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  • Siguen los reclamos por las veredas en mal estado

    28/1/2022

    Caminar por la ciudad se torna cada vez más dificultoso para personas mayores con movilidad reducida y para personas en sillas de ruedas o con algún tipo de discapacidad motora. Como en algún momento las definieron docentes y alumnos de la comunidad educativa de la Escuela Especial 502, se trata de verdaderas “barreras arquitectónicas”.
    Como también lo son la falta de accesibilidad en el palacio municipal para personas con capacidades motoras reducidas ante la falta de ascensor y lo propio en el Concejo Deliberante.
    En ambos sitios se comenzó a construir un ascensor pero hace más de dos años que no se terminan ambas obras.
    Este medio ha realizado diferentes publicaciones en las que se puso de manifiesto las dificultades de personas con discapacidades motrices, en sillas de ruedas y adultos mayores para sortear estas “barreras arquitectónicas”; falta de rampas, diferentes obstáculos como vehículos estacionados en entradas de garajes, obras de construcción sin senderos seguros o la presencia de volquetes, son algunas de las trabas a la circulación que ofrece el paisaje del centro de la ciudad y su periferia.
    O también raíces de árboles que dificultan el paso por veredas con sus baldosones levantados.
    La responsabilidad de las veredas es de cada frentista, pero existe otro factor tiene que ver con el nulo control de las autoridades para instar a los frentistas a que garanticen el paso por las mismas o, en caso más evidentes, con reclamar a propietarios que corten el pasto y mantengan terrenos baldíos en diferentes sectores de la ciudad.
    A esta lamentable postal se le suma la gran cantidad de pérdidas de agua sobre la calle o las pérdidas en las mismas veredas.
    Otra situación que se observa a menudo es el estacionamiento indebido de automóviles en las entradas de los garajes, sin registrar que un cochecito de bebé o una silla de rueda no puede pasar por la vereda y debe bajar a la calle para transitar por la vereda.
    Las situaciones son tan variadas como lamentables que se observan en una ciudad sin controles ni consciencia sobre el registro del otro. Hoy en día la solidaridad y el respeto por el otro pasa por usar barbijo, en el marco de la pandemia, pero hay infinidad de situaciones más chicas, micro situaciones, que dan la pauta de cómo se compone el gen de la ciudadanía de Zárate, donde cada roce de tránsito termina en pelea callejera y cada situación en la que se podría pensar en el vecino termina reduciéndose a la expresión, “que el otro se arregle”. Y un ejemplo de esto son las veredas y los terrenos baldíos sin mantenimiento. En cuanto al rol municipal, la desidia es alimentada por la burocracia y cada reclamo vecinal al respecto puede naufragar en muchas oficinas municipales sin respuesta.

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