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Deterioro urbano y clandestinidad

Ituzaingo al 800.

Resulta fácil advertir, a simple vista, el deterioro que exhibe la Ciudad. No solamente en la periferia, donde las calles (por ejemplo la Guido Spano) parecen bombardeadas, sino en el casco céntrico.
No es únicamente responsabilidad del municipio. Quizás únicamente por omitir inspeccionar a los frentistas e intimarlos a que arreglen veredas y por falta de barredores que complementen la limpieza en cordones. Pero lo cierto es que la Ciudad luce desprolija, sucia, desatendida hasta por los propios vecinos.
A todo esto se suma la vandalización de que son objetos propiedades que por alguna razón no están ocupadas por sus dueños, u otra que, ocupadas son grafiteadas a mansalva. Pero las desocupadas son víctima de despojos ostensibles.
Quizás producto de la con urbanización de Zárate o vaya a saber por qué, otros dirán que es por la pobreza, pero pueden verse puertas forzadas, a las que le sacaron los picaportes, ventanas y persianas rotas.
En varias de ellas, tomó conocimiento este Diario, han robado canillas, bronces, instalaciones eléctricas, bronces y cualquier otro metal, inodoro, lavatorios, puertas, hojas de ventanas, etc.
Todo evidentemente, a la vista de las cámaras de seguridad, que deben apreciar carritos o vehículos recorriendo el centro en horas impropias, sin que nadie se pregunte qué hacen.
Lo mismo en el cementerio. La sustracción de placas de bronce y demás objetos de recuerdos dejados por los deudos, son sacados sin que nadie se pregunte como evitarlo.
Una colectividad con panteón en la necrópolis local viene advirtiendo del tema hace tiempo.
Mucho de lo obtenido de ese modo es reducido en forma clandestina. En lugares que vaya a saber cómo están habilitados y en los que se puede advertir carrindangos cargados con material de dudoso origen, a la espera de la descarga.
Lo obtenido quizás salve la comida del día de quien lo obtuvo, pero los daños provocados a los vecinos, a los propietarios, a los deudos, a la Ciudad, es definitivamente mayor.
A todo esto se suma el lamentable estado de veredas. La de la Escuela Nro. 4, prácticamente carece de las históricas baldosas de vainilla. Empiezan por levantarse por las raíces de los árboles y de ahí en más se destruyen como un dominó.
Nos queda por escuchar una nueva promesa, de todos los partidos, para la campaña del año próximo de que será primordial tener una Ciudad limpia y prolija.