
La Voz Argentina no inventó la pólvora. El género del talent show pisó fuerte en nuestro país casi desde el inicio mismo de las transmisiones de la televisión, allá por 1951. Incluso la radio, en sus ampulosos estudios con mármoles en las paredes, dio cobijo a desconocidos para que tuvieran la oportunidad de demostrar sus habilidades artísticas. Sin embargo, hubo un ciclo que podría considerarse fundacional, el que instauró definitivamente a las competencias de canto de aficionados frente a las cámaras. Ese programa fue “Si lo sabe, cante” y su creador el recordado locutor Roberto Galán, uno de los animadores más populares.
El programa nació en 1968, aunque había tenido algunos prólogos que fueron sembrando el terreno. Uno de ellos fue Remates musicales, el ciclo donde participaban cantantes, algunos consagrados y otros no tanto, que salía al aire por Canal 9.
Cinco años después, pero por la señal de Canal 7, Galán presentó una de sus más exitosas y populares creaciones: “Si lo sabe, cante”. La idea nació con buena estrella logrando niveles de audiencia que podían superar los 30 puntos de rating, en tiempos donde solo había cuatro canales de televisión abierta que emitían en blanco y negro y el cable estaba lejos de existir.
Así como Talento Argentino, Operación Triunfo y La Voz Argentina son formatos que recorren el mundo buscando desconocidos con dotes artísticas, en nuestro país no sólo Galán impulsó la modalidad, también Roberto Pettinato alguna vez animó “Mirá quien canta” y Sergio Velazco Ferrero hizo lo propio con “Venga a bailar”, aquel concurso de danza popular sin eruditos con técnica.
“Si lo sabe, cante” fue un fenómeno popular, sin sofisticaciones ni mayores pretensiones que la de ser un entretenimiento que validaba por un rato y ubicaba en escalafón de notoriedad a personas generalmente postergadas a lugares de menor trascendencia. Los participantes, en su mayoría, no tenían aspiraciones de profesionalizar su hobby por el canto. Para buena parte de los concursantes sólo se trataba de un entretenimiento, que les permitía los cinco minutos de fama barrial.
Roberto Galán, siempre vestido con traje y corbata y ostentosos pañuelos en el bolsillo del saco, peinado con jopo y bigotes prominentes, era un anfitrión cálido que no le esquivaba el bulto al humor. Presentaba a los participantes, quienes llegaban al centro del set acompañados por algunas de las famosas secretarias del programa. Para aflojar los nervios de rigor ante la inusual situación, el conductor indagaba sobre la vida del invitado, hasta que, finalmente, llegaba el momento de cantar.
Lo que menos importaba era si un concursante cantaba bien. Una vez elegido el plantel de aspirantes, cada aficionado debía decir qué tema había elegido entonar para que la orquesta, que tocaba en vivo y estaba dirigida por el maestro Carlos Marzán, pudiese estar prevenida. Cuando el participante arrancaba con los primeros versos, la orquesta acompañaba en la tonalidad correspondiente sin ensayo previo.
Sobre el final del programa, era el público quien, con sus aplausos, decidía quién era el participante ganador. Toda una dinámica plural y democrática. Los galardones iban desde vouchers para cenar en alguna cantina, una medalla y hasta una jaula con un canario, acaso el premio más famoso y original del programa. Galán contaba con la colaboración de un grupo de secretarias que se hicieron muy famosas en su momento. Generalmente vestidas con minifaldas, todas con una enorme simpatía. Eran Dorita Delgado, Gladys Mancini y Jorgelina Aranda.
En una segunda etapa de los años 60, el ciclo incluyó una variante: se orientó a convocar a cantar a estudiantes secundarios, lo que cambió el público que fue entonces las barras de alumnos que alentaban a los compañeros que competían.
Fue en ese período que fueron a participar estudiantes zarateños. En una oportunidad los hicieron representando a 6to. año de Electricidad del Colegio Industrial, los jóvenes José Enrique Silva, Horacio Rota y Juan Manuel Rocha quienes se presentaron cantando “Gurisito costero”. En otra ocasión estuvo en el programa Graciela Olguín representando al Magisterio del Nacional (ver página 29), y en otro programa se presentó Patricia Expósito en representación de su promoción del Colegio Sagrada Familia.









