Por Sergio Daniel Robles
El 1° de septiembre se cumplen treinta años de la inauguración de lo que actualmente es el Museo y Archivo Histórico Municipal de Zárate “Quinta Jovita”. El tiempo transcurrido y la relación personal que me vincula a él son motivo suficientes para realizar un balance, aunque breve, sobre la importancia que asumen estos espacios culturales dentro de una comunidad.
Como herencia del pasado, el patrimonio cultural remite a la identidad de un colectivo social mediante la preservación de aquellos trazos sobrevivientes de otros tiempos. Los museos y archivos históricos se erigen, entonces, en lugares privilegiados donde se conservan fragmentos de ese pasado mediante su registro, organización, conservación y exhibición. A través de esa tarea continua y silenciosa -por cierto, no siempre debidamente estimada y visibilizada- que permite la transmisión de experiencias y conocimientos entre las generaciones, se contribuye a conformar un sentido de pertenencia colectiva y al mantenimiento de la cohesión social.
Museos y archivos no son simples depósitos o lugares de exposición, son espacios democratizadores y participativos de la sociedad y, como instituciones complejas, es necesario que posean una estructura que permita cubrir las funciones básicas que realizan, de investigación, conservación del patrimonio, exposición, educación, difusión e investigación. En ese sentido, su papel como agentes de cambio y desarrollo de la sociedad está dado en razón de servir de base para crear nuevos conocimientos y contribuir a desarrollar el pensamiento crítico del público.
En su rol social activo en la custodia y cuidado de esa riqueza patrimonial, material e inmaterial, el Museo y Archivo Histórico Municipal Quinta Jovita ha alcanzado, en sus tres décadas de vida, una relevancia que es necesario señalar cuando se considera su valor como institución dedicada a sensibilizar a la comunidad promoviendo la identidad mediante el conocimiento de su pasado. La muestra de sus salas con su guión permanente, la diversidad de temas abordados en sus exposiciones temporarias, las visitas guiadas a escolares y público en general, los cursos dictados, las investigaciones promovidas, las publicaciones y las variadas actividades que se han desarrollado -contando siempre con la inestimable colaboración de su Asociación de Amigos- dan sobrada cuenta de la tarea desarrollada hasta aquí.
Por su parte, la sección Archivo Histórico -cuyo crecimiento ha sido tan notable que dificulta las posibilidades físicas de incorporar nuevo material de guarda- es otra de las herramientas fundamentales que hacen posible el conocimiento de nuestro pasado local, notablemente rico para el abordaje de la investigación desde múltiples perspectivas y temas. Su acervo cuenta, entre otros, con documentos oficiales de los tiempos de Rosas, libros de actas de la Corporación Municipal desde 1871, una hemeroteca con diarios y revistas del siglo XX, y una colección de fotografías que llega a los siete mil registros, siendo motivo de frecuentes consultas por investigadores locales y nacionales, e incluso, de requerimiento judicial, ante causas de diversa índole. Todo ello hace de esta institución un lugar cultural que se distingue no solo como custodio del pasado sino, también, para transitar un presente que se interrogue en la construcción de un futuro que sea promisorio.
A treinta años de su creación, el Museo y Archivo Histórico prosigue su tarea, a través del renovado compromiso con la comunidad y con las nuevas generaciones que lo heredarán.










