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En los bajos del Mirador de la Cruz, un lugar con historia y futuro

Parque de la Cruz y su mirador.

A un costado de la calle Maipú, al 900, se encuentra un punto panorámico de la ciudad hacia el río que es conocido como el “Mirador de la Cruz”. El lugar, además de brindar hermosas visuales sobre los bajíos ribereños posee, a mi entender, una gran significación, tanto histórica como eco-ambiental que es indispensable mantener y proteger para nosotros y las generaciones futuras.
Configura el límite sur de ese espacio, un cañadón que se extiende serpentiante hasta el río. Se trata de un pequeño curso de agua que supo tener su origen en la desaparecida “Laguna de los Patos”, en proximidad donde actualmente funciona la Escuela Técnica N° 1 (ex Colegio Industrial). Las aguas de la laguna desagotaban su contenido a través de aquel cañadón que seguía su curso a lo largo de la calle Estrada, hasta caer en forma de cascada a la altura de su intersección con la calle Maipú. Desde allí, continuaba su rumbo en los terrenos bajos hasta su desembocadura en el Paraná de las Palmas. Hace ya muchas décadas que su trayecto urbano se encuentra entubado para aflorar a la altura de las calles citadas. Hasta la primera mitad del siglo XX, este “arroyuelo” fue conocido popularmente con el nombre de “Zanjería” y, en el presente, con el de “Zanjón de la Estrada”.
Hacia el norte de dicha cañada, en los terrenos sobre barranca, existe una parquización cuidada, y hacia el extremo nordeste de la misma, se levanta una cruz emplazada sobre un basamento circundado por cadenas. Es propiamente el “Mirador”. De niño solía jugar por allí, bajando y trepando, una y otra vez, las arcillosas laderas de la barranca; durante la primavera, junto con otros niños del barrio y nuestros padres, remontábamos los barriletes que habíamos construidos.
En tanto, la cruz levantada allí, que da el nombre al lugar, atrae la curiosidad y ha dado origen a la difusión de versiones sobre su origen. Parar algunos, fue un enterramiento indígena, mientras que para otros, el único resto sobreviviente del primer cementerio que tuvo el pueblo. No es así. La confusión, quizás, proviene como consecuencia de que la primera necrópolis de Zárate estuvo levantada en un lugar cercano, pero no allí.
En verdad, la historia arranca en el año 1887, cuando los padres redentoristas Santiago Barthes y Federico Grote, realizaron, allí, parte de su visita misional, celebrando bautismos al borde de la barranca. Asimismo, para recordar a las víctimas de la epidemia de fiebre amarilla que había asolado a la población local durante ese año, se decidió levantar una cruz, construida en madera y luego reemplazada por otra de metal, que es la actual. Desde aquel tiempo existe la cruz que domina el escenario, al que se agregó una celebración anual, hace mucho tiempo, perdida. Todos los años y durante décadas los 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Cruz, las personas devotas venían en procesión hasta el lugar, donde depositaban ofrendas florales. Teniendo en cuenta estos antecedentes, el Concejo Deliberante sancionó la ordenanza 3486, del año 2004, declarando al sitio de referencia histórica.
En cuanto a las tierras que ocupan la parte inferior de barranca, los bajos del mirador, son una zona de bañado, y en ellas, sesenta tres hectáreas que pertenecen a la Armada Argentina, se encuentran colonizadas por una rica variedad de especies vegetales y animales, que confieren a dicho espacio de una singularidad y de un valor ambiental que es indispensable conservar y proteger.
Así lo entendieron un grupo de vecinos entusiastas que constituido en una asociación de amigos de la Reserva Natural Urbana, en 2014, presentó un proyecto que fue aprobado por el Concejo Deliberante bajo la ordenanza 4365 del 16 de septiembre de 2015. Por este disposición se estableció la Reserva Natural Urbana de la ciudad, es decir, un área natural inserta en la traza urbana que alberga muestras de ecosistemas nativos representativos de la zona que deben ser objeto de protección especial. Allí se encuentran ceibales, pajonales de totoras y juncos que sirven de refugio a gran cantidad de aves migratorias. Asimismo, su valor como humedal, permite mitigar las inundaciones y las emisiones de CO2 de la ciudad.
Además de este valor ambiental, la zona cuenta con un hito del pasado. Próximo al cañadón y al pie de la barranca, en 1872, se estableció uno de los saladeros que funcionaron en el pueblo, como consecuencia de su prohibición en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires y sus inmediaciones. Ello fue como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla que azotó a la ciudad por aquel tiempo.
La proximidad de Zárate con Buenos Aires, su ubicación sobre el río Paraná de las Palmas, con un buen puerto natural, atrajeron a los hombres de capital que buscaban lugares adecuados para la radicación de sus industrias.
En septiembre de 1871, José María Ortega e hijos solicitaron autorización para instalar un saladero, en el partido de Zárate en terrenos linderos a los señores Asebey y Vidal. La Municipalidad de Zárate autorizó su funcionamiento el 4 de enero de 1872 y en poco tiempo se levantó el saladero “La Industria”, próximo al cañadón de la Zanjería.
Desconocemos hasta cuando funcionó dicho saladero pero lo más probable es que haya desaparecido a principios del siglo XX como consecuencia de la irrupción de la industria frigorífica.

Parque de la Cruz y su mirador.