Una importante jornada del juicio por el femicidio de Stella Maris Ramírez tuvo lugar ayer, donde los dos imputados hicieron uso de su derecho y brindaron testimonio frente al Tribunal en el marco del proceso en el que se los acusa como coautores del crimen de la joven.
Se trató de una audiencia que generó aportes para el esclarecimiento de lo ocurrido en agosto del 2019, cuando Stella Maris Ramirez, de 26 años, fue asesinada y arrojada al río Paraná de las Palmas.
Si bien no estaba previsto que los imputados declararan ante los jueces, lo cierto es que se trata de un derecho que pueden solicitar en cualquier momento del transcurso de las audiencias.
Serán los jueces Federico Martinengo, Guillermo Gueheneuff y Gustavo Pérez los que deberán evaluar hacia el final del proceso la veracidad de las palabras vertidas; pero lo cierto, es que en su declaración, el testimonio del principal acusado por el femicidio, Carlos Entivero, pareja de la víctima, sembró numerosas inconsistencias con un relato que sale por fuera de lo esperado.
El sujeto, que se encuentra detenido desde el día en que se realizó el primer allanamiento a la vivienda que compartía con Stella Maris y su hija, sostuvo que la noche en la que la joven desapareció ambos mantuvieron una discusión y que ella le apuntó con un arma de fuego. Su versión, dice que fue tal el susto de aquel acontecimiento que todos sus recuerdos a partir de allí se borraron y no pudo aportar mayores datos, excepto que a la mañana siguiente, en ausencia de su pareja, ordenó la vivienda.
Posteriormente, habría ocurrido la denuncia por averiguación de paradero en pos de instalar la versión de que la víctima había hecho abandono de hogar.
Por su parte, Amelia Itatí Lezcano, madre de Entivero, se remitió a rememorar la buena relación que mantenía con la joven y que a su llegada a Lima, luego de viajar desde la provincia de Corrientes, encontró la vivienda limpia y ordenada, a la vez que agregó que la discusión de la pareja se había producido por problemas de limpieza en la finca.
En la audiencia de ayer, también brindó su testimonio el Dr. Fabián Ramírez, instructor judicial de la UFI Nro. 7 del Departamento Judicial Zárate Campana, quien llevó a cabo distintas tareas investigativas a los fines de esclarecer el hecho.
Ramirez aportó un detalle que se presenta como un elemento clave en la causa: los rastros de sangre que fueron eliminados en el interior de la vivienda, pero que pudieron ser detectados gracias al test con Luminol ordenado por el instructor y ejecutado por el personal de Policía Científica.
Aquel procedimiento generó un aporte significativo, ya que, de hecho, luego de ese hallazgo (sumado a restos de prendas de vestir incineradas) Entivero quedó detenido sospechado de estar involucrado con la desaparición de su pareja.
El test había demostrado la presencia de manchas hemáticas en una pared contigua a una vivienda vecina, en una repisa, en la caja de la camioneta y en un lavarropas según el relato de Ramírez.
A partir de la reconstrucción de los hechos de aquel día, a los acusados se les imputa que aproximadamente entre el 2 y el 7 de agosto de 2019, en el interior de la vivienda ubicada en calle 60 número 206 de Lima, Entivero y Lezcano, actuando en coautoría criminal produjeron la muerte de Stella Maris Ramirez.
Estos aportes se presentan como relevantes dado que coinciden con la hipótesis elaborada por la fiscalía, en el marco del delito caratulado como “Homicidio doblemente agravado, por tratarse la víctima una persona con quien el autor mantenía una relación de pareja conviviente, y por ser cometido por un hombre contra una mujer mediando violencia de género (art. 80 inc. 1 y 11 del CP)”.
En ese sentido, cabe recordar que para el fiscal, según consta en el expediente, entre el 2 y el 7 de agosto de 2019, en el interior de la vivienda ubicada en calle 60 número 206 de Lima, Entivero y Lezcano, actuando en coautoría criminal produjeron la muerte de Stella Maris Ramirez.
En aquellas circunstancias y mediando un contexto de violencia de género, Entivero le profirió gritos y propinó golpes a su víctima, empujándola contra la pared medianera y efectuándole golpes en otras partes del cuerpo.
En esos días, mientras Stella Maris aún se encontraba viva, arribó a la vivienda Amelia Itatí Lezcano quien, conjuntamente con Entivero custodiaron a la víctima a fin de impedir que terceras personas le pudieran prestar auxilio con el objeto de lograr su muerte, para luego trasladarla fuera de la casa procediendo a limpiar los rastros que dejó el suceso, a los fines de deshacerse de pruebas como el teléfono celular, prendas de la joven, así como también lavaron sus propias vestimentas, las cuales tenían rastros de la víctima.








