Tres gruesas cadenas, de costa a costa en el Paraná, para cerrar el paso al invasor
Hoy, 20 de noviembre, se cumplen 179 años de la Batalla de la Vuelta de Obligado, una acción defensivas nacional. El combate tuvo un resultado negativo para las fuerza argentinas, sin embargo, producto del heroísmo con que se defendió el territorio, este día fue declarado como el Día de la Soberanía Nacional.
En 1845 el Estado nacional argentino estaba en construcción. Juan Manuel de Rosas era gobernador de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores de la entonces Confederación Argentina. La lucha interna entre unitarios y federales sobre cómo organizar el país estaba candente, sobre todo entre correntinos, entrerrianos y santafecinos.
Por otro lado, en su expansión imperialista, Gran Bretaña y Francia querían establecer relaciones comerciales directas con esas provincias sin pasar por Buenos Aires ni reconocer la autoridad de Juan Manuel de Rosas.
En marzo de 1845, cuando Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, derrota al oriental Fructuoso Rivera a quien apoyaban los unitarios y las potencias extranjeras, el triunfo federal pareció definitivo, por lo cual las grandes potencias deciden intervenir: bloquean el puerto de Buenos Aires e ingresan por el Río Paraná, violando la soberanía nacional.
Francia, Inglaterra y Buenos Aires tenían constantes conflictos diplomáticos. Las potencias presionaban a Juan Manuel de Rosas para que quitara las trabas al libre comercio y sus medidas aduaneras que protegían los productos nacionales. Obteniendo la libre navegación de los ríos, los europeos podrían recorrer sin problemas por el río Paraná y apoyar a Corrientes, provincia opositora al gobierno de Rosas. Esto permitiría que la acorralada Montevideo pudiera comerciar tanto con Paraguay como con las provincias del Litoral.
Las fuerzas invasoras buscaban ingresar por el Paraná pero las tropas nacionales, al mando del General Lucio Mansilla, se anticiparon en un estrecho recodo de ese río: la Vuelta de Obligado, en San Pedro.
En esa curva donde el río se angosta, las tropas comandadas por Mansilla, encargado de la defensa del territorio nacional, tendieron tres gruesas cadenas, de costa a costa, sostenidas sobre 24 barcazas para cerrar el paso.
El General Mansilla dividió su artillería en 4 baterías de sur a norte. La primera nombrada Restaurador Rosas, compuesta por seis cañones, al mando del Sargento Mayor de Marina Álvaro Alzogaray. La segunda fue bautizada General Brown, la componían cinco cañones y la comandaba el Teniente Eduardo Brown (hijo menor del Almirante). La tercera batería, llamada General Mansilla fue dispuesta sobre el nivel del río y contaba con tres cañones: la conducía el Teniente de Artillería Felipe Palacios. La última, denominada Manuelita, contaba con siete cañones navales y la conducía el Teniente Coronel de Marina Juan Bautista Thorne. Junto a esta batería de costa un ancla afirmaba las tres gruesas cadenas que atravesaban el río, sujetadas en la margen opuesta por el bergantín “Republicano”.
Sabiendo que era casi imposible combatir a los invasores debido a la superioridad bélica y tecnológica, la estrategia se fundó en provocarles la mayor cantidad de daños posibles en sus barcos de guerra y en los mercantes, y provocar bajas en soldados y marineros, durante el tiempo en que tardaran en cortar las cadenas.
Los agresores, creyeron que no iban a tener inconvenientes al pasar, finalmente lograron avanzar, dejando bajas en las tropas nacionales diez veces mayor. Si bien lograron cortar las cadenas, se encontraron con nuevos ataques en San Lorenzo y Tonelero, que les obligaron a vivenciar la hostilidad de la defensa nacional.
Tras la derrota en Vuelta de Obligado, la expectativa comercial para Francia y Gran Bretaña no fue lo que esperaban y regresaron sin cumplir el objetivo mercantil. Los ingleses levantaron el bloqueo en 1847, mientras que los franceses lo hicieron al año siguiente. Los tratados de paz recién se alcanzarían en 1849 y 1850.
La resistencia a la invasión extranjera logró la defensa del país en términos de fronteras y comerciales. Y el Gobierno de Juan Manuel de Rosas, fue respaldado desde el exilio por el general José de San Martín, legándole su sable corvo que lo acompañó en las luchas por la Independencia sudamericana al mismo Rosas.
El acontecimiento sirvió para ratificar y garantizar la soberanía nacional, implicó la firma de un tratado de paz entre Argentina, Francia y Gran Bretaña, y quedó grabado en la historia como un símbolo de independencia, libertad y unidad nacional.


El imperialismo: dominar el mundo
La pérdida de los imperios americanos no desanimó a las potencias europeas a tener más colonias. Su apetito de nuevas conquistas creció a un punto tal que estaban dispuestas a desencadenar guerras, de dominar mercados, territorios, islas o puntos marítimos estratégicos para el control de rutas comerciales claves. Sin embargo, se trató aquí de una nueva forma de colonialismo, uno de tipo “imperialista”, y como tal mucho más agresiva, con la finalidad de controlar territorios (y no necesariamente poblarlos) para la sustracción de los recursos naturales y bajo el pretexto, eso sí, de “civilizar” pueblos considerados “bárbaros” o “salvajes” como en África, o culturas “decadentes” como en Asia.
Fue Gran Bretaña quien dio el impulso al imperialismo empezando por el establecimiento de una “talasocracia”, que consistía no en la ocupación de vastos territorios sino en tener puntos de apoyo estratégicos como el Cabo (1814), Singapur (1819), nuestras Islas Malvinas (1835) o Hong Kong (1842), entre otros, sin contar las numerosas islas en el Atlántico sur o el océano Índico. De ahí, los comerciantes tenían acceso hacia el interior; años después, los británicos se lanzaron en la exploración del interior, y lograron así reconstituir lo que con seguridad fue el más grande imperio de la historia, controlaron territorios en los seis continentes, tan variados como la India, Australia y Canadá, sin enumerar las posesiones asiáticas y africanas.
Siguiendo el ejemplo británico, también otros estados europeos se lanzaron a la conquista de territorios. Así, Francia reconstituyó otro gran imperio colonial, del cual fueron en particular dinámicos los gobiernos de la Tercera República (1870-1940), ¿tierra de libertad, igualdad y fraternidad ?… Ellos se iniciaron con la conquista de Argel (1830), Francia extendió sus posesiones de ultramar en África, Asia y las islas del Pacífico.
Este expansionismo no se limitó a estos dos estados: otros como Alemania, Bélgica e Italia quisieron también tener un “puesto bajo el sol”. En este caso, la principal víctima de esta competencia colonial entre países europeos fue África, la cual terminó repartiéndose como una vulgar torta de cumpleaños.
En el Río de la Plata, los comandantes británico y francés habían acordado ofrecer un despliegue de fuerza para demostrar a Buenos Aires que no podía impedir que los navíos de las dos potencias navegaran río arriba cuando desearan hacerlo. En esas acciones se enmarcan los episodios de bloqueos en el Río de la Plata y la acción prepotente de violar la prohibición de la libre navegación de los ríos impuesta por el Gobierno de la Confederación Argentina.
Prof. de Historia Virginia De Paolo.










