hace algunos años ya hay una movida del parte respetado, pero eso para mi nunca fue un escollo. En el hospital si quieren dar a luz en cuclillas, en la cama en vez de la camilla, todo eso lo practicamos”. Y concluyó: “Las que quieran estudiar obstetricia denle para adelante, la vida gana. Les mando un saludo a mis colegas y vamos por más”.