_ ¿Y…doña Venancia, cómo la tratan esas piernas..?
_ Mal, qué digo mal, remalísimamente mal.
_ Epaa… déjeme ver… (el médico se rasca un poquito la cabeza). Mmmm…ya lo creo. Están por estallar las pobres.
_ Hay veces que no me dejan visitar siquiera a doña Venicia para conversar un poco. Y eso quevive cerca. Ella no puede andar mucho… No sé si no estápeor que yo.
_ ¿Y cuánto hace que la tienen a mal traer?
_Añares, diría… Y conel calor ni le cuento. Cada verano es un suplicio, no quisiera que llegue. Y si se ponen de acuerdo calor y humedad,¡bingo…!
Doña Venancia, doña Venicia, muchas personas sufren el dolor de las piernas. Pero no es cualquier dolor. Es una desgraciada combinación de pesadez y dolor. Dicen: “Me pesan como sifueran de plomo, de un elefante…”
Esas piernas, casi seguro, están recorridas por várices, una de las enfermedadesmás frecuentes, especialmente cuando nos echamos al hombro unos cuantos almanaques.
_ “Cuando era más joven tenía unas piernas de bailarina. Iba y venía, acarreaba baldes, amasaba tallarines, muy guapa… Y crié solita mis seis hijos… ¿Qué me cuenta? Pero… claro. Eran unos cuantosabrilesmenos y… unos cuantos kilitosmenos… eso lo reconozco….
Tiene razón, doña Venancia. El sobrepeso le suma trabajo ymás trabajo a las venas de las piernas. Fíjese que las venas, a diferencia de las arterias, estánpara transportar la sangre de abajo hacia arriba, digamos desde sus pies rumbo al corazón.Cuando engordamos, todo se complica y la circulación se encarajina… Y entonces, aparece la hinchazón o edema. La persona anda bien cuando se levanta. Tal vez, el alivio continúa durante lamañana. Pero, comolosdías son tanlargos y hace muchocalor (que dilata) las primeras horas de latarde son duras de sobrellevar y alatardecita, mejornole cuento. Ocurre que la sangre, al tener problemas para circular porlas piernas, seva quedando “arrinconada”, amontonada enlos pies, enlostobillos, en las pantorrillas… Si hundimos un poquitoeldedo en esa pierna, seguro queva a quedar un hoyito… Señal de que abajo haya cumulación de líquido. Por eso yo duermo la siesta… Sí, señor. Yo soy a la antigua… Y cuando me levanto de la siesta, muchas veces saben volverseflaquitas y así sigo tirando hasta la noche… Tenga en cuenta: “El que duerme siesta, tiene dosmañanas”¿Quémedice?
_Me parece muy bien… Un sistema simple y barato para sofocar el dolor de las piernas hasta que venga el fresco de nuevo.
_Y si el fresco no viene hay que salir a buscarlo. Yo hago así: Agarro un buen puñado de malva, la malva común, y hago un hervor. Lo dejo enfriar, lo cuelo y reservo esa agua de malva en la heladera. Cuando llega la tardecita, me siento debajo de la parrina, traigo la palangana (bien limpita) y voy empapando una toalla en esa gran infusión. Y así, con las piernas arriba de un banquito, las voy envolviendo y refrescando. Da resultado. Pruebe…
La malva la junto en invierno, porque en verano no hay. La otra que cosecho con el frío es la ortiga. Con ella hago mis buenos tés y suelto los líquidos más fácilmente.
Ustedes se preguntarán: ¿Por qué las várices? ¿Qué es lo que falla?
Hay que saber esto: Para que la sangre vuelva camino del corazón, para que pueda circular de abajo hacia arriba (parece imposible, no?), para que pueda trepar, las venas tienen en su interior unas válvulas.Una especie de puertita vaivén.
La sangre viene escalando y llega a una válvula (cada tantos centímetros hay una). El empuje de la sangre abre la puertita vaivén, pasa y la puertita se cierra inmediatamente. Tramo tras tramo, las valvulitas, trabajando todas de acuerdo, colaboran para quelasangre ascienda y siempre en una misma dirección. En este caso, hacia arriba.
Hay muchas válvulas adentro de cada vena. Si están sanas y vitales la sangre camina un violín. Pero si se van deteriorando (la herencia, la obesidad, el cigarrillo…), si se “falsean”, entonces la sangre avanza, sí, pero un poquito retrocede… Aparece la congestión… todos los tejidos de las piernas sufrirán. Y doña Venancia y doña Venicia, y Marta, Adriana, Enrique, Carlos, Mercedes dirán:
. Se me fatigan las piernas.
. Se me acalambran, se me adormecen.
. Me pesan, se me hinchan, no me entran las zapatillas.
También, se marcan las várices. Son esos nudos, una especie de rosario o de ondulaciones que quieren decir que las venas se han estirado, se han dilatado…
Como la piel de las piernas también sufre por estar mal nutrida, aparecen manchas poco simpáticas que ensombrecen el panorama.
Y sobre esa piel debilitada, frágil, puede abrirse una úlcera, un pequeño hueco, un pocito más o menos grande que tardará mucho en cerrar.
Pero el tema de la úlcera varicosa lo dejamos para el próximo encuentro con ustedes…
Dr. Roberto Zaldua.









