La directora de la Primaria 10 es también directivo de la 36. Andrea Escobin, con dos realidades diferentes no claudica en su idea de formar equipos de trabajo para trabajar de la mejor manera posible en la educación de cientos de chicos.
“En octubre será un año al frente de la escuela 10 y creo que pudimos lograr un equipo de trabajo en una escuela emblemática. Ese fue el objetivo, formar un equipo de trabajo luego de la pandemia”, expresó la directora.
“Si bien este año tuvimos varios días de clases, hay muchas falencias que quedaron de la pandemia porque los chicos no tuvieron clases. Este es el segundo año de presencialidad y se está volviendo, recién, a una cierta normalidad. Y hoy vemos que la única manera de salir adelante es formando equipos de trabajo para que todos los alumnos y alumnas terminen en un nivel óptimo de aprendizaje”, destacó la directora.
LA EMPATIA COMO LA CLABE PARA COMPRENDER Y ENSEÑAR
La directora vive dos realidades diferentes en las escuelas que le toca ejercer su profesión. Una en la 36 y otra en la 10. Y coincide en que, en ambos casos, la empatía es todo. “Cuando un alumno viene mal, o sentimos que está mal, les pedimos a los docentes que trabajen con ese chico, que le pregunten qué le pasa, que lo atiendan. No es posible enseñar a alguien si no vemos la realidad familiar detrás y sus circunstancias. Porque si bien nuestra función principal es recuperar lo pedagógico, soy partidaria de charlar los conflictos. Nos interesa la educación pero también trabajar el aspecto humano. Siempre le decimos lo mismo a nuestros alumnos, que son súper valiosos para nosotras. Me encanta que aprendan y se entusiasmen con los contenidos pero, en el fondo de mi alma, me interesa que sean buenas personas. Y en todas las escuelas, pese a las realidades diferentes, el trabajo en equipo es fundamental para lograr esto. Y la única manera es apoyarnos entre todos”, remarcó la directora.
“Ningún docente es una isla; y en cuanto a la profesión, yo no sé si es cierto lo de la vocación que se debe tener, pero uno no puede estar al frente de un grado si no ama lo que hace. Aquí se trabaja con niños, con sentimientos, experiencias y circunstancias detrás de cada uno de ellos. Eso no hay que perderlo de vista. Es la profesión de las profesiones, la base de todas las otras carreras. Por eso la decisión de ser docente es clave. Cuando un nene comienza a leer se me caen las lágrimas. Y eso es parte de la vocación. Pero es sólo una parte del rol, ya que el trabajo en equipo, con toda la comunidad educativa, también es la clave para que el proceso sea disfrutable”, concluyó la directora Andrea Escobin.











