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  • La bajante del río Paraná es la más larga de la historia

    18/8/2022

    La bajante tuvo su inicio en marzo del 2020 y desde junio el río continúa descendiendo los puertos de la provincia de Entre Ríos. Para registrar una situación peor, hay que remontarse a 1944 cuando el río marcó 1,40 metros frente a la ciudad de Paraná
    El río Paraná continúa descendiendo su altura en varios puertos de Entre Ríos desde mediados de junio, se mantiene muy por debajo de sus niveles normales y de los límites de aguas bajas desde principios del 2020, y el Instituto Nacional del Agua (INA) aseguró que esa situación permanecerá al menos hasta el último bimestre del 2022.
    La bajante histórica tuvo su inicio en marzo del 2020, un año más tarde recuperó una tendencia alcista sin alcanzar su normalidad, volvió a caer a fines del 2021, y provocó notorios cambios en la vida ambiental, económica, productiva y social entrerriana. De características extraordinarias por su «magnitud y persistencia», la bajante fue calificada como el estiaje «más largo de la historia» (desde 1884) y «seguirá siendo motivo de especial monitoreo» advirtió el INA.
    Si bien podrían registrarse lapsos con una recuperación «acotada y efímera», hasta al menos el 31 de octubre del 2022 no se espera un «rápido retorno a la normalidad, con probabilidad de extenderse durante el último bimestre del año».
    Para registrar una situación peor a esta bajante, hay que remontarse a 1944 cuando el río marcó 1,40 metros por debajo del nivel frente a la ciudad de Paraná al igual que en Diamante (-1,38), Victoria (-41) y en La Paz (-1,11).
    En la capital provincial, el río se mantiene con una altura de 86 centímetros, lejos de su nivel de aguas bajas (2,30 metros) pero 1,81 metros menos de su altura promedio para agosto (2,67 metros).
    Por otro lado, en Victoria, el río Paraná se encuentra con 1,70 metros de altura y en la misma situación que el resto de Entre Ríos: por debajo de aguas bajas (2,60) y de sus 3,59 registrados como promedio este mes.
    Asimismo, las escasas lluvias en el delta del Paraná mantienen las condiciones de sequía en esa región, con un caudal del río cercano a los 10.100 metros cúbicos por segundo, y continuará con niveles fluviales «muy bajos y muy por debajo de los niveles normales».
    La bajante afectó la fauna íctica al dejar seco el valle de inundación (donde los peces se refugian, alimentan, reproducen y crecen); produjo inconvenientes en el riego de cultivos y complicó las producciones industriales que necesitan captar agua. También acrecentó los problemas de incendios en las islas y los de contaminación del agua, ya que se redujo la capacidad del río de dilución de los afluentes crudos o industriales.
    El secretario de Agricultura y Ganadería de Entre Ríos, Lucio Amavet, afirmó que la bajante «impactó fuertemente en acopiadores, fileteadores, transportistas y más de 3.000 familias de pescadores».
    Las barcazas comerciales «tuvieron que adecuarse a transportar mucha menor cantidad», lo que ralentizó la navegación y «ha encarecido enormemente el transporte fluvial», agregó.
    «Es una situación histórica particular que nos enfrentó a una situación compleja desde lo ambiental que seguirá hasta 2025, se puso en crisis la producción, tuvimos serios problemas con incendios y destruyendo el hábitat de la fauna», dijo la secretaria de Ambiente de Entre Ríos, Daniela García.

    Causas de la bajante

    El subgerente de Sistemas de Información y Alerta Hidrológico del INA, Juan Borús, considera que se trata de “un ciclo seco como tantos que hubo en el pasado, simplemente que fue acentuado por una condición climática que estamos viviendo desde hace unos veinte años más o menos”.
    “Desde hace 32 años estoy a cargo del seguimiento de la cuenca del Plata completo para fines de pronóstico, y veo que hubo una variabilidad climática fuertemente acentuada y la interpreto como la evidencia más clara del cambio climático”, remarcó.
    Asimismo, Borús explicó que otro factor son “los cambios que se han producido en el uso del suelo y en las prácticas agrícolas, la utilización de la cuenca ha sido muy intensa, especialmente en los últimos 20 años, y eso hace que los extremos se sientan más”.
    «Si uno considera todas las variables que entran en juego desde los últimos 140 años, es la bajante más complicada porque la cuenca ha cambiado, pero sobre todo hay un punto que ha cambiado significativamente que es la dependencia fuerte que tiene la Argentina del Río Paraná”.

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