
En la batalla de la educación se jugaba la guerra por la construcción de una Nación. Las maestras sarmientinas llegadas entre 1869 y 1898 configuraron un capítulo fundamental en esa lucha que, por la época, era fácil dar la batalla perdida de antemano. En la Argentina del primer Censo nacional convocado por el presidente Sarmiento en 1869, de los 2 millones de habitantes, sólo 360.000, eran alfabetos. Educar fue el gran propósito sarmientino, revertir el anafabetismo como base de una Nación que pudiese crecer y desarrollarse con todo su potencial material y sobre todo, humano.
UN ESTUDIOSO DEL SISTEMA EDUCATIVO
El 28 de diciembre de 1848, exilado en Chile por el Gobierno de Rosas, Sarmiento partió a España con el encargo del ministro de Instrucción chileno de estudiar los sistemas educativos de distintos países europeos. Las ciudades de Europa lo decepcionaron. Pero, ya al final de su viaje descubre en Londres, los escritos del pedagogo estadounidense Horace Mann, un gran reformador de su tiempo quien había aplicado en su país las teorías pedagógicas del suizo Juan Pestalozzi. La pedagogía pestalozziana seguía el orden de la naturaleza del niño, incentivaba la exploración y la observación como método de aprendizaje e incorporaba el juego como elemento central. Eliminaba la memorización los castigos corporales, promovía la enseñanza de ambos sexos y todas las clases sociales proponía escuelas de oficio para erradicar la pobreza. pues creia que las soluciones a las contradicciones y la pobreza en la sociedad se podía enfrentar con una buena educación. Allí decide partir a EEUU y entrevistarse con Mann. Viajó desde Nueva York a Boston, conoció un EEUU próspero y alfabetizado, aunque su exaltación le impidió ver el EEUU del sur, analfabeto, esclavizado, en guerra con México del que se había apropiado de un extenso territorio.
Boston fue su fascinación. La ciudad vivía una especie de siglo de las luces, era el centro más sofisticado de EEUU con la universidad de Harvard y del foco de filósofos del Concord. Mann el gran innovador de la escuela primaria norteamericana recibió a Sarmiento en su casa y conoció la escuela Normal de Lexington. Reformador y político Mann (también pobre y autodidacta como Sarmiento) formulaba la importancia de la educación en el crecimiento económico y la necesidad de impartir conocimientos prácticos a la sociedad. Formidable credo de una sociedad capitalista en desarrollo.
Mann había logrado que el estado comprometiera el acceso a la educación de todos los niños al margen de la religión y dio a Sarmiento uno de los principales argumentos para contratar maestras al resaltar la especial habilidad femenina para instruir a los niños pequeños.
LLEGAN LAS MAESTRAS NORTEAMERICANAS
La mujer de Mann, Mary Peabody volvió a encontrarse con Sarmiento en 1865 como ministro plenipotenciario de Argentina y apoyó el proyecto pedagógico de Sarmiento.
Reclutar a las maestras no fue tarea sencilla. Si bien las condiciones acordadas por el Gobierno eran favorables: contratos por 2 o tres años, las maestras podrán abrir cursos particulares además de sus cargos en las escuelas, se crearían escuelas normales y primarias de aplicación para prácticas. Se les pagaba el viaje en barco, 600 dólares de ida y vuelta en primera clase. Los sueldos eran buenos aunque las maestras se quejaban del costo de vida mayor a EEUU con un nivel de calidad inferior y hubo conflictos con maestros argentinos que ganaban menos, y con la iglesia católica porque eran protestantes.
No emigraron 2.000 maestras como aspiraba Sarmiento pero las 61 que llegaron eran altamente capacitadas con excelente educación y formación pestalozziana. Fueron contratadas por el gobierno para trabajar en escuelas normales de Buenos aires y del interior de país. Para fundarlas, y en ocasiones para ayudar a construirlas o defenderlas cuando se convirtieron en fortines durante las guerras civiles. Muchas cumplieron los contratos de 2 ó 3 años y regresaron, otras se afincaron en Argentina. Los requisitos de Sarmiento para contratarlas fueron: que sean solteras, de aspecto atractivo, jóvenes, maestras normales, con experiencia docente.de buena familia, conducta y moral irreprochable y en lo posible entusiastas y además, que hicieran gimnasia. En términos económicos el proyecto Sarmientino fue una catástrofe, pero ¿en qué términos debía medirse?. Para la gesta de Sarmiento, la construcción de la Nación implicaba la difusión de la educación popular y de los valores de la civilización, la formación del ciudadano y su disciplina. Ese fue su gran aporte a la alfabetización de los argentinos.
Prof. Virginia De Paolo










