San Martin y Sarmiento, dos grandes hacedores de nuestro país, con sus aproximaciones y distanciamientos, pero como protagonistas de la construcción de nuestra Argentina, uno ancado en la lucha por la independencia, el otro portando el estandarte de la instrucción pública, de la inmigración, de la producción, de la unión nacional y de la República.
San Martín y Sarmiento pertenecieron a dos generaciones diferentes. Sarmiento nacía cuando San Martín ya pergeñaba su misión para la liberación sudamericana en Londres, desde donde llegará a Buenos Aires en 1812.
Se llevaban 33 años, pero se conocieron no en su Patria, sino en Francia donde el Libertador pasó sus años de exilio “voluntario” y donde Sarmiento fue uno de los argentinos privilegiados que lo visitó siendo recibido por el anciano general junto a su familia.
La primera vez que se vieron fue el 4 de setiembre de 1846 en la casa de San Martín en Grand Bourg, en las afueras de París.
Sarmiento era un joven de 35 años, periodista trasgresor, exilado político en Chile, brillante con su pluma, que ya se perfilaba como un gran escritor,-hacía poco había publicado “Facundo”- y recorría en esos momentos varios países Europa en un periplo que lo llevó también a EE.UU, estudiando modelos de sistemas educativos.
San Martín tenía 68 años, y el pelo cano, era un veterano anciano de las guerras de la independencia sudamericana, lleno de gloria personal, pero casi olvidado en su patria.
Sarmiento fue uno de los pocos argentinos que lo visitó y pudo dialogar con él dejando reflejado en cartas personales y en su libro “Viajes”, detalles de aquel día del fin del verano francés, en el que los dos hombres más eminentes de nuestra nacionalidad, conversaron animadamente con la pasión de dos argentinos preocupados por el futuro de esta Patria que buscaba su destino.
¿Cómo habrán sido aquellas conversaciones?, algunos detalles nos cuenta Sarmiento quien quedó impresionado por la estatura ética del General que había decidido expatriarse en Europa antes que participar en las luchas civiles argentinas.
Conversaron sobre las grandes batallas de liberación sudamericana, y en especial se detuvieron en el triunfo de Chacabuco, sobre el cual Sarmiento había escrito un artículo en el periódico chileno El Mercurio donde destacó las participaciones de sus coterráneos sanjuaninos, como la de su padre José Clemente.
La impresión que le causó a Sarmiento el viejo soldado se advierte en una carta que le escribe a su amigo Antonino Aberastain: Allí le dice:
“No lejos de la margen del Sena, vive olvidado don José de San Martín, el primero y el más noble de los emigrados….Me recibió el buen viejo sin reservas…Hay en el corazón de este hombre una llaga profunda que oculta a las miradas extrañas….
Ha esperado sin murmurar cerca de 30 años la justicia de aquella posteridad a quien apelaba en sus últimos momentos de la vida política. He pasado con él momentos sublimes que quedarán grabados en mi espíritu”.
Sarmiento volvió a Francia en 1847 para dictar una conferencia en París donde se refirió a los vínculos entre el Libertador y Bolivar y el renunciamiento de San Martín después de la entrevista de Guayaquil, por lo cual lo calificó como el paradigma del patriota grande y desinteresado que sacrificó ambiciones personales para culminar el ciclo de la independencia sudamericana.
Entre los asistentes a la sesión del Instituto Histórico de Francia, estaba San Martín quien con su presencia avaló las manifestaciones de Sarmiento el cual se refirió a Bolivar como un “hombre egoísta y obsesivo por un poder sin límites”.
Ya de regreso en la Argentina, Sarmiento manifestó en distintos momentos su admiración por el héroe y desde la función pública promovió su valoración de prócer de dimensión americana.
Y finalmente, cuando en 1880, llegan a Buenos Aires los restos mortales de San Martín, Sarmiento ataviado de general recibió en nombre del Ejército a quien había sido su jefe más insigne. Y subrayó con amargura, la costumbre de los argentinos de proscribir al adversario en los hechos y en la memoria colectiva.
Agregamos: San Martín, un argentino lleno de sus virtudes éticas que para los hombres de bien siguen teniendo importancia como el valor de la palabra empeñada y la idea de la misión, del plan, del proyecto a concretar, esa potencialidad admirable que algunos seres tienen y que les permite detectar con certeza que deben hacer en la vida y cumplir con ello.
San Martín y Sarmiento, dos hombres políticos, dos generaciones de argentinos, dos patriotas que vislumbraron la potencialidad de nuestra Argentina, libre, independiente y soberana.










