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Día del Maestro: Enseñar y contener en tiempos de pandemia

Eduvina Pérez Flores, María de los Angeles Estrada (directora de la EP13) y Gabriela Vargas.

En poco menos de dos años, los docentes se transformaron en grandes estrategas pedagógicos para adaptar los contenidos básicos a un nuevo esquema social que impuso la pandemia. Agudizaron su sensibilidad para identificar los problemas sociales y emocionales de cada uno de sus alumnos y alumnas a través de la pantalla, o pudieron ver más allá de la no respuesta de alguien que dejó de conectarse para tener un trato especial con esa familia.
El objetivo siempre fue mantener motivado al alumnado y evitar la deserción escolar aunque las escuelas, más que nunca, se transformaron en espacios de contención social y emocional; una tarea que no es desconocida en lo institucional pero que adquirió otras características al no contar con la sociabilización entre los propios alumnos y alumnas.
Las políticas de escritorio siempre han sonado lindas en boca de funcionarios públicos, pero detrás de cada iniciativa hay docentes que le han puesto el cuerpo y que se preocupan por fortalecer el vínculo escuela- familia desde muchos sectores. Puertas adentro de cada establecimiento, los y las docentes profundizaron el grupo humano, el grupo de trabajo y hasta renovaron ambientes de sus hogares para transformarlos en aulas domésticas desde las cuales compartían contenidos y se vincularon con el alumnado.
DOCENTES PRESENTES
Natalia Balugano es una docente que se inició en la profesión hace diez años, hoy es docente de la Primaria 6 y la 29. Y cuando le preguntan qué la motivó a transitar el camino de la docencia no duda en asegurar que fue curiosidad y el “desafío de aprender primero para luego enseñar. En verdad, la tomo como una profesión en la cual se aprende a escuchar al otro, porque somos las personas que somos gracias al otro, y en este sentido la palabra tiene mucha importancia. Por ello debemos respetarla y saber escucharla. Cada palabra puede llegar a ser transformadora, tanto en el aula como en una sociedad. Por eso es tan valiosa y debemos honrarla todos los días”, reflexionó la docente de 5to Año de la Primaria de Villa Fox.
Por su parte, el camino de Eduvina Pérez Flores sí que habla de resilencia, una palabra de moda en tiempos de pandemia pero que en el caso de ella, sobran las definiciones. Eduvina comenzó su carrera en la docencia de grande, con hijos mayores; se egresó en el 2019 y sólo tuvo dos semanas de presencialidad en su suplencia en la Primaria 13 de Escalada a principios del 2020. Había soñado toda su vida con estar al frente de un aula, compartiendo con sus alumnos pero sobrevino la pandemia y se pasó a la modalidad de la virtualidad.
Pudo adaptarse a dar clases todo el 2020 al cuarto año de la escuela y ha tenido la posibilidad de continuar durante este 2021 con quinto, acompañando a los chicos que tuvo el año pasado. “Si bien en el profesorado vemos herramientas pedagógicas digitales, otra cosa diferente es encontrarse utilizando estas herramientas en un contexto de virtualidad pandemia mediante. Aparte, cada clase tiene un tiempo estipulado de 40 minutos y debíamos reorganizar los contenidos en ese espacio. Pero lo pudimos hacer en esta escuela gracias al trabajo institución- familia, en el cual siempre privilegiamos el aprendizaje de los alumnos y alumnas”, comentó la docente de Escalada.
Su compañera, Gabriela Vargas, está terminando el camino de la docencia, a punto de jubilarse y luego de iniciarse en esta profesión a los 19 años.
Hija de docente, también estudió docencia de Nivel Inicial, pero aún con las herramientas pedagógicas adquiridas en su formación y sus años de experiencia, comparte con Evelina una premisa clave para ejercer el rol de docente, “uno aprende de los alumnos”.
“Uno aprende cotidianamente del alumnado, y fundamentalmente hay que `dejarlos ser’, ya que si bien como docentes transmitimos valores, simplemente hay que dejarlos ser. Y saber que en la interacción educativa cotidiana en el aula, los chicos comparten sus conocimientos previos con el docente y así se enrique la relación y se profundiza la enseñanza”, opinó Gabriela Vargas. “Uno interactúa a través del aprendizaje pero descubre muchas cosas, ya que detrás de cada persona hay historias y una familia. Por eso debemos tener la sensibilidad para escucharlos y, al mismo tiempo, continuar dando clases compartiendo los contenidos educativos”, evaluó la docente de 4to. Año de la Primaria 13 de Escalada.
LA VIRTUALIDAD EN PANDEMIA
Al comienzo de la pandemia, la gran mayoría de los docentes se preparó y se organizó para volver a la presencialidad; no solamente porque los decretos presidenciales hablaban de una cuarentena quincenal que finalmente se fueron dilatando, sino porque ese fue el mensaje; estar preparados para volver a la presencialidad en cualquier momento.
“Una vez que vimos que la virtualidad era el camino, nos hicimos las preguntas básicas a la hora de plantear una continuidad pedagógica; para qué, el cómo y el por qué. Hoy podemos decir, luego de un año y medio, que la virtualidad llegó para quedarse y será un desafío ver de qué manera vamos sacando cosas positivas de tal situación de enseñanza. No obstante, debimos adaptarnos a esta nueva rutina escolar teniendo en cuenta que no todos los alumnos tenían las mismas posibilidades de conectarse, pero hubo algo fundamental que toda la comunidad educativa consensuó, la escuela no podía quedar cerrada, y la escuela nunca estuvo cerrada, siempre estuvo abierta para el alumnado, desde lo pedagógico hasta para la contención social”, aseguró Natalia Balugano, maestra de la Escuela 6.
“Claro que en cuanto a lo pedagógico se debieron reconfigurar contenidos para que sean motivadores, que se transformen en propuestas disparadoras de otros temas y así continuar dando los contenidos prioritarios para cada año”, reconoció la docente.
Por su parte, Eduvina Perez Flores destacó que el alumnado se adaptó “muy bien al uso de la tecnología. Lo virtual fue exitoso porque pudimos utilizar esa herramienta para seguir dando clases y las familias también ayudaron mucho para mantener conectados a sus hijos mediante celulares y así tener clases todos los días con ida y vuelta permanente”.
Su compañera, Gabriela Vargas, admitió que tener que adaptarse a nuevas herramientas digitales las fortaleció como profesionales. “Trabajamos con emails, whatsapp y google meet. Aparte aprendimos a producir y editar videos que terminaron siendo claves para el aprendizaje, porque en los videos explicamos los contenidos y las actividades propuestas para que los padres de los alumnos, al llegar de sus respectivos trabajos, puedan entender la lección del día y compartir los deberes con sus hijos”.
Las tres docentes, en este sentido, reconocieron que hubo días agotadores y que en la virtualidad terminaron trabajando mucho más que en el aula, pero que “había que hacerlo pensando en los chicos”, remarcó Gabriela Vargas, docente de Escalada.
CASAS EN AULAS
Pero las docentes también tienen una vida, una familia, una vivienda que sostener y tiempo libre que disfrutar. No obstante, durante la pandemia debieron transformar piezas y rincones de sus viviendas en improvisados sets de filmación para la producción de videos. “Tuvimos que adaptar nuestra organización familiar al dictado de las clases. Cambiamos la tiza, el pizarrón, el espacio físico del aula, los aromas típicos de los pasillos, el sonido de la campana, y el ruido ambiente de decenas de alumnos en los recreos por el silencio de una vivienda; silencio que pedíamos encarecidamente a nuestras familias para grabar un video o para planificar actividades. Readaptamos horarios, aprendimos el uso de herramientas digitales y transformamos ambientes de nuestras casas en aulas”, explicó Natalia Balugano. “Claro que no fue fácil para los docentes porque convivíamos con nuestras familias en nuestros ámbitos de trabajo, pero lo importante era decir presente para los alumnos. Y lo hicimos, sin pensarlo o sin quejarnos. Aparte tuvimos un gran apoyo de nuestros colegas, de los directivos y de nuestras familias para todo este movimiento nuevo e inédito para la población ya que la pandemia nos atravesó a todos por igual”, precisó Balugano.
En tanto, Gabriela Vargas reveló que debió pedir ayuda a su hijo; “nuestras familias nos apoyaron y se comprometieron con nuestro rol de docentes, y siempre estuvieron presentes para ayudarnos en la confección de los videos y en la edición de su contenido porque para docentes de tantos años de profesión como yo, la virtualidad significó encontrarnos con un mundo nuevo en cuanto a google meet y otras plataformas”, reconoció la docente de Villa Fox.

“Aprender es hacer soñar a los alumnos”

Cada una, a su manera y en función de sus experiencias, dejaron un mensaje para los aspirantes a la docencia que buscan abrazar esta profesión; “a las docentes que recién se inician les puedo asegurar que este camino nunca termina, y que los obstáculos que encontremos tornan al camino aún más interesante. Con pasión todo es posible de lograr y una vez que estemos en el aula, recordar que aprender es también hacer soñar a nuestros alumnos y alumnas. Aparte es un compromiso muy grande y siempre los docentes vamos a estar presentes, más aún en situaciones excepcionales como lo es una pandemia”, manifestó Natalia Balugano.
“No me arrepiento de haber elegido esta profesión, de haber estudiado de grande y no me quejó de que cuando pensé que había llegado, y que estar al frente de un grado, haya venido esta pandemia y que pasemos de dar clases presenciales a darlas mediante un teléfono. La verdad es que me llena el alma esta profesión y no la hubiera podido transitar sin el apoyo de mi familia ya que la única forma de vivirlo es de manera plena. Por eso pido que se animen, que estudien y que abracen a esta profesión”, dijo Evudina Pérez Flores.
Su compañera de escuela, Gabriela Vargas, concluyó; “no hay mayor placer de que alguien te cruce luego de muchos años y te recuerde que fue tu alumna o que es hija de un alumno. También les puedo decir que no se cierren al individualismo, que se apoyen en sus compañeras de escuela, en sus directivos y que siempre estén dispuestos, y abiertos, a aprender cada día, dado que si no estamos dispuestos a aprender no podremos inculcarles a nuestros alumnos ese placer por aprender”.
Las tres docentes entrevistadas se concentraron en escuchar, contener y acompañar al alumnado y resignificaron “la palabra” para convertirla en un abrazo. Además tuvieron tiempo de repensar, todos los días, ese frágil equilibrio entre las técnicas pedagógicas, la empatía y la sensibilidad social para continuar brindando clases aprovechando la tecnología en más de un año y medio de pandemia.